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martes, 3 de abril de 2018

Vergüenza, arrepentimiento, esperanza

Oración del Papa Francisco en el Via Crucis del Coliseo de Roma



«Señor Jesús, nuestra mirada está dirigida a ti, llena de vergüenza, de arrepentimiento y de esperanza.
 
Ante tu amor supremo, la vergüenza nos impregna por haberte dejado sufrir en soledad nuestros pecados:
 
La vergüenza de haber huido ante la prueba a pesar de haber dicho miles de veces “incluso si todos te abandonan, yo no te abandonaré jamás”.
 
La vergüenza de haber elegido a Barrabás y no a ti, el poder y no a ti, la apariencia y no a ti, el dinero y no a ti, la mundanidad y no la eternidad.
 
La vergüenza por haberte tentado con la boca y con el corazón cada vez que nos hemos encontrado ante una prueba, diciéndote: “si tú eres el Mesías, sálvate y creeremos”.
 
La vergüenza por tantas personas, incluso algunos de tus ministros, que se han dejado engañar por la ambición y por la vana gloria perdiendo su dignidad y su primer amor.
 
La vergüenza porque nuestras generaciones están dejando a los jóvenes un mundo fracturado por las divisiones y por las guerras; un mundo devorado por el egoísmo donde los jóvenes, los pequeños, los enfermos, los ancianos son marginados.
 

jueves, 15 de febrero de 2018

«Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (Mt 24,12)



El Papa Francisco en su Mensaje para la Cuaresma escribe que «una vez más nos sale al encuentro la Pascua del Señor», y explica que para prepararnos a recibirla, la Providencia de Dios nos ofrece cada año la Cuaresma, que define «signo sacramental de nuestra conversión».

Un Mensaje mediante el cual desea «ayudar a toda la Iglesia a vivir con gozo y con verdad este tiempo de gracia», y lo hace inspirándose en una expresión de Jesús según el Evangelio de Mateo: «Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría».
 
«Esta frase -explica el pontífice, se encuentra en el discurso que habla del fin de los tiempos, ambientado en el Monte de los Olivos, donde tiene comienzo la pasión del Señor». Y añade: «Frente a acontecimientos dolorosos «algunos falsos profetas engañarán a mucha gente hasta amenazar con apagar la caridad en los corazones».

Los falsos profetas

Según Francisco, se trata de «los encantadores de serpientes, que se aprovechan de las emociones humanas para esclavizar a las personas y llevarlas adonde ellos quieren, y los charlatanes que ofrecen soluciones sencillas e inmediatas para los sufrimientos». Para no caer en los engaños del padre de la mentira, el Para invita a «no quedarnos en un nivel inmediato, superficial, sino a reconocer qué cosas son las que dejan en nuestro interior una huella buena y duradera, porque vienen de Dios y sirven para nuestro bien».

A continuación, Francisco aborda nuevamente un tema para él querido: el de las enfermedades del corazón. Y lo hace citando a Dante en la Divina Comedia, que describe el infierno como un lugar de frío, donde la llama del amor se ha extinguido. Las señales que indican que el amor corre el riesgo de apagarse son «la avidez por el dinero, el rechazo de Dios, y la violencia contra aquellos que consideramos una amenaza a nuestras certezas».

¿Qué hacer?

La Cuaresma nos propone la medicina de la oración, el ayuno y la limosna para combatir estas dolencias.

Por medio de la oración, el corazón descubre «las mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos». La limosna, «nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano». Y finalmente, el ayuno «debilita nuestra violencia, nos desarma, y es una importante ocasión para crecer, permitiéndonos experimentar lo que sienten aquellos que carecen de lo indispensable».

24 horas para el Señor

Por último, el Papa anima a repetir en al menos una iglesia de cada diócesis, la iniciativa «24 horas para el Señor», el 9 y 10 de marzo, y la celebración del sacramento de la reconciliación en el marco de la adoración eucarística, porque «si en muchos corazones a veces da la impresión de que la caridad se ha apagado, en el corazón de Dios no se apaga. Él siempre nos da una nueva oportunidad para que podamos empezar a amar de nuevo».

lunes, 15 de enero de 2018

Las familias, custodios de la vida

En su alocución de la Fiesta de la Sagrada Familia, el Papa Francisco invitó a reflexionar sobre la experiencia vivida por María, José y Jesús, mientras crecen juntos como familia en el amor recíproco y en la confianza en Dios. «La expresión de esta confianza -afirmó el Pontífice- es el rito realizado por María y José con la ofrenda del hijo Jesús a Dios: “Llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor” (Lc 2, 22), como exigía la ley de Moisés. Los padres de Jesús van al templo para confirmar que el hijo pertenece a Dios y que ellos son custodios de su vida y no los propietarios».

Este gesto, precisó el Papa, indica que solamente Dios es el Señor de la historia individual y familiar; y que todo nos viene de Él y por ello, toda familia está llamada a reconocer tal primacía, cuidando y educando a los hijos a abrirse a Dios que es la fuente misma de la vida. «Por aquí pasa el secreto de la juventud interior, testimoniado paradójicamente en el Evangelio - señaló el Santo Padre- por una pareja de ancianos, Simeón y Ana. El viejo Simeón, en particular, inspirado por el Espíritu Santo dice a propósito del niño Jesús: “Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción [...] así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos” (vv. 34-35)».

lunes, 20 de noviembre de 2017

El “corazón” de la Iglesia... la Eucaristía

En su catequesis de la Audiencia General del segundo miércoles de noviembre el Papa Francisco propuso un nuevo ciclo de reflexiones centradas en el “corazón” de la Iglesia, en la Eucaristía. Y explicó que es fundamental para los cristianos conocer el valor de la Santa Misa, a fin de vivir cada vez más plenamente nuestra relación con Dios.

El Papa afirmó que no podemos olvidar al gran número de cristianos que, a lo largo de la historia, han resistido hasta la muerte para defender la Eucaristía; a la vez que tantos hoy, arriesgan su vida al participar en la Misa dominical.

Después de remontarse al lejano año 304 -durante las persecuciones de Diocleciano- para recordar la respuesta de un grupo de cristianos -arrestados por haber sido sorprendidos mientras celebraban la Misa- quienes habían declarado: «Sin el domingo no podemos vivir»; el Papa explicó que esto significa que «si no podemos celebrar la Eucaristía, no podemos vivir», o que «nuestra vida cristiana moriría».

Este testimonio «nos interpela a todos pidiéndonos una respuesta acerca del significado que tiene, para cada uno de nosotros, el hecho de participar en el Sacrificio de la Misa y acercarnos a la Mesa del Señor».

De ahí las preguntas que formuló el Papa: «¿Estamos buscando aquella fuente de la que brota el agua viva para la vida eterna; que hace de nuestra vida un sacrificio espiritual de alabanza y de agradecimiento y hace de nosotros un solo cuerpo en Cristo?»

«Éste -respondió- es el sentido más profundo de la Santa Eucaristía, que significa “agradecimiento”. Sí, agradecimiento a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo que nos implica y nos transforma en su comunión de amor».

El Papa Francisco afirmó que en sus próximas catequesis dará respuesta a algunas preguntas importantes sobre la Eucaristía y la Misa, para redescubrir, o incluso descubrir, cómo a través de este misterio de la fe resplandece el amor de Dios.

Tras aludir al Concilio Ecuménico Vaticano II concluyó afirmando que los Padres conciliares subrayaron que la formación litúrgica de los fieles es indispensable para la verdadera renovación. «Y es precisamente también ésta -dijo textualmente- la finalidad del ciclo de catequesis que hoy comenzamos: crecer en el conocimiento del gran don que Dios nos ha dado en la Eucaristía».

martes, 17 de octubre de 2017

La inadmisible pena de muerte

Siguiendo en el camino marcado por San Juan Pablo II, el Papa Francisco -en un discurso pronunciado el 11 de octubre con motivo del 25 aniversario del Catecismo de la Doctrina Católica- ha declarado que «se debe afirmar con fuerza que la pena de muerte es una medida inhumana que humilla, en todas sus formas, la dignidad de la persona» y «es, en sí misma contraria al Evangelio porque se decide voluntariamente suprimir una vida humana que es siempre sagrada a los ojos del Creador». Por lo tanto «es necesario confirmar que, por grave que pueda ser el delito cometido, la pena de muerte es inadmisible ya que atenta contra la inviolabilidad y dignidad de la persona humana».

Hace 25 años, Juan Pablo II sufrió fuertes críticas de los católicos de Estados Unidos al proclamar en el nuevo Catecismo que en la mayoría de los países con un cierto nivel de desarrollo ya no se daban las circunstancias para condenar a nadie a la pena de muerte, por existir medios alternativos para impedir que la persona cometa nuevos daños.

El Papa afirma que el Catecismo debe modificarse de nuevo para excluir esa condena en todos los casos, recogiendo «no solo el progreso de la doctrina a cargo de los últimos Pontífices sino también la nueva conciencia del pueblo cristiano, que rechaza una pena que daña gravemente la dignidad humana».

El Papa reconoce que «en siglos pasados, la pena de muerte parecía la consecuencia lógica de la aplicación de la justicia», y «por desgracia, también en el Estado Pontificio se recurrió a este remedio inhumano». Una desviación del Evangelio, «por una mentalidad más legalista que cristiana».

martes, 3 de octubre de 2017

Compartir el Viaje Tender la mano #ShareJourney

«La esperanza es lo que impulsa los corazones de aquellos que emprenden el viaje», afirmó el pasado 27 de septiembre el Papa Francisco al inaugurar la Campaña Mundial sobre Migración «Comparte el Viaje» que ha puesto en marcha Cáritas Internationalis.

Durante la Audiencia General semanal en la Plaza de San Pedro, al lanzar esta campaña de dos años, alertó contra los que llama «los enemigos de la esperanza»: «Hermanos y hermanas, ¡No tenemos miedo de compartir el viaje! ¡No tenemos miedo de compartir la esperanza!»

El Papa hizo el gesto de “tender la mano” -que Cáritas pone en el centro de su campaña- abriendo sus brazos. «Tender la mano» quiere ser el símbolo de una acción global específica para conocer a migrantes, escuchar sus historias y compartir sus viajes. Por ello, Cáritas ha pedido a sus voluntarios y colaboradores en todo el mundo que se sumen a este gesto en una campaña de concienciación en las redes sociales.

El cardenal Luis Antonio Tagle, arzobispo de Manila y presidente de Cáritas Internationalis, en una rueda de prensa celebrada tras la Audiencia general, aseguró que «si establecemos vínculos con los refugiados y los migrantes derribaremos las barreras con las que algunos están tratando de separarnos. La campaña nos llama a reconocer, restaurar y compartir nuestra humanidad común».

Para Cáritas Española, este lanzamiento se produce en un momento muy oportuno, ya que tiene lugar dos días después de que expirar, con un resultado desalentador, el plazo fijado por la Unión Europea para acoger a más de 180.000 personas refugiadas. El caso de nuestro país es especialmente grave, pues si el conjunto de la Unión sólo ha completado una cuarta parte de los cupos fijados, España, que se había comprometido a recibir a 17.337 refugiados, únicamente ha abierto sus puertas al 11% de ese contingente.

Para más información: http://journey.caritas.org/es

martes, 19 de septiembre de 2017

Demos el primer paso

"Ser constructores de paz, que allá donde haya odio y resentimiento, pongamos amor y misericordia"

«La misericordia y la verdad se han encontrado, la justicia y la paz se han besado» (Sal 85, 11). Con este verso del salmo el Papa Francisco recordaba, en la Audiencia General del pasado 13 de septiembre, lo vivido en su reciente viaje a Colombia. Y de una manera muy especial, revivía el Encuentro por la Paz y la Reconciliación, celebrado en Villavicencio el 8 de sptiembre. «Estas palabras proféticas llenas de gracia -añadió- las vimos encarnadas en las historias de los testigos, que hablaron en nombre de muchos que a partir de sus heridas, con la gracia de Cristo, salieron de sí mismos y se abrieron al encuentro, al perdón, a la reconciliación».

Hasta Villavicencio, llegaron sobrevivientes y víctimas de distintas regiones de Colombia, y ocupó un lugar especial el Cristo mutilado de Bojayá (Chocó), representación de la masacre ocurrida en 2002, cuando una bomba, arrojada por las Farc, mató a 79 personas que se refugiaban en una iglesia.

Varias personas compartieron su testimonio, símbolo de perdón entre los diferentes actores de la guerra: Luz Dary Landazury, víctima de la explosión de un artefacto; Deisy Sánchez Rey, excombatiente de las paramilitares Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), Juan Carlos Murcia, exguerrillero de las Farc. Y una mujer... que ha impactado al mundo: Pastora Mira.
 
Pastora Mira, tras depositar en el altar la camiseta de su hijo
Estas fueron sus palabras:

«Santidad, me llamo Pastora Mira García, soy católica, viuda y, en varias ocasiones, víctima de la violencia. Cuando tenía 6 años, la guerrilla y los paramilitares no habían llegado todavía a mi pueblo: San Carlos, Antioquia. Mi padre fue matado. Años más tarde, pude cuidar a su asesino, quien, en ese momento, se había enfermado, era ya anciano y estaba abandonado.

Cuando mi hija tenía solo 2 meses, mataron a mi primer marido. En seguida, entré a trabajar en la inspección de policía, pero tuve que renunciar por las amenazas de la guerrilla y los paramilitares, que se habían instalado en la zona. Con muchos esfuerzos logré montar una juguetería, pero la guerrilla empezó a cobrarme vacunas, por lo cual terminé regalando las mercancías.

En 2001, los paramilitares desaparecieron a mi hija Sandra Paola; emprendí su búsqueda, pero encontré el cadáver solo después de haberlo llorado por 7 años. Todo este sufrimiento me ha hecho más sensible al dolor ajeno y, a partir de 2004, trabajo con las familias de las víctimas de desaparición forzada y con los desplazados.

¡Pero no todo estaba aún cumplido! En 2005, el Bloque Héroes de Granada, de los paramilitares, asesinó a Jorge Aníbal, mi hijo menor. Tres días después de haberlo sepultado, atendí, herido, a un jovencito y lo puse a descansar en la misma cama que había pertenecido a Jorge Aníbal. Al salir de la casa, el joven vio sus fotos y reaccionó contándome que era uno de sus asesinos y cómo lo habían torturado antes de matarlo. Doy gracias a Dios que, con la ayuda de Mamita María, me dio la fuerza de servirle sin causarle daño, a pesar de mi indecible dolor.

Ahora coloco este dolor y el sufrimiento de las miles de víctimas de Colombia a los pies de Jesús Crucificado, para que se una al suyo y, a través de la plegaria de Su Santidad, sea transformado en bendición y capacidad de perdón para romper el ciclo de violencia de las últimas 5 décadas en Colombia. Como signo de esta ofrenda de dolor, depongo a los pies de la cruz de Bojayá la camisa que Sandra Paola, mi hija desaparecida, había regalado a Jorge Aníbal, el hijo que me mataron los paramilitares. La conservamos en familia como auspicio de que todo esto nunca más vaya a ocurrir y la paz triunfe en Colombia.

Dios transforme el corazón de quienes se niegan a creer que con Cristo todo puede cambiar y no tienen la esperanza de un país en paz y más solidario».

Estas palabras fueron escuchadas por los presentes y por un Papa Francisco visiblemente emocionado que contestó lo siguiente: «Pastora Mira, tú lo has dicho muy bien: Quieres poner todo tu dolor, y el de miles de víctimas, a los pies de Jesús Crucificado, para que se una al de Él y así sea transformado en bendición y capacidad de perdón para romper el ciclo de violencia que ha imperado en Colombia. Y tienes razón: la violencia engendra violencia, el odio engendra más odio, y la muerte más muerte. Tenemos que romper esa cadena que se presenta como ineludible, y eso sólo es posible con el perdón y la reconciliación concreta. Y tú, querida Pastora, y tantos otros como tú, nos han demostrado que esto es posible. Con la ayuda de Cristo, de Cristo vivo en medio de la comunidad es posible vencer el odio, es posible vencer la muerte, es posible comenzar de nuevo y alumbrar una Colombia nueva. Gracias, Pastora, qué gran bien nos haces hoy a todos con el testimonio de tu vida. Es el crucificado de Bojayá quien te ha dado esa fuerza para perdonar y para amar, y para ayudarte a ver en la camisa que tu hija Sandra Paola regaló a tu hijo Jorge Aníbal, no sólo el recuerdo de sus muertes, sino la esperanza de que la paz triunfe definitivamente en Colombia. ¡Gracias, gracias!».

Y acabó diciendo: «Colombia, abre tu corazón de pueblo de Dios, déjate reconciliar. No le temas a la verdad ni a la justicia. Queridos colombianos: No tengan miedo a pedir y a ofrecer el perdón. No se resistan a la reconciliación para acercarse, reencontrarse como hermanos y superar las enemistades. Es hora de sanar heridas, de tender puentes, de limar diferencias. Es la hora para desactivar los odios, y renunciar a las venganzas, y abrirse a la convivencia basada en la justicia, en la verdad y en la creación de una verdadera cultura del encuentro fraterno. Que podamos habitar en armonía y fraternidad, como desea el Señor. Pidámosle ser constructores de paz, que allá donde haya odio y resentimiento, pongamos amor y misericordia».

Cerca de todos hay historias de sufrimiento y amargura, hagamos también que haya también y, sobre todo, historias de amor y perdón que nos hablan de vida y esperanza; de no dejar que el odio, la venganza o el dolor se apoderen de nuestro corazón.

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El Papa Francisco rezando ante
el Cristo mutilado de Bojayá
«Nos reunimos a los pies del Crucificado de Bojayá, que el 2 de mayo de 2002 presenció y sufrió la masacre de decenas de personas refugiadas en su iglesia. Esta imagen tiene un fuerte valor simbólico y espiritual. Al mirarla contemplamos no sólo lo que ocurrió aquel día, sino también tanto dolor, tanta muerte, tantas vidas rotas, tanta sangre derramada en la Colombia de los últimos decenios. Ver a Cristo así, mutilado y herido, nos interpela. Ya no tiene brazos y su cuerpo ya no está, pero conserva su rostro y con él nos mira y nos ama. Cristo roto y amputado, para nosotros es “más Cristo” aún, porque nos muestra una vez más que Él vino para sufrir por su pueblo y con su pueblo; y para enseñarnos también que el odio no tiene la última palabra, que el amor es más fuerte que la muerte y la violencia. Nos enseña a transformar el dolor en fuente de vida y resurrección, para que junto a Él y con Él aprendamos la fuerza del perdón, la grandeza del amor».

domingo, 17 de septiembre de 2017

“Parroquias al servicio de la misión”

«Las parroquias tienen que estar en contacto con los hogares, con la vida de la gente, con la vida del pueblo. Tienen que ser casas donde la puerta esté siempre abierta para salir hacia los demás. Y es importante que la salida siga una clara propuesta de fe. Se trata de abrir las puertas y dejar que Jesús salga afuera con toda la alegría de su mensaje. Pidamos por nuestras parroquias, para que no sean oficinas funcionales sino que animadas por un espíritu misionero, sean lugares de transmisión de la fe y testimonio de la caridad».
 
Papa Francisco. El Vídeo del Papa. Septiembre 2017

Rezamos con el Papa en el mes de Septiembre 

«La parroquia no es una estructura caduca; precisamente porque tiene una gran plasticidad, puede tomar formas muy diversas que requieren la docilidad y la creatividad misionera del Pastor y de la comunidad. Aunque ciertamente no es la única institución evangelizadora, si es capaz de reformarse y adaptarse continuamente, seguirá siendo “la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos y de sus hijas”. Esto supone que realmente esté en contacto con los hogares y con la vida del pueblo, y no se convierta en una prolija estructura separada de la gente o en un grupo de selectos que se miran a sí mismos. La parroquia es presencia eclesial en el territorio, ámbito de la escucha de la Palabra, del crecimiento de la vida cristiana, del diálogo, del anuncio, de la caridad generosa, de la adoración y la celebración. A través de todas sus actividades, la parroquia alienta y forma a sus miembros para que sean agentes de evangelización. Es comunidad de comunidades, santuario donde los sedientos van a beber para seguir caminando, y centro de constante envío misionero. Pero tenemos que reconocer que el llamado a la revisión y renovación de las parroquias todavía no ha dado suficientes frutos en orden a que estén todavía más cerca de la gente, que sean ámbitos de viva comunión y participación, y se orienten completamente a la misión».

Evangelii Gaudium, 28

martes, 4 de julio de 2017

Servir a los hermanos como Él y con Él

El Papa con Mons. Omella
«Jesús camina delante de ustedes y les pide que lo sigan con decisión en su camino» recordó el Papa Francisco a los cinco nuevos cardenales -entre los que se encontraba el Arzobispo de Barcelona, Mons. Omella- creados en el Consistorio Ordinario Público que presidió el 28 de junio.

Retomando la imagen del pasaje del Evangelio de Marcos que describe la escena de Jesús con sus discípulos mientras iban de camino a Jerusalén, el Papa hizo hincapié en la importancia de seguir a Jesús, «sin distraerse por intereses que no son coherentes con la voluntad de Jesús, que es la voluntad del Padre». Jesús -afirmó el Papa- «no los ha llamado para que se conviertan en “príncipes” en la Iglesia, para que se “sienten a su derecha o a su izquierda”. Los llama a servir como Él y con Él».

Puntualizó que la realidad es otra: la realidad es la cruz, es el pecado del cual Jesús ha venido a liberar al mundo. «La realidad son los inocentes que sufren y mueren a causa de las guerras y el terrorismo, es la esclavitud que no cesa de pisar la dignidad también en la época de los derechos humanos»; la realidad es la «de los campos de prófugos», «la del descarte sistemático», incluidas las personas. Esto -subrayó- es lo que Jesús ve mientras camina a Jerusalén.

Siguiendo a Jesús, aseguró a los nuevos cardenales: «también ustedes caminan delante del pueblo de Dios, teniendo la mirada fija en la Cruz». Y pidió que el Espíritu Santo «reduzca toda distancia entre nuestro corazón y el corazón de Cristo, para que toda nuestra vida sea un servicio a Dios y a los hermanos».

lunes, 15 de mayo de 2017

El Papa Francisco en Fátima

Del 12 al 13 de mayo, el Papa Francisco ha peregrinado al Fátima, con motivo del Centenario de las apariciones de la Virgen María y la Canonización de Francisco y Jacinta, dos de los tres pastorcillos presentes en las apariciones.

Un viaje en el que el Papa ha cumplido su anhelo de encontrarse con Nuestra Señora de Fátima, a la que, en su primera oración ante ella, expresó: «Vengo como profeta y mensajero para lavar los pies a todos, en torno a la misma mesa que nos une» y pidió «Desde tu Inmaculado Corazón, haznos peregrinos como tu fuiste peregrina. Acrecienta la alegría de la Iglesia de Cristo. Con tu mirada de dulzura, fortalece la esperanza de los hijos de Dios. Con tus manos orantes que elevas al Señor, une a todos en una única familia humana».

El Papa nos pide que sigamos el ejemplo de los pastorcillos: «Recorreremos así todas las rutas seremos peregrinos de todos los caminos, derribaremos todos los muros y superaremos todas las fronteras, yendo a todas las periferias, para revelar allí la justicia y la paz de Dios. Seremos, con la alegría del Evangelio, la Iglesia vestida de blanco».

martes, 28 de febrero de 2017

MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO PARA LA CUARESMA 2017

Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte. Y en este tiempo recibimos siempre una fuerte llamada a la conversión: el cristiano está llamado a volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor. Jesús es el amigo fiel que nunca nos abandona, porque incluso cuando pecamos espera pacientemente que volvamos a él y, con esta espera, manifiesta su voluntad de perdonar (cf. Homilía, 8 enero 2016).

La Cuaresma es un tiempo propicio para intensificar la vida del espíritu a través de los medios santos que la Iglesia nos ofrece: el ayuno, la oración y la limosna. En la base de todo está la Palabra de Dios, que en este tiempo se nos invita a escuchar y a meditar con mayor frecuencia. En concreto, quisiera centrarme aquí en la parábola del hombre rico y el pobre Lázaro (cf. Lc 16,19-31). Dejémonos guiar por este relato tan significativo, que nos da la clave para entender cómo hemos de comportarnos para alcanzar la verdadera felicidad y la vida eterna, exhortándonos a una sincera conversión.

El otro es un don

La parábola comienza presentando a los dos personajes principales, pero el pobre es el que viene descrito con más detalle: él se encuentra en una situación desesperada y no tiene fuerza ni para levantarse, está echado a la puerta del rico y come las migajas que caen de su mesa, tiene llagas por todo el cuerpo y los perros vienen a lamérselas (cf. vv. 20-21). El cuadro es sombrío, y el hombre degradado y humillado.

La escena resulta aún más dramática si consideramos que el pobre se llamaa Lázaro: un nombre repleto de promesas, que significa literalmente «Dios ayuda». Este no es un personaje anónimo, tiene rasgos precisos y se presenta como alguien con una historia personal. Mientras que para el rico es como si fuera invisible, para nosotros es alguien conocido y casi familiar, tiene un rostro; y, como tal, es un don, un tesoro de valor incalculable, un ser querido, amado, recordado por Dios, aunque su condición concreta sea la de un desecho humano (cf. Homilía, 8 enero 2016).

Lázaro nos enseña que el otro es un don. La justa relación con las personas consiste en reconocer con gratitud su valor. Incluso el pobre en la puerta del rico, no es una carga molesta, sino una llamada a convertirse y a cambiar de vida. La primera invitación que nos hace esta parábola es la de abrir la puerta de nuestro corazón al otro, porque cada persona es un don, sea vecino nuestro o un pobre desconocido. La Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta a cualquier necesitado y reconocer en él o en ella el rostro de Cristo. Cada uno de nosotros los encontramos en nuestro camino. Cada vida que encontramos es un don y merece acogida, respeto y amor. La Palabra de Dios nos ayuda a abrir los ojos para acoger la vida y amarla, sobre todo cuando es débil. Pero para hacer esto hay que tomar en serio también lo que el Evangelio nos revela acerca del hombre rico.

El pecado nos ciega

La parábola es despiadada al mostrar las contradicciones en las que se encuentra el rico (cf. v. 19). Este personaje, al contrario que el pobre Lázaro, no tiene un nombre, se le califica sólo como «rico». Su opulencia se manifiesta en la ropa que viste, de un lujo exagerado. La púrpura, en efecto, era muy valiosa, más que la plata y el oro, y por eso estaba reservada a las divinidades (cf. Jr 10,9) y a los reyes (cf. Jc 8,26). La tela era de un lino especial que contribuía a dar al aspecto un carácter casi sagrado. Por tanto, la riqueza de este hombre es excesiva, también porque la exhibía de manera habitual todos los días: «Banqueteaba espléndidamente cada día» (v. 19). En él se vislumbra de forma patente la corrupción del pecado, que se realiza en tres momentos sucesivos: el amor al dinero, la vanidad y la soberbia (cf. Homilía, 20 septiembre 2013).

El apóstol Pablo dice que «la codicia es la raíz de todos los males» (1 Tm 6,10). Esta es la causa principal de la corrupción y fuente de envidias, pleitos y recelos. El dinero puede llegar a dominarnos hasta convertirse en un ídolo tiránico (cf. Evangelii gaudium, 55). En lugar de ser un instrumento a nuestro servicio para hacer el bien y ejercer la solidaridad con los demás, el dinero puede someternos, a nosotros y a todo el mundo, a una lógica egoísta que no deja lugar al amor e impide la paz.

La parábola nos muestra cómo la codicia del rico lo hace vanidoso. Su personalidad se desarrolla en la apariencia, en hacer ver a los demás lo que él se puede permitir. Pero la apariencia esconde un vacío interior. Su vida está prisionera de la exterioridad, de la dimensión más superficial y efímera de la existencia (cf. ibíd., 62).

El peldaño más bajo de esta decadencia moral es la soberbia. El hombre rico se viste como si fuera un rey, simula las maneras de un dios, olvidando que es simplemente un mortal. Para el hombre corrompido por el amor a las riquezas, no existe otra cosa que el propio yo, y por eso las personas que están a su alrededor no merecen su atención. El fruto del apego al dinero es una especie de ceguera: el rico no ve al pobre hambriento, llagado y postrado en su humillación.

Cuando miramos a este personaje, se entiende por qué el Evangelio condena con tanta claridad el amor al dinero: «Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero» (Mt 6,24).

La Palabra es un don

El Evangelio del rico y el pobre Lázaro nos ayuda a prepararnos bien para la Pascua que se acerca. La liturgia del Miércoles de Ceniza nos invita a vivir una experiencia semejante a la que el rico ha vivido de manera muy dramática. El sacerdote, mientras impone la ceniza en la cabeza, dice las siguientes palabras: «Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás». El rico y el pobre, en efecto, mueren, y la parte principal de la parábola se desarrolla en el más allá. Los dos personajes descubren de repente que «sin nada vinimos al mundo, y sin nada nos iremos de él» (1 Tm 6,7).

También nuestra mirada se dirige al más allá, donde el rico mantiene un diálogo con Abraham, al que llama «padre» (Lc 16,24.27), demostrando que pertenece al pueblo de Dios. Este aspecto hace que su vida sea todavía más contradictoria, ya que hasta ahora no se había dicho nada de su relación con Dios. En efecto, en su vida no había lugar para Dios, siendo él mismo su único dios.


El rico sólo reconoce a Lázaro en medio de los tormentos de la otra vida, y quiere que sea el pobre quien le alivie su sufrimiento con un poco de agua. Los gestos que se piden a Lázaro son semejantes a los que el rico hubiera tenido que hacer y nunca realizó. Abraham, sin embargo, le explica: «Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces» (v. 25). En el más allá se restablece una cierta equidad y los males de la vida se equilibran con los bienes.

La parábola se prolonga, y de esta manera su mensaje se dirige a todos los cristianos. En efecto, el rico, cuyos hermanos todavía viven, pide a Abraham que les envíe a Lázaro para advertirles; pero Abraham le responde: «Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen» (v. 29). Y, frente a la objeción del rico, añade: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto» (v. 31).

De esta manera se descubre el verdadero problema del rico: la raíz de sus males está en no prestar oído a la Palabra de Dios; esto es lo que le llevó a no amar ya a Dios y por tanto a despreciar al prójimo. La Palabra de Dios es una fuerza viva, capaz de suscitar la conversión del corazón de los hombres y orientar nuevamente a Dios. Cerrar el corazón al don de Dios que habla tiene como efecto cerrar el corazón al don del hermano.

Queridos hermanos y hermanas, la Cuaresma es el tiempo propicio para renovarse en el encuentro con Cristo vivo en su Palabra, en los sacramentos y en el prójimo. El Señor -que en los cuarenta días que pasó en el desierto venció los engaños del Tentador- nos muestra el camino a seguir. Que el Espíritu Santo nos guíe a realizar un verdadero camino de conversión, para redescubrir el don de la Palabra de Dios, ser purificados del pecado que nos ciega y servir a Cristo presente en los hermanos necesitados. Animo a todos los fieles a que manifiesten también esta renovación espiritual participando en las campañas de Cuaresma que muchas organizaciones de la Iglesia promueven en distintas partes del mundo para que aumente la cultura del encuentro en la única familia humana. Oremos unos por otros para que, participando de la victoria de Cristo, sepamos abrir nuestras puertas a los débiles y a los pobres. Entonces viviremos y daremos un testimonio pleno de la alegría de la Pascua.

Francisco

domingo, 1 de enero de 2017

¡Feliz Navidad, hermanos, y que Jesús, con María y José, sea Fuente de Alegría y Esperanza para toda vuestra Familia en al Año Nuevo 2017!

«La no violencia: un estilo de política para la paz»

«La no violencia: un estilo de política para la paz», es el tema del Mensaje del Papa para la 50 Jornada Mundial de la Paz, que se celebrará el 1 de enero 2017.

«Deseo la paz a cada hombre, mujer, niño y niña, a la vez que rezo para que la imagen y semejanza de Dios en cada persona nos permita reconocernos unos a otros como dones sagrados dotados de una inmensa dignidad». Con estas palabras el Papa comienza su mensaje para esta Jornada y resalta la necesidad de respetar la dignidad más profunda de las personas «especialmente en situaciones de conflicto» con la invitación a hacer «de la no violencia activa nuestro estilo de vida».

En el mensaje el Obispo de Roma reflexiona sobre «la no violencia como un estilo de política para la paz» y expresa su deseo de que ésta «se trasforme, desde el nivel local y cotidiano hasta el orden mundial, en el estilo característico de nuestras decisiones, de nuestras relaciones, de nuestras acciones y de la política en todas sus formas».

El Santo Padre constata una vez más la existencia de «un mundo fragmentado», y reitera, con pesar, que hoy «estamos ante una terrible guerra mundial a pedazos provocada por la violencia en distintos modos y niveles: guerras, terrorismo, criminalidad y ataques armados impredecibles; abusos contra los emigrantes y las víctimas de la trata; devastación del medio ambiente».

La reflexión del Papa va después a la vida de Jesús, recordando que también Él vivió en «tiempos de violencia» y enseñó que el verdadero campo de batalla, en el que se enfrentan la violencia y la paz, es el corazón humano. Pero el mensaje de Cristo ante esta realidad, afirma el Papa, fue predicar «incansablemente el amor incondicional de Dios que acoge y perdona y enseñó a sus discípulos a amar a los enemigos». Y por ello, dice Francisco, «ser hoy verdaderos discípulos de Jesús significa también aceptar su propuesta de no violencia».

En el mensaje el Pontifice advierte que «la fuerza de las armas es engañosa», y recordando la lucha contra la no violencia de Madre Teresa de Calcuta evidencia que «mientras los traficantes de armas hacen su trabajo, hay pobres constructores de paz que dan la vida sólo por ayudar a una persona».

Francisco habla del compromiso de la Iglesia en el desarrollo de estrategias para la promoción de la paz en muchos países, «que no es patrimonio exclusivo de la Iglesia católica», aclara, sino «que es propio de muchas tradiciones religiosas». Y reafirma con fuerza, una vez más, que «ninguna religión es terrorista».

El Papa se refiere luego a la raíz doméstica de una política no violenta, a la familia, e invita a recorrer el sendero de la no violencia allí, «en el seno de la familia», que define «lugar donde se aprende el diálogo y el respeto».

«Una ética de fraternidad y de coexistencia pacífica entre las personas y los pueblos no puede basarse sobre el miedo, la violencia y el cerrazón» afirma. De ahí su llamamiento a favor del desarme, la prohibición de las armas nucleares que «no pueden servir a este tipo de ética». Y añade... «con urgencia suplico, que se detenga la violencia doméstica y los abusos a mujeres y niños».

Finalmente el llamamiento del Pontífice a «construir la paz mediante la no violencia activa», mediante la «aportación competente de tantos cristianos en la elaboración de normativas a todos los niveles» y la invitación a los líderes políticos y religiosos a «aplicar las bienaventuranzas en el desempeño de sus propias responsabilidades».

«Es el desafío -asegura el Papa- de construir la sociedad, la comunidad o la empresa, de la que son responsables, con el estilo de los trabajadores por la paz; de dar muestras de misericordia, rechazando descartar a las personas, dañar el ambiente y querer vencer a cualquier precio».

miércoles, 21 de diciembre de 2016

El papa Francisco recibe al Obispo electo de Teruel y Albarración, D. Antonio Gómez

El pasado 14 de diciembre, en el marco de la Audiencia General de los miércoles, D. Antonio Gómez Cantero, Obispo electo de Teruel y Albarracín ha podido saludar al Papa Francisco.

lunes, 4 de julio de 2016

Aniversario sacerdotal del Papa Benedicto

Con ocasión del 65º aniversario sacerdotal del Papa emérito, el 28 de junio, se presentó en el Vaticano el libro “Enseñar y aprender el amor de Dios” que recoge textos de Joseph Ratzinger/Benedicto XVI sobre el sacerdocio. En el prefacio del libro, el Papa Francisco escribió: «Cuando leo las obras de Joseph Ratzinger/Benedicto XVI me resulta cada vez más claro que él ha hecho y hace “teología de rodillas”: de rodillas porque, antes incluso que ser un grandísimo teólogo y maestro de la fe, se ve que es un hombre que cree verdaderamente, que ora verdaderamente; se ve que es un hombre que personifica la santidad, un hombre de paz, un hombre de Dios».

Por este motivo, Francisco explicó que Joseph Ratzinger «encarna ejemplarmente el corazón de toda la acción sacerdotal: ese profundo enraizamiento en Dios sin el cual toda la capacidad organizativa posible y toda la presunta superioridad intelectual, todo el dinero y el poder resultan inútiles; él encarna esa constante relación con el Señor Jesús sin la cual nada es ya verdadero, todo se convierte en rutina, los sacerdotes en asalariados, los obispos en burócratas y la Iglesia deja de ser la Iglesia de Cristo y se convierte en un producto nuestro, una ONG a fin de cuentas superflua».

Por su parte, Benedicto XVI se mostró agradecido, y recordó el término griego que hace 65 le dijo un hermano que se ordenó con él: “Eucharistomen”, que significa gracias, pero no unas gracias normales, un gracias humano, un gracias a todos. Y así se lo dijo también al Papa Francisco, «por su bondad desde el primer momento de la elección y en cada momento». Y en este sentido añadió que «más que en los Jardines Vaticanos con toda su belleza, su bondad es el lugar donde yo vivo: me siento protegido». Asimismo, expresó el deseo de que Francisco vaya «con todos nosotros hacia delante en esta vía de la Misericordia Divina, mostrando el camino de Jesús, hacia Jesús, hacia Dios».