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jueves, 15 de febrero de 2018

«Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (Mt 24,12)



El Papa Francisco en su Mensaje para la Cuaresma escribe que «una vez más nos sale al encuentro la Pascua del Señor», y explica que para prepararnos a recibirla, la Providencia de Dios nos ofrece cada año la Cuaresma, que define «signo sacramental de nuestra conversión».

Un Mensaje mediante el cual desea «ayudar a toda la Iglesia a vivir con gozo y con verdad este tiempo de gracia», y lo hace inspirándose en una expresión de Jesús según el Evangelio de Mateo: «Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría».
 
«Esta frase -explica el pontífice, se encuentra en el discurso que habla del fin de los tiempos, ambientado en el Monte de los Olivos, donde tiene comienzo la pasión del Señor». Y añade: «Frente a acontecimientos dolorosos «algunos falsos profetas engañarán a mucha gente hasta amenazar con apagar la caridad en los corazones».

Los falsos profetas

Según Francisco, se trata de «los encantadores de serpientes, que se aprovechan de las emociones humanas para esclavizar a las personas y llevarlas adonde ellos quieren, y los charlatanes que ofrecen soluciones sencillas e inmediatas para los sufrimientos». Para no caer en los engaños del padre de la mentira, el Para invita a «no quedarnos en un nivel inmediato, superficial, sino a reconocer qué cosas son las que dejan en nuestro interior una huella buena y duradera, porque vienen de Dios y sirven para nuestro bien».

A continuación, Francisco aborda nuevamente un tema para él querido: el de las enfermedades del corazón. Y lo hace citando a Dante en la Divina Comedia, que describe el infierno como un lugar de frío, donde la llama del amor se ha extinguido. Las señales que indican que el amor corre el riesgo de apagarse son «la avidez por el dinero, el rechazo de Dios, y la violencia contra aquellos que consideramos una amenaza a nuestras certezas».

¿Qué hacer?

La Cuaresma nos propone la medicina de la oración, el ayuno y la limosna para combatir estas dolencias.

Por medio de la oración, el corazón descubre «las mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos». La limosna, «nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano». Y finalmente, el ayuno «debilita nuestra violencia, nos desarma, y es una importante ocasión para crecer, permitiéndonos experimentar lo que sienten aquellos que carecen de lo indispensable».

24 horas para el Señor

Por último, el Papa anima a repetir en al menos una iglesia de cada diócesis, la iniciativa «24 horas para el Señor», el 9 y 10 de marzo, y la celebración del sacramento de la reconciliación en el marco de la adoración eucarística, porque «si en muchos corazones a veces da la impresión de que la caridad se ha apagado, en el corazón de Dios no se apaga. Él siempre nos da una nueva oportunidad para que podamos empezar a amar de nuevo».

martes, 28 de febrero de 2017

MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO PARA LA CUARESMA 2017

Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte. Y en este tiempo recibimos siempre una fuerte llamada a la conversión: el cristiano está llamado a volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor. Jesús es el amigo fiel que nunca nos abandona, porque incluso cuando pecamos espera pacientemente que volvamos a él y, con esta espera, manifiesta su voluntad de perdonar (cf. Homilía, 8 enero 2016).

La Cuaresma es un tiempo propicio para intensificar la vida del espíritu a través de los medios santos que la Iglesia nos ofrece: el ayuno, la oración y la limosna. En la base de todo está la Palabra de Dios, que en este tiempo se nos invita a escuchar y a meditar con mayor frecuencia. En concreto, quisiera centrarme aquí en la parábola del hombre rico y el pobre Lázaro (cf. Lc 16,19-31). Dejémonos guiar por este relato tan significativo, que nos da la clave para entender cómo hemos de comportarnos para alcanzar la verdadera felicidad y la vida eterna, exhortándonos a una sincera conversión.

El otro es un don

La parábola comienza presentando a los dos personajes principales, pero el pobre es el que viene descrito con más detalle: él se encuentra en una situación desesperada y no tiene fuerza ni para levantarse, está echado a la puerta del rico y come las migajas que caen de su mesa, tiene llagas por todo el cuerpo y los perros vienen a lamérselas (cf. vv. 20-21). El cuadro es sombrío, y el hombre degradado y humillado.

La escena resulta aún más dramática si consideramos que el pobre se llamaa Lázaro: un nombre repleto de promesas, que significa literalmente «Dios ayuda». Este no es un personaje anónimo, tiene rasgos precisos y se presenta como alguien con una historia personal. Mientras que para el rico es como si fuera invisible, para nosotros es alguien conocido y casi familiar, tiene un rostro; y, como tal, es un don, un tesoro de valor incalculable, un ser querido, amado, recordado por Dios, aunque su condición concreta sea la de un desecho humano (cf. Homilía, 8 enero 2016).

Lázaro nos enseña que el otro es un don. La justa relación con las personas consiste en reconocer con gratitud su valor. Incluso el pobre en la puerta del rico, no es una carga molesta, sino una llamada a convertirse y a cambiar de vida. La primera invitación que nos hace esta parábola es la de abrir la puerta de nuestro corazón al otro, porque cada persona es un don, sea vecino nuestro o un pobre desconocido. La Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta a cualquier necesitado y reconocer en él o en ella el rostro de Cristo. Cada uno de nosotros los encontramos en nuestro camino. Cada vida que encontramos es un don y merece acogida, respeto y amor. La Palabra de Dios nos ayuda a abrir los ojos para acoger la vida y amarla, sobre todo cuando es débil. Pero para hacer esto hay que tomar en serio también lo que el Evangelio nos revela acerca del hombre rico.

El pecado nos ciega

La parábola es despiadada al mostrar las contradicciones en las que se encuentra el rico (cf. v. 19). Este personaje, al contrario que el pobre Lázaro, no tiene un nombre, se le califica sólo como «rico». Su opulencia se manifiesta en la ropa que viste, de un lujo exagerado. La púrpura, en efecto, era muy valiosa, más que la plata y el oro, y por eso estaba reservada a las divinidades (cf. Jr 10,9) y a los reyes (cf. Jc 8,26). La tela era de un lino especial que contribuía a dar al aspecto un carácter casi sagrado. Por tanto, la riqueza de este hombre es excesiva, también porque la exhibía de manera habitual todos los días: «Banqueteaba espléndidamente cada día» (v. 19). En él se vislumbra de forma patente la corrupción del pecado, que se realiza en tres momentos sucesivos: el amor al dinero, la vanidad y la soberbia (cf. Homilía, 20 septiembre 2013).

El apóstol Pablo dice que «la codicia es la raíz de todos los males» (1 Tm 6,10). Esta es la causa principal de la corrupción y fuente de envidias, pleitos y recelos. El dinero puede llegar a dominarnos hasta convertirse en un ídolo tiránico (cf. Evangelii gaudium, 55). En lugar de ser un instrumento a nuestro servicio para hacer el bien y ejercer la solidaridad con los demás, el dinero puede someternos, a nosotros y a todo el mundo, a una lógica egoísta que no deja lugar al amor e impide la paz.

La parábola nos muestra cómo la codicia del rico lo hace vanidoso. Su personalidad se desarrolla en la apariencia, en hacer ver a los demás lo que él se puede permitir. Pero la apariencia esconde un vacío interior. Su vida está prisionera de la exterioridad, de la dimensión más superficial y efímera de la existencia (cf. ibíd., 62).

El peldaño más bajo de esta decadencia moral es la soberbia. El hombre rico se viste como si fuera un rey, simula las maneras de un dios, olvidando que es simplemente un mortal. Para el hombre corrompido por el amor a las riquezas, no existe otra cosa que el propio yo, y por eso las personas que están a su alrededor no merecen su atención. El fruto del apego al dinero es una especie de ceguera: el rico no ve al pobre hambriento, llagado y postrado en su humillación.

Cuando miramos a este personaje, se entiende por qué el Evangelio condena con tanta claridad el amor al dinero: «Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero» (Mt 6,24).

La Palabra es un don

El Evangelio del rico y el pobre Lázaro nos ayuda a prepararnos bien para la Pascua que se acerca. La liturgia del Miércoles de Ceniza nos invita a vivir una experiencia semejante a la que el rico ha vivido de manera muy dramática. El sacerdote, mientras impone la ceniza en la cabeza, dice las siguientes palabras: «Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás». El rico y el pobre, en efecto, mueren, y la parte principal de la parábola se desarrolla en el más allá. Los dos personajes descubren de repente que «sin nada vinimos al mundo, y sin nada nos iremos de él» (1 Tm 6,7).

También nuestra mirada se dirige al más allá, donde el rico mantiene un diálogo con Abraham, al que llama «padre» (Lc 16,24.27), demostrando que pertenece al pueblo de Dios. Este aspecto hace que su vida sea todavía más contradictoria, ya que hasta ahora no se había dicho nada de su relación con Dios. En efecto, en su vida no había lugar para Dios, siendo él mismo su único dios.


El rico sólo reconoce a Lázaro en medio de los tormentos de la otra vida, y quiere que sea el pobre quien le alivie su sufrimiento con un poco de agua. Los gestos que se piden a Lázaro son semejantes a los que el rico hubiera tenido que hacer y nunca realizó. Abraham, sin embargo, le explica: «Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces» (v. 25). En el más allá se restablece una cierta equidad y los males de la vida se equilibran con los bienes.

La parábola se prolonga, y de esta manera su mensaje se dirige a todos los cristianos. En efecto, el rico, cuyos hermanos todavía viven, pide a Abraham que les envíe a Lázaro para advertirles; pero Abraham le responde: «Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen» (v. 29). Y, frente a la objeción del rico, añade: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto» (v. 31).

De esta manera se descubre el verdadero problema del rico: la raíz de sus males está en no prestar oído a la Palabra de Dios; esto es lo que le llevó a no amar ya a Dios y por tanto a despreciar al prójimo. La Palabra de Dios es una fuerza viva, capaz de suscitar la conversión del corazón de los hombres y orientar nuevamente a Dios. Cerrar el corazón al don de Dios que habla tiene como efecto cerrar el corazón al don del hermano.

Queridos hermanos y hermanas, la Cuaresma es el tiempo propicio para renovarse en el encuentro con Cristo vivo en su Palabra, en los sacramentos y en el prójimo. El Señor -que en los cuarenta días que pasó en el desierto venció los engaños del Tentador- nos muestra el camino a seguir. Que el Espíritu Santo nos guíe a realizar un verdadero camino de conversión, para redescubrir el don de la Palabra de Dios, ser purificados del pecado que nos ciega y servir a Cristo presente en los hermanos necesitados. Animo a todos los fieles a que manifiesten también esta renovación espiritual participando en las campañas de Cuaresma que muchas organizaciones de la Iglesia promueven en distintas partes del mundo para que aumente la cultura del encuentro en la única familia humana. Oremos unos por otros para que, participando de la victoria de Cristo, sepamos abrir nuestras puertas a los débiles y a los pobres. Entonces viviremos y daremos un testimonio pleno de la alegría de la Pascua.

Francisco

jueves, 3 de marzo de 2016

La Celebración de la Penitencia en tiempo de Cuaresma



Un fariseo le rogaba que fuera a comer con él y, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. En esto, una mujer que había en la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino trayendo un frasco de alabastro lleno de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con las lágrimas, se los enjugaba con los cabellos de su cabeza, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: «Si este fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que lo está tocando, pues es una pecadora». Jesús respondió y le dijo: «Simón, tengo algo que decirte». El contestó: «Dímelo, Maestro». «Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de ellos le mostrará más amor?». Respondió Simón y dijo: «Supongo que aquel a quien le perdonó más». Y él le dijo: «Has juzgado rectamente». Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? He entrado en tu casa y no me has dado agua para los pies; ella, en cambio, me ha regado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. Tú no me diste el beso de paz; ella, en cambio, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados han quedado perdonados, porque ha amado mucho, pero al que poco se le perdona, ama poco». Y a ella le dijo: «Han quedado perdonados tus pecados». Los demás convidados empezaron a decir entre ellos: «¿Quién es este, que hasta perdona pecados?». Pero él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz».
(Lc 7, 36-50)

Homilía del Papa Francisco Celebración de la Penitencia 
13 de marzo de 2015
IV Domingo de Cuaresma


También este año, en vísperas del cuarto domingo de Cuaresma, nos hemos reunido para celebrar la liturgia penitencial. Estamos unidos a muchos cristianos que hoy, en todas las partes del mundo, han acogido la invitación de vivir este momento como signo de la bondad del Señor. El sacramento de la Reconciliación, en efecto, nos permite acercarnos con confianza al Padre para tener la certeza de su perdón. Él es verdaderamente «rico en misericordia» y la extiende en abundancia sobre quienes recurren a Él con corazón sincero.

Estar aquí para experimentar su amor, en cualquier caso, es ante todo fruto de su gracia. Como nos ha recordado el apóstol Pablo, Dios nunca deja de mostrar la riqueza de su misericordia a lo largo de los siglos. La transformación del corazón que nos lleva a confesar nuestros pecados es «don de Dios». Nosotros solos no podemos. Poder confesar nuestros pecados es un don de Dios, es un regalo, es «obra suya» (cf. Ef 2, 8-10). Ser tocados con ternura por su mano y plasmados por su gracia nos permite, por lo tanto, acercarnos al sacerdote sin temor por nuestras culpas, pero con la certeza de ser acogidos por él en nombre de Dios y comprendidos a pesar de nuestras miserias; e incluso sin tener un abogado defensor: tenemos sólo uno, que dio su vida por nuestros pecados. Es Él quien, con el Padre, nos defiende siempre. Al salir del confesionario, percibiremos su fuerza que nos vuelve a dar la vida y restituye el entusiasmo de la fe. Después de la confesión renacemos.

miércoles, 2 de marzo de 2016

La carne en el asador

No, no pienso hablar de la abstinencia de comer carne que hacemos los católicos los viernes de cuaresma y que cada vez menos personas lo comprenden y muchas más pasan por alto. Y la cuestión es que no deja de ser un símbolo de unidad, un esfuerzo común que nos recuerda que estamos en la misma barca, que nos convoca a un acción comunitaria, una voluntad casi anónima, pero de todos, de familia. Es cuestión de trascender.

A veces, cuando me preguntan por la abstinencia en cuaresma y me dicen que es una bobada sin sentido, yo digo: la misma bobada y sin sentido que comernos una tarta de cumpleaños y soplar unas velas. ¿Por qué tenemos que comer dulce para festejar algo, o beber champán (perdón, vino espumoso) en Navidad o en los triunfos? Pues por lo mismo que nos privamos de carne, para hacer memoria y recordar que estamos en cuaresma. Tanto uno como otro es un acuerdo, una convención. Y la tontería de siempre: ¿y si me pongo morado de marisco? Vale. Ya lo he dicho antes, la tontería de siempre.

El problema fundamental es que no hay sentido de pertenencia, que está siempre hecho de pequeñas cosas y de finos detalles, como el cariño y la ternura, y nos vamos deslizando, cada vez más, hacia una fe individualista y hecha a la medida, olvidando que la fe nace de un diálogo entre Dios y cada persona y todo un pueblo. Yo soy católico, sí claro, porque estoy bautizado, pero me cuesta conectar con los otros, los que pertenecemos a la misma comunidad de creyentes. Es decir, tengo una fe sociológica, por eso al final me caso por la Iglesia, bautizo a mis hijos, les llevo a “hacer” la primera comunión y finalmente me llevan (pies por delante) a celebrar mis exequias. Pero, mi grado de implicación, de conciencia de pertenencia es casi nulo.

martes, 1 de marzo de 2016

Formación Cuaresmal


La Casa de la Iglesia acogió el 22 de febrero la Jornada de Teología en la que intervinieron los sacerdotes palentinos, Luis Ángel Montes y Donaciano Martínez, centrando sus charlas en el Año de la Misericordia. 

Además, los días 22, 23 y 24 se celebraron las Charlas Cuaresmales en el Centro Cultural de la Diputación. Junto con Montes y Martínez participó en estas charlas el profesor García Cadiñanos.

sábado, 20 de febrero de 2016

Charlas Cuaresmales y Jornada de Teología

Bajo el lema “La Misericordia en su luz” la Formación Teológica Permanente celebra este año las charlas cuaresmales los días 22, 23 y 24 de febrero.

El primer día, el profesor de Cristología, Luis Ángel Montes impartirá la conferencia titulada: “Jesucristo, rostro de la misericordia del Padre”.

El martes 23, intervendrá el profesor emérito de Teología Pastoral, Donaciano Martínez con la ponencia: “La tienda de la misericordia”.

Y el miércoles, 24, el profesor de Pastoral Social en la facutad de Teología de Burgos, Fernando García Cadiñanos hablará sobre “El cuidado de la tierra y el compromiso con los pobres”.

Todas las conferencias se desarrollarán en el Salón de Actos del Centro Cultural de la Diputación (Pza. Abilio Calderón) a las 20h. La entrada es libre hasta completar aforo.

JORNADA DE TEOLOGÍA
Por otro lado, el 22 de febrero la Jornada de Teología de este año se quiere profundizar en aspectos centrales de la cristología y eclesiología de la misericordia y esto se hará mediante una reflexión bíblica y pastoral que nos ayude a ahondar en el obrar de Dios en Cristo y en el compromiso nuestro. En la jornada intervendrá en un primer momento el responsable de la formación, el sacerdote Luis Ángel Montes con la ponencia: “Jesús de Nazaret y el Evangelio de la Misericordia”. En la segunda parte, participará el sacerdote Donaciano Martínez con la ponencia: “Por una pastoral de la misericordia”.

La Jornada se desarrollará en el Salón de Actos de la Casa de la Iglesia a partir de las 10:30h.

lunes, 15 de febrero de 2016

Cuaresma Cofrades 2016

La Cuaresma Cofrade 2016 ya ha vivido sus primeros actos y ha comenzado con la celebración de una Vigilia Cuaresmal Juvenil que se celebró en la Iglesia de las Agustinas Recoletas el pasado viernes 12 de febrero.

El sábado 13 de febrero, se celebró el ya tradicional Viacrucis de Anuncio del Camino Cuaresmal. Una iniciativa impulsada por el Obispo Mons. Escudero en el Año de la Fe, que fue muy bien acogida por la Hermandad de Cofradías Penitenciales. En esta ocasión fue presidido por el Administrador Diocesano y participaron las imágenes de N.P. Jesús de Medinaceli y N.M. Dolorosa.

La Cuaresma Cofrade se completa con una gran cantidad de actos religiosos, formativos y culturales que se desarrollarán hasta el 17 de marzo con el Pregón de Semana Santa (a cargo de D. Julián Cuadrado) y el 18 de marzo con la Procesión Infantil, (organizada por el Colegio Divino Maestro), por las calles del centro de la capital.

Camino de Cuaresma Camino de Misericordia Camino hacia la Cruz

I + JESÚS, CONDENADOA MUERTE

«El episodio de la mujer adúltera, a la que Jesús salvó de la condena a muerte. Nos conmueve la actitud de Jesús: no escuchamos palabras de desprecio, no escuchamos palabras de condena, sino sólo palabras de amor, de misericordia, que invitan a la conversión: “Tampoco yo te condeno, ¡vete y no vuelvas a pecar!” ... ¡Esa es su misericordia! Siempre tiene paciencia... Grande es la misericordia del Señor». (Papa Francisco. Primer Ángelus. 17-III-2013).

Dar de comer al hambriento: Por todas personas que carecen de lo necesario para vivir.

II + JESÚS CON LA CRUZA CUESTAS

«La pobreza de Cristo que nos enriquece consiste en el hecho que se hizo carne, cargó con nuestras debilidades y nuestros pecados, comunicándonos la misericordia infinita de Dios. La pobreza de Cristo es la mayor riqueza: la riqueza de Jesús es su confianza ilimitada en Dios Padre» (Mensaje para la Cuaresma de 2014).

Dar de beber al sediento: Por todos los que no pueden llevar una vida digna.

III + JESÚS CAE EN TIERRA POR PRIMERA VEZ

«No lo olvidemos: Dios siempre perdona y nos recibe en su amor de perdón y de misericordia. Hay quien dice que el pecado es una ofensa a Dios, pero también una oportunidad de humillación para percatarse de que existe otra cosa más bella: la misericordia de Dios» (Audiencia general. 29-V-2013).

Vestir al desnudo: Por los que se sienten desprotegidos, y viven con la desnudez de afecto y de protección. Por los que no tienen acceso a una vivienda.

IV + JESÚS ENCUENTRA A SU MADRE

«María cumplió la voluntad de Dios poniéndose a disposición de quien la necesitaba. No pensó en sí misma, se sobrepuso a las contrariedades y se dio a los demás. La victoria es de aquellos que se levantan una y otra vez, sin desanimarse. Si imitamos a María, no podemos quedarnos de brazos caídos, lamentándonos solamente» (Mensaje a los Obispos de Cuba. 8-IX-2014).

Dar posada al peregrino: Para que el extranjero, inmigrante, refugiado, y el que ha salido forzosamente de su tierra, sea acogido y considerado en su dignidad de persona.

V + JESÚS, AYUDADO POR UN CIRINEO

«Estamos llamados a vivir de misericordia, porque a nosotros en primer lugar se nos ha aplicado misericordia. El perdón de las ofensas deviene la expresión más evidente del amor misericordioso y para nosotros cristianos es un imperativo del que no podemos prescindir» (Misericordiae Vultus, 9).

Visitar a los enfermos: Por los enfermos de toda enfermedad: las de siempre y las nuevas que produce esta sociedad. Y por las personas que les ayudan y acompañan.

VI + LA VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DE JESÚS

«Abramos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad, y sintámonos provocados a escuchar su grito de auxilio» (Misericordiae vultus, 15).

Visitar a los presos: Para que puedan rehacer sus vidas e incorporarse a la sociedad. Y por sus familiares.

VII + JESÚS CAE EN TIERRA POR SEGUNDA VEZ

«No podemos escapar a las palabras del Señor y en base a ellas seremos juzgados: si dimos de comer al hambriento y de beber al sediento. Si acogimos al extranjero y vestimos al desnudo. Si dedicamos tiempo para acompañar al que estaba enfermo o prisionero. Igualmente se nos preguntará si ayudamos a superar la duda, que hace caer en el miedo y en ocasiones es fuente de soledad; si fuimos capaces de vencer la ignorancia en la que viven millones de personas, sobre todo los niños privados de la ayuda necesaria para ser rescatados de la pobreza; si fuimos capaces de ser cercanos a quien estaba solo y afligido; si perdonamos a quien nos ofendió y rechazamos cualquier forma de rencor o de odio que conduce a la violencia; si tuvimos paciencia siguiendo el ejemplo de Dios que es tan paciente con nosotros; finalmente, si encomendamos al Señor en la oración nuestros hermanos y hermanas» (Misericordiae vultus, 15).

Enterrar a los muertos: Por todos los difuntos. Por todos los que nos enseñaron a creer en Cristo y a esperar en Él.

VIII + JESÚS CONSUELA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN

«Queridos chicos y chicas, al mundo de hoy le falta llorar. Lloran los marginados, lloran aquellos que son dejados de lado, lloran los despreciados, pero aquellos que llevamos una vida más o menos sin necesidades no sabemos llorar. Solamente ciertas realidades de la vida se ven con los ojos limpios por las lágrimas. Los invito a que cada uno se pregunte: ¿Yo aprendí a llorar? ... Y esto es lo primero que yo quisiera decirles: Aprendamos a llorar» (Discurso a los jóvenes. Manila 18-I-2015).

Dar buen consejo al que lo necesita: Por quien no encuentra palabras de aliento y de consuelo, y vive en la duda.

IX + JESÚS CAE EN TIERRA POR TERCERA VEZ

«Sólo contemplando la humanidad sufriente de Jesús podemos hacernos mansos, humildes, tiernos como Él. No hay otro camino» (Homilía en Santa Marta. 12-IX-2013).

Enseñar al que no sabe: Por los niños que no tienen acceso a una enseñanza digna. Por los jóvenes que se sienten manipulados ideológicamente.

X + JESÚS, DESPOJADO DE SUS VESTIDOS

«Esta es una buena ocasión para hacer una invitación a la Iglesia a despojarse. ¡Pero la Iglesia somos todos! Desde el primer bautizado, todos somos Iglesia y todos debemos ir por el camino de Jesús, que recorrió un camino de despojamiento. Alguno dirá: “¿Pero de qué debe despojarse la Iglesia?”. Debe despojarse hoy de un peligro gravísimo, que amenaza a cada persona en la Iglesia: el peligro de la mundanidad» (Con pobres asistidos por Cáritas en Asís. 4-X-2013).

Corregir al que se equivoca: Por las víctimas de los cambios profundos de nuestra sociedad. Por aquellos a quienes les resulta difícil aprender a amar.

XI + JESÚS, CLAVADO EN LA CRUZ

«En el fracaso de la Cruz se ve el amor que nos da Jesús. Hablar de potencia y de fuerza, para el cristiano, significa hacer referencia a la potencia de la Cruz y a la fuerza del amor de Jesús: un amor que permanece firme e íntegro, incluso ante el rechazo» (Domingo de Cristo Rey. 22-XI-2015).
Consolar al triste: Por los que recorren la vida entre lágrimas, amarguras y soledades

XII + JESÚS MUERE EN LA CRUZ

«La primera verdad de la Iglesia es el amor de Cristo. De este amor, que llega hasta el perdón y al don de sí, la Iglesia se hace sierva y mediadora ante los hombres. Por tanto, donde la Iglesia esté presente, allí debe ser evidente la misericordia del Padre. En nuestras parroquias, en las comunidades, en las asociaciones y movimientos, en fin, dondequiera que haya cristianos, cualquiera debería poder encontrar un oasis de misericordia» (Misericordiae vultus, 12).

Perdonar al que nos ofende: Por el que no sabe perdonar, y vive con el odio en su interior.

XIII + JESÚS EN LOS BRAZOS DE SU MADRE

«Cuando dirigimos la mirada a la cruz donde Jesús estuvo clavado, contemplamos el signo del amor, del amor infinito de Dios por cada uno de nosotros y la raíz de nuestra salvación. De esa cruz brota la misericordia del Padre, que abraza al mundo entero... La cruz de Jesús es nuestra única esperanza verdadera» (Ángelus. 14-IX-2014).

Sufrir con paciencia los defectos del prójimo: Por las personas que nos caen mal, las que nos molestan, las que su trato no nos resulta fácil.

XIV + JESÚS ES PUESTO EN EL SEPULCRO

«Si Dios se detuviera en la justicia dejaría de ser Dios, sería como todos los hombres que invocan respeto por la ley. La justicia por sí misma no basta, y la experiencia enseña que apelando solamente a ella se corre el riesgo de destruirla. Por esto Dios va más allá de la justicia con la misericordia y el perdón. Esta justicia de Dios es la misericordia concedida a todos como gracia en razón de la muerte y resurrección de Jesucristo» (Misericordiae vultus, 21).

Rezar por los vivos y difuntos: Por todos a los que pudiéramos ayudar con la oración.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Mensaje del Papa para Cuaresma: «Misericordia quiero y no sacrificio»

El Papa Francisco ha titulado su Mensaje para la Cuaresma del Jubileo de la Misericordia con las palabras «Misericordia quiero y no sacrificio» (Mt 9, 13), destacando las obras de misericordia en el camino jubilar.

En el primer punto, «María, icono de una Iglesia que evangeliza porque es evangelizada», evocando el Magníficat, el Papa invita a que «la Cuaresma de este Año Jubilar sea vivida con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios». Y señala que, con la invitación a escuchar la Palabra de Dios y a participar en la iniciativa «24 horas para el Señor», hace hincapié en la primacía de la «escucha orante de la Palabra, especialmente de la palabra profética. La misericordia de Dios, en efecto, es un anuncio al mundo: pero cada cristiano está llamado a experimentar en primera persona ese anuncio».

En el segundo punto, «La alianza de Dios con los hombres: una historia de misericordia», recuerda «el misterio de la misericordia divina» que se revela a lo largo de la historia de la alianza entre Dios -siempre rico en misericordia y ternura- y su pueblo. «Drama de amor» que «alcanza su culmen en Jesús el Hijo hecho hombre. En él Dios derrama su ilimitada misericordia hasta tal punto que hace de él la «Misericordia encarnada». 

En el tercer punto, «Las obras de misericordia», el Papa subraya la importancia de estas, y desea que el pueblo cristiano reflexione sobre ellas durante el Jubileo: «será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina».

El mensaje termina con esta exhortación: «No perdamos este tiempo de Cuaresma favorable para la conversión. Lo pedimos por la intercesión materna de la Virgen María, que fue la primera que, frente a la grandeza de la misericordia divina que recibió gratuitamente, confesó su propia pequeñez, reconociéndose como la humilde esclava del Señor».