Mostrando entradas con la etiqueta Un año con Santa Teresa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Un año con Santa Teresa. Mostrar todas las entradas

jueves, 29 de octubre de 2015

Misionera

Lo ha dicho Mons. Blázquez, solemnemente y con una claridad extraordinaria. “Santa Teresa Patrimonio de la Humanidad”. Después de Hija de la Iglesia, es el título más grande y honroso. Un segundo título que responde al primero. Porque Santa Teresa, como cristiana era misionera y el espíritu misionero es universal: para todos y en todos los lugares y rincones del mundo.

En Camino de Perfección (Cap 1), leemos: “En este tiempo vinieron a mi noticia los daños de Francia y el estrago que habían hecho estos luteranos y cuanto iba en crecimiento esta desventurada secta. Me dio gran fatig4 y como si yo pudiera algo o fuera algo, lloraba con el Señor y le suplicaba remediase tanto mal. Me parecía que mil vidas pusiera yo para remedio de un alma de las muchas que allí se perdían”. Y en el Libro de las Fundaciones (Cap 1), cuenta una visita del fraile Alonso Maldonado, llegado de las Américas: “Me comenzó a contar de los muchos millones de almas que allí se perdían por falta de doctrina, y me hizo un sermón y plática animando a la penitencia, y se fue. Yo quedé tan lastimada de la perdición de tantas almas, que no cabía en mí. Me fui a una ermita con hartas lágrimas”.

Mons. Blázquez, en la clausura del Congreso Nacional Teresiano celebrado en Ávila, afirmaba: “no fue una santurrona, de hecho la horripilaban las beaterías, sino un gran personaje de la historia de la humanidad”. Sí, patrimonio espiritual de la Humanidad. Sus escritos de hace tantos años, son de suma actualidad. Como su vida nos enseña a vivir hoy. “Fue humilde y valiente para hablar alto y claro” dijo el Cardenal y arzobispo de Valladolid.

Y termino. Sí. Con este comentario teresiano, termino mi columna en honor a Santa Teresa de Jesús. Se concluye el V Centenario Teresiano y también finaliza mi nombramiento de secretario de la Comisión Diocesana. ¡Enhorabuena a las personas devotas de la Santa y a los lectores de sus escritos!
Me complace, muchísimo, saber que esta columna será ocupada por los PP. Dominicos, que nos contarán cosas muy interesantes de Santo Domingo en su Año Jubilar. Los Dominicos fueron grandes amigos de Santa Teresa y extraordinarios consejeros.

Germán García Ferreras

miércoles, 14 de octubre de 2015

El agua

Los palentinos, casi todos, sabemos que en la Cripta de la Catedral hay un pozo de agua potable. Casi todos los palentinos hemos bebido de esta agua, pues todos los años, tras la Misa en honor a San Antolín, día 2 de septiembre, bajamos a la cripta a beber. Primero baja el Sr. Obispo, los veinte y más sacerdotes concelebrantes, las autoridades civiles y militares y, los políticos de todos los partidos. Porque al ritual de la bebida de agua del pozo, también acuden los políticos y tratan que les vea la televisión y la prensa se entere. Y, naturalmente, bajan los fieles, y algunos llevan una botella para que el enfermo de casa o el vecino impedido, puedan beberla.

¿Qué tiene el agua del pozo de la Cripta de la Catedral? Santa Teresa escribe a su muy amigo el P. Gracián, carmelita descalzo y le dice: “el agua de Palencia es harto buena”. ¿Buena en qué y por qué?
Santa Teresa tiene una doctrina admirable sobre el agua y sobre el agua bendita. Invito a quien esto leyere, que lea los capítulos 30 y 31 del Libro de la Vida. Y el capítulo 19 del Camino de Perfección. Admirable lo que dice del agua bendita como remedio para vencer al demonio y lograr verse libre de su maldad y tentaciones, con dolores físicos y males corporales.

Afirma santa Teresa que el demonio huye de la cruz, pero vuelve al poco tiempo. Sin embargo, cuando se rocía con agua bendita, el lugar por donde se ve al demonio, rápidamente huye y no vuelve. Lo dice y escribe la Santa.

Recomienda que en las Fundaciones no debe faltar el agua bendita, para rociar la cama a la hora de acostarse. Y en el Monasterio de la Trapa, una de las ceremonias que más emoción a los fieles que acuden al rezo de Completas, es cuando el P. Abad, a la puerta del claustro, rocía con agua bendita a cada uno de los monjes, que reverentes inclinan la cabeza.

El alma, dice la Santa, es como un huerto, del que Dios arranca las malas hierbas y planta flores. Nuestra obligación es cuidar las flores con la oración, el agua para regar el huerto. Y escribe que se puede hacer de cuatro maneras: sacando agua de un pozo, con una noria, aprovechando el cauce de un riachuelo y... sobre todo, cuando llueve.

Germán García Ferreras

lunes, 28 de septiembre de 2015

La pregonera

Desde el cielo nos llega una carta firmada por Santa Teresa de Jesús... e intentaremos traducirla lo más fielmente posible. La Santa escribe al concejal del Ayuntamiento de Palencia, que es el “Concejal de Festivos” en honor a San Antolín. También los santos y nuestros familiares que están en el cielo, también se enteran de las cosas buenas que los humanos hacemos y de las que gozamos. Tal es el caso de las Fiestas que se organizan para divertirse y agradecer al santo o santa patrona, su protección.

Santa Teresa se ha enterado del mundillo de los pregoneros y pregoneras que fueron invitados a “pregonar” a San Antolín y con él honrar a Palencia. Afirma la Santa que algunos santos se enteraron que también ella fue invitada, o trataron de invitarla para ser pregonera. Yo mismo he sido testigo de estas habladurías con algunos políticos de cierta influencia.

Pero los pregoneros han sido los que han sido y de ellos hemos sabido lo que no está escrito en sus vidas, andanzas, éxitos y... la verdad es que su pregón correspondiente ha estado muy bien y se ha merecido los aplausos de los políticos y del pueblo sencillo.

¿Se pensó invitar a santa Teresa de Jesús? ¿Se lo merecía y podía hacerlo bien, tal vez mejor que a los/as que invitaron? Estamos en el V Centenario de su Nacimiento y en muchas ciudades sí que ha sido invitada La Santa para Hablar y “predicar”. Hasta su bastón recorrió más de veinte países repitiendo la frase de la Santa: “hacen falta amigos fuertes de Dios”.

Hay que afirmar, rotundamente, que Santa Teresa ha sido y sigue siendo la mejor pregonera de Palencia. Como argumento invitamos a leer el capítulo 29 del libro de sus Fundaciones, donde habla de la fundación de Palencia. Nadie ha escrito y se ha leído en todo el mundo y en muchas lenguas, esto... “más toda la gente es de la mejor masa y nobleza que yo he visto, y así cada día me alegro más de haber fundado allí”. Más aún: “es gente virtuosa la de aquel lugar, si yo la he visto en mi vida”.
¿Hay mejor pregonera? ¿No se merecía una distinción en los Pregones de las Fiestas de San Antolín estando celebrando el V Centenario de su Nacimiento?

Germán García Ferreras

martes, 8 de septiembre de 2015

El Papa


Una vez más viene el Papa a nuestra columna. Y no será la última, porque sin duda, al clausurarse este Año Jubilar, nuestro Francisco, dirigirá una Carta al Obispo de Ávila, que el Prelado hará llegar a los Obispos españoles. Una Carta más, comentando la doctrina de santa Teresa y poniéndola como modelo y maestra para todos los cristianos.

Hoy queremos reflexionar en torno a un gesto más... pues a todos nos sorprendió la noticia: “El Papa dedica su tercera medalla de pontificado a Santa Teresa de Jesús”. Así de simple y grandioso. Y nadie se lo había pedido.

Es habitual que cada aniversario de la elección de Papa, se acuñe una medalla con la efigie del Romano Pontífice. El Papa Francisco, demostrando la devoción muy singular que tiene a la Santa, ha roto la costumbre y que santa Teresa ocupe la efigie del Papa. ¿Puede haber un argumento mayor del amor del Papa a Santa Teresa? ¿Podemos inventar una publicación más solemne y eficaz en honor a la gran Doctora de la Iglesia y Reformadora del Carmelo?

Siendo este así, como es... ¿por qué no vino el Papa a España para honrar a nuestra Doctora y Maestra Espiritual y así honrar a España? Dijimos un día que la culpa, según nuestro criterio, fue el Gobierno y parte del Partido Popular, por su comportamiento con el tema del aborto y la legislación de la clase de religión.

En el número anterior de Iglesia en Palencia, se publicó un “manifiesto” con este título: “Agresión a la Asignatura de Religión” por los profesores de religión de los centros escolares palentinos. Asimismo, en la revista de la Diócesis de Salamanca, en la misma fecha, 10 de junio, se escribía: “Mil horas de Religión menos en las aulas” por los Delegados de Enseñanza de las diócesis de Castilla y León. Y es necesario que tanto el Gobierno como el Partido Popular mediten muy bien y no ocupen el tiempo en buscar razones del fracaso en las elecciones. ¿Qué se prometió?

Agradecemos muy cordialmente y nos sentimos muy honrados por el gesto del Papa. Agradecemos, muy mucho, que diría la Santa, que durante el año sea la efigie de Santa Teresa, la que ocupe la medalla del pontificado.

Germán García Ferreras

miércoles, 22 de julio de 2015

La Puerta

Todos sabemos lo que es una puerta. Y recordamos como Jesús le dio a san Pedro las llaves de la Iglesia. En la Iglesia hay puertas y todas las Iglesias-Parroquias tienen sus puertas. El mismo Papa en su Bula para convocar el Jubileo Extraordinario de la Misericordia, el III Domingo de Adviento, nos dice: “El domingo se abrirá la Puerta Santa en la Catedral de Roma, la Basílica de San Juan de Letrán. Sucesivamente se abrirá la Puerta Santa de las otras Basílicas”.

En la liturgia de la Iglesia Católica, más de una vez tiene una presencia especial la puerta principal de la Iglesia-Parroquia, y se emocionan los feligreses cuando se golpea con la Cruz para que se abra.

Santa Teresa nos habla de una puerta que no es de madera, ni tiene figuras y adornos. En las Primeras Moradas (Cap. I), nos dice: “Que si bien consideramos, hermanas, no es otra cosa el alma del justo sino un paraíso adonde dice Él tiene sus deleites”. Y antes había afirmado: “Es nuestra alma como un castillo todo de un diamante y muy claro cristal, a donde hay muchos aposentos, así como en el cielo hay muchas moradas. En el centro y mitad de todas éstas tiene la más principal, que es donde pasan las cosas de mucho secreto entre Dios y el alma”.

Advierte la Santa que es un gran disparate ignorar la grandeza de nuestra alma y que no sepamos del amor que Dios nos tiene hasta querer estar en lo más íntimo de nuestro ser, en el castillo interior. Se queja porque pasamos más tiempo alrededor del castillo, entretenidos con las sabandijas y bestias -nuestros caprichos y egoísmos- que en abrir la puerta del castillo, para hablar con Dios y llenarnos de la riqueza espiritual.

También en las Primeras Moradas, escribe: “Y si estas almas no procuran entender y remediar su gran miseria, se quedan hechas estatuas de sal. Porque a cuanto yo puedo entender, la puerta para entrar en este castillo es la oración y consideración; no digo que sea más mental que vocal, que como sea oración ha de ser consideración”. Y antes, había dicho: “Decíame poco ha un gran letrado que son las almas que no tienen oración son como un cuerpo con perlesía o tullido, que aunque tiene pies y manos no los puede mandar”.


Germán García Ferreras

viernes, 10 de julio de 2015

Regalo

Todos somos muy amigos de los regalos. Pero, a veces, no se trata de regalos de gran valor, sino de un regalo que testifica que se acordaron de nosotros al visitar Tierra Santa, o fueron a Roma para escuchar al Papa, etc, etc.

Hay regalos que cuidamos con mimo y de los que presumimos. Otros regalos terminan siendo un estorbo en el piso y plantean el problema, dónde lo colocaremos. Hay regalos que son una obra de arte o se transforman en el utensilio que no hace “un buen papel”.

Santa Teresa, en el Camino de Perfección (Cap. 12, nº 2), escribe: “Torno a decir que está el todo o gran parte en perder cuidado de nosotros mismos y nuestro regalo; que quien de verdad comienza a servir al Señor, lo menos que le puede ofrecer es la vida; pues le ha dado su voluntad, ¿qué teme?”

“Claro está -sigue diciendo la Santa- si es verdadero religioso o verdadero orante y pretende gozar regalos de Dios, que no ha de volver las espaldas a desear morir por Él y pasar martirio”.

“Pues -termina nuestra Santa- ¿ya no sabéis, hermanas, que la vida del buen religioso y que quiere ser de los allegados amigos de Dios, es un largo martirio?”

En la vida de los santos, claramente conocemos cómo son los regalos de Dios. En el convento de los PP. Carmelitas Descalzos de Segovia, donde está enterrado San Juan de la Cruz, hay un cuadro de Cristo crucificado que -dice la tradición- le habló a San Juan de la Cruz, en estos términos: “¿Qué quieres Juan por lo mucho que has hecho por mí?”. A lo que el santo respondió: “Señor, padecer y ser despreciado por Vos”.

De Santa Teresa es aquella maravillosa y acertadísima expresión: “Hay que tener una muy determinada determinación de seguir a Cristo aun cuando se hunda el mundo”.

En Camino de Perfección (Cap. 5), leemos: “Y como me vi mujer y ruin e imposibilitada de aprovechar en lo que yo quisiera en el servicio del Señor... determiné a hacer eso poquito que era en mí, que es seguir los consejos evangélicos con toda la perfección que yo pudiese, y procurar que estas poquitas que están aquí mismo, convento de san José”.

Germán García Ferreras

martes, 23 de junio de 2015

La verdad

Hoy ofrecemos nuestra reflexión en torno al amor de Santa Teresa a la verdad con minúscula. Cierto que también tiene un maravilloso comentario a la doctrina evangélica: “Yo soy el Camino, la Verdad y La Vida”, cuando Jesús se nos ofreció como ejemplo a seguir y camino del que no debemos apartarnos.

Para Santa Teresa, humildad es andar en Verdad. Y orar es vivir la verdad de Dios que es la suma Verdad. Llega a tanto su amor a la verdad, con minúscula, que no diría ni la más pequeña mentira, aun cuando por esa mentira se salvase todo el mundo. Porque Dios es la misma Verdad. En todos sus libros tiene una doctrina admirable sobre la verdad y poniendo unos ejemplos que, facilmente aparece el amor de la Santa a Dios: Suprema Verdad.

En este mundo que “pisamos”, tan lleno de mentiras y falsedades... en el que la política no es sino la manera de engañar al contrario, más que al contrario, es al que no piensa como nosotros.

Comenta la Santa el comportamiento y las afirmaciones de Pilatos cuando en su Pasión le dijo qué era verdad y lo poco que entendemos acá de esta suma Verdad. Comenta la valentía de San Pablo aceptando la carcel antes que negar la verdad. Recuerda la valentía de la Magdalena para vivir la verdad ante los hombres que la conocían de tiempos anteriores.

Escribe en Las Moradas: “Saquemos de aquí, hermanas, que para conformarnos con nuestro Dios y esposo en algo, será bien que estudiemos siempre mucho de andar en esta verdad”. Y añade: “No digo sólo que no digamos mentira -que eso gloria a Dios, ya veo que traéis gran cuenta en estas casas con no decirla por ninguna cosa- sino que andemos en verdad delante de Dios y las gentes, procurando en todo sacar la verdad”.

Se lamenta de los predicadores que en sus sermones más buscan agradar a la gente y recibir alabanzas, que decir la verdad del evangelio, por más que les critiquen exponiéndose a la muerte por defender la justicia y la verdad.

En Camino de Perfección escribe: “Quienes de veras aman a Dios, todo lo bueno aman y todo lo bueno favorecen... no aman sino verdades y cosa digna de amor”.

Germán García Ferreras

sábado, 6 de junio de 2015

Los caminos

No voy a comentar el célebre libro de Santa Teresa, titulado “El Camino de Perfección”. Quiero meditar sobre esta expresión de la Santa: “Ya es tiempo de caminar”. Varios historiadores afirman que santa Teresa, ya muy próxima a morir, le dijo al Esposo Divino: “Ya es hora de caminar”. Ya es hora de morir, caminando a la Casa del Padre... pues sabemos que sus últimas palabras fueron: “Al fin muero hija de la Iglesia”.

Camino de luz, camino de oración, camino de encuentro, camino de acercamiento, camino interior... siempre bajo la dirección de la Doctora de la Iglesia y siempre predominando el sentido espiritual del alma enamorada, tal como leemos en el Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz.

Camino, caminos de la Gran Fundadora y Reformadora. Y sin salir del camino de tierra y piedra, con subidas y bajadas, con curvas muy pronunciadas y peligros para los carros de mulas. Que no recorrió las dos Castillas: la Nueva y la Vieja y las tierras de Andalucía en coche cómodo, elegante o avioneta.

Carro de mulas o simplemente montada en una caballería. Apoyada, muchas veces, en el cayado que estos días han llevado par 27 países en cinco continentes. Bastón, cayado, que han llevado a Roma y que el Papa, con gran fervor, lo besó y rezó a Santa Teresa.

El Centenario, Quinto, del nacimiento de la Santa es una llamada a peregrinar y peregrinar, a poder ser por las ciudades y villas donde ella fundó sus conventos-palomarcitos. El sacrificio corporal debe ayudar al desarrollo espiritual. No nos faltará la compañía de San José. Como a ella y como ella nos recomienda.

“Camino de Luz” y “Huellas de santa Teresa” quieren ser el eco que nos impulse a caminar siguiendo a la Monja Andariega. ¿No es Jesús Camino... y no debemos nosotros seguirle hasta llegar a la Casa del Padre?

La exposición teresiana, en dibujos sobre servilletas, del escultor salmantino Venancio Blanco, no era sino el cántico a los carros de mulas y mulas sueltas, de que se valió Santa Teresa para lograr los 17 monasterios edificados en pobreza. Seamos peregrinos al estilo de santa Teresa, la extraordinaria hija de la Iglesia.

Germán García Ferreras

miércoles, 27 de mayo de 2015

EI beso de Dios

Se equivoca quien crea que conoce la doctrina y vida de Santa Teresa si solo ha leído el Libro de la Vida, las Fundaciones, el Camino de Perfección, Las Moradas y las quince mil cartas que escribió. Hay otros escritos que son la más pura esencia de la espiritualidad mística cristiana. Es la Meditación al Cantar de los Cantares del rey Salomón. Era muy aficionada a leer el Cantar de los Cantares, como lo fueron otros santos. Y comentaba cómo se escandalizó la gente en un sermón, donde le predicador repitió las palabras del Cantar de los Cantares. Todo por entender las palabras con espíritu mundano y no espiritual.

En la Biblia leemos: “Béseme con el beso de su boca”. Y la Santa escribe sobre los “efectos del beso de Dios”. ¿Cómo son los besos de Dios? ¿Qué efectos producen?

Dios besa a las almas. Dios nos ha besado -escribe Santa Teresa- cuando se hizo hombre. Nos besa en la Eucaristía. Santa Teresita de Lisieux dice, hablando del día de su primera comunión: “¡Qué dulce fue mi primer beso de Jesús a mi alma! Aquel día no fue ya una mirada, sino una fusión. Ya no eran dos”. San Juan de la Cruz, en el Cántico Espiritual, canta: “Entrádose há la esposa / en el ameno huerto deseado / y a su sabor reposa / el cuello reclinado / sobre los dulces brazos del Amado”. Y añade: “Gocémonos Amado / y vámonos a ver en tu hermosura/ Al monte y al collado / do mana el agua pura / entremos más adentro en la espesura”.

Según Santa Teresa, el beso de Dios produce caridad, paz y espíritu de servicio. El beso de Dios exige desprendimiento de las cosas materiales y el apego desordenado a las criaturas.

Es maravilloso observar cómo discurre nuestra Santa al analizar “las paces” que inventamos, cuando el verdadero beso produce: paz, alegría y felicidad. Y comenta la Santa el comportamiento de la Samaritana: habla con Jesús y corre al pueblo gritandopara que sus vecinos vayan al pozo, donde dejó a Jesús y que les bendiga a todos.

Advierte Santa Teresa: “Por cierto que pienso que, si nos llegásemos al Santísimo Sacramento con gran fe y amor, que una vez bastase para dejarnos ricas, cuanto más tantas comuniones”.

Germán García Ferreras

martes, 5 de mayo de 2015

La Carta del Papa

Los nuevos historiadores de la vida de Santa Teresa y los nuevos comentaristas de sus escritos místicos, tendrán que tener muy en cuenta y añadir a sus escritos y comentarios, la Carta que nuestro Papa Francisco, escribió al Obispo de Ávila Mons. García Burillo, el día 28 de marzo del 2015. Y no sólo esta carta del nacimiento de Santa Teresa, sino aquella otra carta del 15 de octubre de 2014 al inaugurar el Año Jubileo del V Centenario de su nacimiento.

Dos cartas que tenemos la obligación de leer y meditar pausadamente... y llegar a sus puntos clave de profunda reflexión mística, carmelitana y teresiana. ¡Qué cartas!

Comienza la carta del 28 de marzo: “Hoy mi corazón está en Ávila, donde hace quinientos años nació Teresa de Jesús”. ¿Por qué no estuvo en España? En mi humilde opinión, con peligro de equivocarme, toda la culpa la tuvo parte del Gobierno y otra parte de muchos afiliados al Partido Popular. Porque para unos y otros, la Iglesia Católica les dice muy poco. Dos ejemplos nada más: la clase de religión y el gravísimo problema del aborto.

Nuestro Papa Francisco ama a España y siente una predilección especial por santa Teresa. Escribe en la Carta: “A esta insigne maestra de espirituales, mi predecesor, el beato Pablo VI, tuvo el inédito gesto de conferirle el título de Doctora de la Iglesia. ¡La primera mujer Doctora de la Iglesia!”. Y afirma: “Ruego a santa Teresa que nos regale la devoción y el fervor que ella tenía a San José. Harto bien haría que los que pasan por la prueba del dolor, la enfermedad, la soledad recurrieran a este insigne Patriarca con el amor y la confianza con que lo hacía la Santa”. El Papa confiesa que a menudo le habla a San José y siempre le socorre, como hacía con la Santa.

En la carta de octubre del año pasado, escribe: “En la escuela de la santa andariega aprendemos a ser peregrinos. Ella nos marca cuatro caminos; el camino de la alegría, el camino de la oración, el camino de la fraternidad y el camino del propio tiempo en servicio a los demás”. Y termina así la carta: “La santa escritora y maestra de oración fue al mismo tiempo fundadora y misionera por los caminos de España”. Leamos estas Cartas tan valiosas para el espíritu.

Germán García Ferreras

miércoles, 22 de abril de 2015

La humildad

Muchísimas veces repite Santa Teresa esta palabra: humildad. Y no es sólo repetirla, sino, y es lo más importante, qué significa esa palabra y qué trata de cimentar con ella. Sorprende con qué rotundidad afirma que el demonio es tan enemigo de la humildad, como es enemigo de la santidad de las almas y, sobre todo, de las almas que aman mucho a Dios y contribuyen a la glorificación del Creador y Redentor.

Mil veces avisa que el demonio trata de vencer y confundir a los espíritus, presentándoles una humildad falsa. No reconociendo que Dios ama a las almas y las enriquece con sus dones. Y creando un falso espíritu de soberbia y extraordinarias cualidades y éxitos humanos.

Humildad, dice la Santa, es “andar en verdad”. Dos palabras que siempre han de ir juntas para entrar en el Castillo de las Moradas y para disponerse al espiritual regalo del matrimonio espiritual. No puede haber vida espiritual sin oración sin diálogo con Dios, y no es posible tener oración sin humildad. “La humildad -escribe la santa en las Primeras Moradas- siempre labra como abeja en la colmena la miel. Consideremos que la abeja no deja de salir a volar para traer flores; así el alma en el propio conocimiento”. Y dice más: “A mi parecer, jamás nos acabamos de conocer, si no procuramos conocer a Dios; mirando su grandeza acudamos a nuestra bajeza; mirando su limpieza, veremos nuestra suciedad; considerando su humildad, veremos cuán lejos estamos de ser humildes”.

Aconseja a sus monjas: “Pongamos los ojos en Cristo, nuestro Bien, y allí aprenderemos la verdadera humildad”. En Camino de Perfección (Cap 4) leemos: “No penséis, amigas y hermanas mías, que serán muchas las cosas que os encargare... Solas tres extenderé en declarar... la una es amor de unas con otras; otra, desasimiento de todo lo creado; la otra, verdadera humildad, que aunque la digo a la postre, es la más principal y las abraza todas”.

En Las Moradas primeras afirma: “Mientras estamos en la tierra, no hay cosa que más nos importe que la humildad”. “Dios es suma verdad -dirá en las sextas Moradas- y la humildad es andar en verdad”.

Germán García Ferreras

martes, 7 de abril de 2015

Su alegría

Que nadie se lleve a engaño. Santa Teresa de Jesús no escribió ningún libro sobre la alegría cristiana. Pero sí vivió intensamente la alegría de la habla San Pablo en su carta a los Filipenses: “Hermanos, estad siempre alegres en el Señor”. Y así, escribe Santa Teresa: “Andad alegres, sirviendo en lo que les manden. Si estáis alegres, miradle resucitado; que sólo imaginar cómo salió del sepulcro os alegrará. ¡Mas con qué claridad y con qué hermosura! ¡Con qué majestad, qué victorioso, qué alegre! Como quien tan bien salió de la batalla adonde hay ganado un tan gran reino, que todo le quiere para vos, y a vos con Él”. Esta es la alegría cristiana: la que brota de la resurrección, y crece con los bienes espirituales, que son las virtudes. Una alegría muy distinta de la que brota del dinero, de los éxitos y... ni siquiera de la misma salud corporal.

Santa Maravillas de Jesús, la Teresa de nuestro tiempo, también carmelita descalza y fundadora de muchos conventos, escribe: “No queremos más que servir al señor con alegría, donde quiera que Él nos lleve. En Él encontrarás todo lo que tu corazón puede desear; la felicidad verdadera, no esa ficción que el mundo ofrece”.

San Juan de la Cruz, extraordinario consejero de Santa Teresa, a quien tanto admiraba y de quien tantas alabanzas pronunció, escribe como santo, místico y doctor de la Iglesia: “Cuando se le ofreciere algún sinsabor y disgusto, acuérdese de Cristo crucificado, y calle”. Su lema: “padecer y ser despreciado por Vos”. ¡Increíble! Y sigue diciendo: “Viva en fe y esperanza, aunque sea a oscuras. Que en esas tinieblas ampara Dios al alma. Arroje el cuidado suyo en Dios, que Él le tiene y no la olvidará. No piense que la deja sola, que sería hacerle agravio. Lea, ore, alégrese en Dios, su bien y salud. El cual se lo dé y conserve todo hasta el día de la eternidad”.

Pues, como comenta Santa Teresita del Niño Jesús, patrona de las Misiones: “Yo soy esa hija objeto del amor previsor de un Padre que no ha enviado a su Hijo a rescatar a los justos, sino a los pecadores”.

Vivamos la alegría que brota del ejercicio de las virtudes: amor, servicio y humildad. Siempre alegres en el Señor, que murió en la cruz por nosotros.

Germán García Ferreras

viernes, 27 de marzo de 2015

San Pablo

Después de San Juan de la Cruz, su segundo y mejor amigo y consejero, fue el Apóstol San Pablo. Amigo y consejero por lo que respecta a su vida y a sus Cartas. En él encontramos otra palabra que entusiasma a la Santa: conversión.

Da la impresión que se sabía de memoria las Cartas del Apóstol. Si San Pablo, en su carta a los Filipenses escribe: “Pues para mí la vida es Cristo, y la muerte una ganancia”, no menos significativo es cuando repite en la Carta a los Gálatas: “Que no vivo yo ya, sino Vos, Criador mío vivís en mí”. “Mi vivir es Cristo”, gritará muchas veces la Santa imitando al Apóstol.

Santa Teresa junta muchas veces a San Pablo y la Magdalena y se emociona recordando su vida tan llena de Dios y tan entregada a seguir a Cristo. En Camino de Perfección [Cap. 40] leemos: “Quienes de veras aman a Dios, todo lo bueno aman, todo lo bueno quieren, todo lo bueno favorecen, con los buenos se juntan siempre, porque no gustan sino contentar al Amado”... “Mirad -escribe- un san Pablo, una Magdalena; en tres días el uno comenzó a entender que estaba enfermo de amor; este fue san Pablo. La Magdalena desde el primer día”.

Conversión. Se habla y escribe mucho de la conversión de Santa Teresa. Puede llevar a equivocación si se piensa que esa conversión fue como la de San Pablo, la Magdalena o San Agustín. La mirada y contemplación del Cristo atado a la Columna, provocó en Santa Teresa no la huida de una vida pecadora, sino que encendió el fuego que tan maravillosamente escribe San Juan de la Cruz en la Llama de Amor Viva. Que llega al matrimonio espiritual.

San Pablo, con sus Cartas y su vida, logró que santa Teresa pronunciase y viviese la muy “determinada determinación de seguir a Cristo”. No quería que sus monjas fuesen mujeres cobardes ante las dificultades y menos ante las tentaciones del demonio.

“Obras son amores y no buenas razones”. Eso quiere la Santa, sin miedo a que se hunda el mundo, las dirá a las cuatro monjas del convento de San José de Ávila. “Vuestra soy, para Vos nací, qué queréis señor de Mí” cantará una y mil veces.

Germán García Ferreras

martes, 10 de marzo de 2015

Sus amistades

Quiero comenzar felicitando al Sr. Alcalde, Alfonso Polanco, y a la Comisión del V Centenario por el maravilloso, bien presentado y completo el folleto “Ruta Huellas Palencia de Teresa de Jesús”. Enhorabuena a quienes han redactado los textos: Mª del Rosario Díez y Rafael Martínez. Es un folleto que debe estar en todos los hogares palentinos, para conocer el tesoro artístico y espiritual que tenemos en la ciudad de Palencia. Es historia de la buena y teresianismo.

Asimismo, felicitar a la Junta de Castilla y León y a su Delegado en Palencia, D. Luis Domingo, por las 38 páginas de texto y fotografías de las ciudades de Castilla y León por donde caminó la Santa.

Aquí, pretendemos, cada quince días, presentar a Santa Teresa en el mundo de las amistades que de alguna manera influyeron, en su vida espiritual, mística y escritora. Pues el V Centenario de su nacimiento tiene un sello muy claro: la espiritualidad de una mujer admirable, peregrina y reformadora del Carmelo. Sus amistades fueron hombres y mujeres; santos, santas; hombres de cultura, religiosos de muchas Órdenes y monjas de otras Congregaciones; sacerdotes, canónigos y Obispos. Que ella se “aprovechó de todos y a todos quiso ayudar”.

San Juan de la Cruz fue el gran amigo. El primero en doctrina y obras. Nació en Fontiveros (Ávila) y le conoció en Medina del Campo... decidido a irse a la Cartuja. Pero la Santa se lo llevó al Carmelo Reformado. Murió en Úbeda (Jaén) y está enterrado en el convento segoviano donde, con su hermano trabajó de albañil. Frente a dos ríos, siempre con agua.

Santa Teresa, en una carta que escribe a Francisco de Salcedo, que está en Ávila y ella en Valladolid, a finales de septiembre de 1568, le dice: “Hable vuestra merced a este padre (Juan de la Cruz), se lo suplico, que aunque es pequeño (chico) entiendo es grande en los ojos de Dios”.

“Cierto él nos ha de hacer mucha falta, porque es cuerdo y propio para nuestro modo, y ansí creo le ha llamado nuestro Señor para esto. No hay fraile que no diga bien de él, porque ha sido su vida de gran penitencia. Me parece tiene el Señor de su mano”.

Germán García Ferreras

martes, 24 de febrero de 2015

Almodóvar del Campo

Estamos preparando la peregrinación teresiana para el 10 y 11 de abril. Comenzamos en Malagón, pueblo manchego donde santa Teresa construyó la tercera de sus fundaciones. Y concluiremos en Almodóvar del Campo.

Santa Teresa no fundó en este pueblo-villa histórica, pero sí que estuvo muchas veces allí. Dice la tradición y cuentan los vecinos que estando en la Villa, sentó sobré sus rodillas a un niño diciendo a su madre: “será santo y Reformador de una Orden”. Ese niño era San Juan Bautista de la Concepción, Reformador de los Trinitarios.

San Juan de Ávila nació en Almodóvar del Campo. Era muy gran amigo y consejero de la Santa, a quien mandó un ejemplar del Libro de la Vida que no se publicaría si este no lo aprobaba. Y a Montilla se lo mandaron para su aprobación. Se conserva la Casa y una cueva donde el santo hacía oración y leía la Biblia. Los peregrinos celebraremos la Eucaristía en la iglesia Parroquial, junto a la pila bautismal, donde fueron bautizados estos dos santos.

A dos kilómetros del pueblo, en un montículo rodeado de olivos, hay una ermita dedicada a Santa Brígida a donde acudió a rezar, días y días, la madre de San Juan de Avila, pidiendo un hijo, y la Santa se lo concedió. Desde la ermita contemplaremos un paisaje maravilloso. Donde es un placer repetir los versos del Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz.

Escribe San Juan Bautista de la Concepción: “Nadie desprecie las cosas pequeñas, ni diga que en la casa de Dios hay cosas livianas, pues la menor pesa aumento de gracia y dilación del cielo. ¿Quién dijera, en el mundo, sino lo viera, que un pico tan delicado como el de un mosquito, había de atravesar el cuero y la piede de una bestia, de un buen y hacerles huir?” Y leemos en San Juan de Ávila: “Pluguiese a Dios que tanto se os predicase la caridad, que de fastidiados os acordáseis de la palabra de la caridad. Si esta ley de la caridad guardáis, Dios la guardará con vosotros”.

¿Nos unimos a la peregrinación teresiana camino de Malagón, Ciudad Real y Almodóvar del Campo?
 
Germán García Ferreras

viernes, 13 de febrero de 2015

Malagón

¡Todos a Malagón! Es el grito que me gustaría sonase, en todos los hogares palentinos, durante este Año Jubilar Teresiano. Porque los Jubileos cristianos, exigen la peregrinación del cuerpo y del espíritu. Y porque peregrinar y, mucho más, si por medio está Santa Teresa, la mujer andariega y la monja peregrina, al estilo maravilloso de San Juan de la Cruz: “buscando mis amores / iré por esos montes y riberas, ni cogeré las flores ni temeré las fieras”.

¿Por qué Malagón? Es una Villa de Ciudad Real, sita donde termina la carretera de Toledo, pasando los Montes y llegando a la llanura de La Mancha. De Malagón escribe Santa Teresa en su Vida (Cap. 34) y en el libro de Las Fundaciones (Cap. 9). Y a Malagón queremos ir en peregrinación desde Palencia el 10 y 11 de abril.

En Toledo vivía Dª. Luisa de la Cerda, dueña de un castillo en Malagón y con propiedades en la Villa. Viuda de D. Antonio estaba muy triste por la muerte de su esposo y... porque había muerto sin ponerse en paz con los habitantes de Malagón... ¿“sus esclavos”? Seis meses estuvo viviendo Santa Teresa en el palacio de Dª. Luisa, para consolarla pues peligraba su salud y su vida, y los Superiores de nuestra Santa, así se lo habían mandado “bajo precepto de obediencia”.

¡Cuánto aprendió la Santa viviendo con Dª. Luisa y tratando a sus amigas que la visitaban! Llega a escribir: “es ansí que de todo aborrecí el desear ser señora”. Y añade: “un cuidado de tener compostura conforme a su estado. Han de comer muchas veces manjares más conformes a su estado que no a su gusto”. Y también -por obediencia- tuvo que consolar a la duquesa de Alba de Tormes.

Malagón fue la tercera fundación de las 17 que hizo. Y ella misma dirigió las obras del convento, el único que construyó desde los cimientos. Es patrona de los arquitectos. El título de la Villa es Malagón de Santa Teresa. Porque así lo han querido sus habitantes. Puedo afirmar, sin temor a equivocarme que es el lugar-pueblo-villa donde más devoción se tiene a Santa Teresa, de toda España. Lo presencié muchas veces y sobre todo cuando les visitamos con el brazo de La Santa. 

Germán García Ferreras

viernes, 2 de enero de 2015

El Niño Jesús

Los villancicos de santa Teresa demuestran su devoción por la Infancia del Jesús. Sus villancicos son todo un regalo para el espíritu y fuente abundante de espiritualidad.

Canta la Santa: “¡Ah, pastores que veláis / por guardar vuestro rebaño / Mirad que os nace un Cordero / Hijo de Dios soberano”. Sigue la canción: “Danos el Padre / a su único Hijo; hoy viene al mundo / en pobre cortijo. Oh gran regocijo / que ya el hombre es Dios! Viene el inocente / a padecer frio; / deja un señorío; en fin, como Dios, / ya no hay que temer / muramos los dos”. Y... ¿qué me dicen de estos versos?: “Viene pobre y despreciado / comenzadle ya a guardar / que el lobo os lo ha de llevar / sin que le hayamos gozado”.

Cuando Santa Teresa fundaba los conventos y se iba a otro convento, siempre dejaba, como regalo a la Comunidad, una imagen del Niño Dios. A esta imagen, cada Comunidad la “bautizaba” con un nombre especial, fruto del amor y devoción que tenían al Niño. La comunidad de Ávila lo llama “el mayorazgo”; la comunidad de Valladolid “el peregrino”; la de Toledo “el lloroncito”; la de Segovia “el Tornerito”; la de Sevilla “el Quitito” y la de Villanueva de la Jara “el Fundador”... y así todas las Comunidades.

Tanto Santa Teresa como San Juan de la Cruz, gustaban de representar escenas del Portal de Belén, cambiando cada año de personaje. Las Carmelitas de Palencia también son aficionadas a representaciones y escenas que guardan relación con la venida de la Santa a Palencia. Y también se conservan objetos con los que celebraba Santa Teresa la Navidad. El tambor y las castañuelas en las Comunidades de Sevilla y Palencia. En la parroquia de San José de Madrid hay un cuadro grande y precioso... en el que la Virgen está sentada, Santa Teresa de rodillas y el Niño pone la mano izquierda sobre la cabeza de la Santa, mientras que con la mano derecha coge unas flores de la mano de María. Unos ángeles contemplan la escena.

En Camino de Perfección (Cap. 2) escribe a sus monjas: “Parezcámonos en algo a nuestro Rey, que no tuvo casa sino el portal de Belén donde nació y la cruz donde murió”.

Germán García Ferreras

martes, 30 de diciembre de 2014

San José

No se puede vivir la Navidad olvidando a San José o... poniendo, únicamente, a los pastores, las ovejas y los ángeles que anuncian la paz y no la presencia del Niño. Es una grave equivocación aislar al santo patriarca y dejar en el silencio al esposo de María. La Navidad hay que vivirla poniendo las figuras, cada una en su sitio, tal como nos proclama la liturgia, en respuesta a los Evangelios. San José es alguien más que la persona contemplando al Niños Dios, mirando a su esposa la Virgen y apoyado en un cayado.

En la historia de la Iglesia se admite que Santa Teresa es el gran apóstol y predicador de San José. Lo que dice, hace y escribe la Santa en torno a San José, es algo tan admirable y completo, que ella misma piensa que la van a juzgar mal, como si exagerase. En su Vida (Cap. 6) escribe: “Sólo pido, por amor de Dios, que lo pruebe quien no me creyere, y verá por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso Patriarca y tenerle devoción; en especial le habían de ser aficionadas personas de oración. Que no sé cómo se puede pensar en la Reina de los Ángeles, en el tiempo que tanto pasó con el Niño Jesús, que no den gracias a San José por lo bien que les ayudó en ellos”.

En su devoción a San José llega a afirmar: “Tomé por abogado y señor a este glorioso San José y me encomendé mucho a él. Vi claro que así de esta necesidad como de otras mayores de honra y perdida de alma, este padre y señor mío me sacó con más bien que yo lo sabía pedir”.

Navidad, San José. Bien, muy bien, las montañas y los ríos. Muy bien los pastores y las canciones de los ángeles. Muy bien los patos, gallinas y peces por el río y sus cascadas. Pero... es necesario entender el silencio de San José, la mirada del Patriarca y darle gracias por acompañar siempre a la Madre del Niño Dios.

Imitemos el ejemplo de Santa Teresa: “Procuraba yo hacer su fiesta con toda la solemnidad que podía”. Y nos advierte: Dios concede a otros santos socorrer en alguna necesidad, “a este glorioso santo tengo experiencia que socorre en todas, porque en el cielo le obedece tal como en la tierra”.

Germán García Ferreras

martes, 9 de diciembre de 2014

La celda

“Para santa Teresa de Jesús la celda es símbolo y concreción de soledad y silencio, como clima adecuado para la contemplación. Especie de soledad intensiva, dentro de la soledad comunitaria creada por la clausura en medio de la ciudad”. Así escribe el extraordinario teresianista, P. Tomás Álvarez, carmelita descalzo. A su vez, el Diccionario Ideológico de la Lengua Española define: “Celda es un aposento destinado al religioso o religiosa en su convento. Cada uno de los aposentos para los presos en las cárceles celulares”.

Bien distinto el significado. El religioso ingresa voluntariamente en el convento... y el preso es obligado a perder la libertad como consecuencia de un delito. La religiosa no tiene otras barreras que la fe y el ejercicio de las tres virtudes teologales... y el preso está vigilado por varias personas.

Santa Teresa tenía un cuidado muy especial para que las celdas ayudasen al recogimiento, a la oración y... sobre todo a la contemplación. Procuraba que la vista desde la ventana de la celda, fuese la naturaleza: Agua del río como en Alba de Tormes; montes y montañas como la de Toledo; llanura y amplitud de tierra como la de Valladolid...

Santa Teresa escribió todos sus libros en la celda: Ávila, Toledo, Soria, Salamanca, Medina del Campo... La celda, escribe el P. Tomás, era un cuadrado de 3,10 x 3 metros, con un ventanuco, pobrísimo ajuar: cruz de madera y estampas de papel en la pared, una estera en el suelo y una pobre tarima para el descanso. Vivía la Santa aquellos versos del Cantico Espiritual de San Juan de la Cruz: “En soledad vivía/ y en soledad ha puesto ya su nido / y en soledad la guía / a solas su querido / también en soledad de amor herido”.

San Juan de Ávila tenía en Almodóvar del Campo, una cueva-celda donde pasaba las horas hablando con Dios y leyendo la Biblia. San Juan de la Cruz... una ermita en la montaña de la huerta, junto a la Fuencisla de Segovia, donde dormía, con una campana para responder a las campanas del convento. Todos necesitamos una celda, un lugar de silencio y soledad, que puede ser la capilla de una iglesia o los montes y montañas, al aire libre.

Germán García Ferreras

martes, 18 de noviembre de 2014

La alegría

La alegría
No quería Santa Teresa de Jesús, santos tristes, ni monjas melancólicas. No admitía cristianos pesimistas que todo lo ven mal y difícilmente admiten el optimismo del prójimo. Quería que los cristianos comenzásemos a caminar por el camino de la santidad con espíritu alegre. Pedía a sus monjas que alimentasen en su espíritu las ansias de imitar a los santos y no rehusasen el martirio, si se presentaba la ocasión de dar testimonio de la fe cristiana.

Muy acertado el Papa Francisco, cuando en su Mensaje para el V Centenario del Nacimiento de la Santa de Ávila, pone la palabra alegría como el primer paso por el CAMINO que nos enseña santa Teresa de Jesús. Escribe el Papa: “¿Por qué caminos quiere el Señor llevarnos tras las huellas y de la mano de santa Teresa? Quisiera recordar cuatro que me hacen mucho bien: el camino de la alegría de la oración, de la fraternidad y del propio tiempo”. Antes de la oración y la fraternidad está la alegría, apoyándose en la bondad y providencia divinas. Y repite la frase de la santa en Camino de Perfección (Cap 8): “Andar alegres sirviendo” y la expresión teresiana “un santo triste es un triste santo”.

Santa Teresa vivía la alegría en tal grado que en sus escritos hay más de quince palabras que significan alegría y paz de espíritu: Bienaventuranza, contento, deleite, felicidad, fiesta, de buena gana, gloria, gozo, gusto, placer, regalo, regocijo, sabor, satisfacción... Palabras que se repiten con frecuencia.

Advierte el Papa que la alegría de santa Teresa era contagiosa. No era una alegría egoísta. Por eso afirma Camino de Perfección (Cap 3): “El gran bien que me perece hay en el reino del cielo es ya no tener cuenta con cosas de la tierra y un alegrarse de que se alegren todos”.

Ella misma advierte que los grandes dolores de sus enfermedades, tan duraderas algunas, eran motivo para alegrarse mirando a la cruz y pensando en el Resucitado. Acude al ejemplo de una buena esposa que está siempre al lado del esposo, en la salud, en los trabajos y en las enfermedades. ¿Nos alegramos con la alegría de los demás? ¿Nos alegran los éxitos del prójimo?

Germán García Ferreras