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lunes, 2 de abril de 2018

De las Homilías de nuestro Obispo en la Semana Santa

(Pueden leerlas íntegras en www.diocesispalencia.org)



Del Jueves Santo

Tenemos que amar la Eucaristía, el gran invento del amor de Dios. Tenemos que vivirla en profundidad. En ella Dios nos reúne, nos habla como a amigos e hijos en la Liturgia de la Palabra; nosotros hablamos con él orando. Damos gracias, hacemos memorial de su entrega, de su carne entregada por nosotros y su sangre derramada por todos; lo hacemos en comunión de fe y amor con toda la iglesia, con la iglesia peregrina, presidida por el Papa Francisco, y de la que forman parte Santa María, la Virgen, San José, los santos y los difuntos. Y con ellos damos gloria y alabamos al Padre y al Hijo y en el Espíritu Santo, a Dios, al Uno y Trino, el Dios que es amor. De ella comemos, nos alimentamos, vivimos y existimos.
Tenemos que pedir por nuestros sacerdotes, presencia sacramental de Jesucristo, presencia en las vasijas de barro de nuestras personas, pero presencia que contiene el vino del amor, el buen olor de Cristo. Tenemos que pedir por las vocaciones, de manera especial a las vocaciones diaconales y sacerdotales. “Señor, manda, obreros a tu mies, como enviaste a los apóstoles, a San Manuel González, y a tantos otros”. Los necesitamos. ¿Quién si no nos va a hablar de ti, nos va a hacer presente tu Palabra que ilumina, quién nos va a partir del pan de la unidad y la copa de la bendición de tu amor? Escúchanos, Señor.

jueves, 30 de noviembre de 2017

La alegría de creer y crear en esta tierra de Palencia

«La pastoral en clave de misión pretende abandonar el cómodo criterio pastoral de “siempre se ha hecho así”. Invito a todos a ser audaces y creativos en esta tarea de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de las propias comunidades. Una postulación de los fines sin una adecuada búsqueda comunitaria para alcanzarlos está condenada a convertirse en mera fantasía. Exhorto a todos a aplicar con generosidad y valentía las orientaciones de este documento, sin prohibiciones ni miedos. Lo importante es no caminar solos, contar siempre con los hermanos y especialmente de los obispos, en un sabio y realista discernimiento pastoral» (EG, 33).

Este plan que hoy presento a toda la comunidad eclesial de Palencia responde a esta invitación del Papa Francisco: repensar con la mente, el corazón y las manos nuestra iglesia de Palencia en la clave pastoral de la Cultura del Encuentro. Esto es lo que se ha hecho en la elaboración de este Plan y lo que se debe seguir haciendo porque no es un Plan cerrado.

Es fruto de la oración, de la escucha y la colaboración de todos. Lo ha elaborado una comisión integrada por sacerdotes, religiosos y laicos, coordinados por el Vicario de Pastoral; es futo de muchas y reiteradas consultas: al Presbiterio Diocesano, al Consejo Presbiteral, al Consejo Pastoral Diocesano, a los Consejos de Arciprestazgo o de Zona donde existen, a las distintas asociaciones, al Consejo Episcopal de Gobierno, etc.; todos han podido participar aportando análisis y sugerencias diversas. Últimamente ha sido aprobado por el Consejo Presbiteral el día 9 de octubre de 2017 y por el Consejo Pastoral Diocesano el 14 del mismo mes.

Hoy ratifico este Plan, un plan que es de todos y para todos. Un plan que debe ser aceptado como eco de lo que el Espíritu dice a esta Iglesia de Dios (cfr. Ap 2. 7, 11, 17, 29; 3. 6, 13, 22) que peregrina en Palencia en medio de «las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios» (LG 8, citando a San Agustín). Es el Espíritu Santo quien guía a su Iglesia en esta hora y en esta tierra nuestra y la convoca y provoca a la tarea de la Evangelización. «La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría» (EG, 1).
Este Plan se propone para cinco años. Lo más importante del mismo son las actitudes que se sugieren y recomiendan. Son importantes, sin duda, los objetivos, los medios, las propuestas, la temporalización, pero lo más importante son las actitudes. Estas que aquí se recomiendan son un eco de lo que recomendaba San Pablo a los fieles de Filipos: «Si queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el mismo espíritu y tenéis entrañas compasivas, dadme esta gran alegría: manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir. No obréis por rivalidad ni por ostentación, considerando por humildad a los demás superiores a vosotros. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás. Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús» (Fil 2, 1-5).

Aprovecho la ocasión para expresar mi gratitud y la de toda la Iglesia Palentina a los miembros de la Comisión y a todos los que, de una manera u otra, han colaborado en esta empresa eclesial. Animo a todos, sacerdotes, diácono, miembros de vida consagrada, fieles laicos en sus diversas y ricas expresiones de vida cristiana, a acoger, secundar y llevar a la práctica lo que aquí se propone y que será concretado poco a poco en las Programaciones anuales.

Termino elevando, en nombre de toda la Iglesia, una acción de gracias al Padre y al Señor Jesucristo, su Hijo, que siempre nos asiste con su Santo Espíritu; suplico al Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios de todo consuelo, que siga asistiéndonos con el don del Espíritu Santo y sus siete dones continuamente, porque: «Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles; si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigilan los centinelas» (Salmo 126, 1). «Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada» (Jn 15, 5).

Que la Virgen Santa María, invocada con tantos títulos en nuestra tierra, San José, San Antolín, San Francisco Fernández de Capillas, San Rafael Arnáiz, San Manuel González y todos los beatos de nuestra Iglesia, nos ayuden con su intercesión y ejemplo.

Palencia, 15 de octubre de 2017, en la fiesta de Santa Teresa de Jesús, virgen y doctora de la Iglesia.



Un PLAN de camino en clave de ENCUENTRO

El Plan Pastoral Diocesano está lleno de nombres, de ilusiones, de aportaciones dialogadas en diferentes mesas pastorales, de preguntas y apuestas de futuro, de urgencias humanas y pastorales. Recoge también el sentir la preocupación y la responsabilidad por escribir juntos un trozo de historia de la Iglesia del Señor en esta tierra, en el momento apasionante que vivimos en la Palencia de hoy, en nuestra sociedad, en tiempos de cambios y transformaciones y con horizontes nuevos.

Este Plan se concibe como una propuesta abierta a la vez que coherente. No pretende ser un documento cerrado y acabado, sino que se comprende como la propuesta de un camino dinámico y abierto, en continuo crecimiento, que cuenta con todos y todas... que se completa, se matiza, se amplía... con nuevos descubrimientos, sugerencias, reflexiones, propuestas, aportaciones... Y como libro de ruta, cómo mapa y guía para los caminantes, marca un horizonte y unas metas, traza un itinerario y un modo comunitario de caminar, lo que reclama coherencia y fidelidad al trazado que juntos hemos diseñado.

Con unas CLAVES y OPCIONES

  • La ALEGRÍA de ser creyentes y sentirnos Iglesia.
  • Vivir y ofertar la BUENA NOTICIA.
  • “OPCIÓN MISIONERA”: presencia, salida, espiritualidad.
  • Sentirnos DIÓCESIS, hacer juntos el camino.
  • Protagonismo LAICAL.

Unas ACTITUDES, un ESTILO de trabajo 


  • Ilusión y confianza.
  • Mirada atenta y escucha de la realidad.
  • Caminando, acogiendo y acompañando.
  • Cultivando la misericordia y acompañando a las personas.
  • Participando, dialogando y trabajando en equipo.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Reunión de la Provincia Eclesiástica

Los obispos de la provincia eclesiástica de Burgos mantuvieron, el pasado 8 de noviembre, en la Casa de la Iglesia de Burgos, una de sus reuniones habituales. En encuentro participaron los obispos de las diócesis de D. Juan Carlos Elizalde (Vitoria), D. Mario Iceta (Bilbao), D. Manuel Herrero (Palencia), D. Abilio Fernández (Osma-Soria), D. Fidel Herráez Vegas (arzobispo metropolitano de Burgos).

Durante la reunión, los obispos abordaron varios temas pastorales comunes a las diócesis de la provincia eclesiástica. Asimismo, esta ha sido la primera vez que el nuevo Obispo de Osma-Soria, participa en estas reuniones, que mantienen tres veces al año.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Somos una gran familia contigo

Queridos hermanos y hermanas:

El pasado domingo, 12 de noviembre, celebrábamos el Día de la Iglesia Diocesana, de nuestra Iglesia Diocesana de Palencia.

Algunos no comprenden qué es la Iglesia Diocesana. El Concilio Vaticano II dice que «la diócesis es una porción del Pueblo de Dios que se confía a un obispo para que la apaciente con la colaboración de su presbiterio. Así, unida a su pastor, que la reúne en el Espíritu Santo por medio del Evangelio y la Eucaristía, constituye una Iglesia particular» (CD, 11).

Dicho de otra manera menos técnica, quizás, es la familia de Dios aquí. Dios Padre, que nos ama tanto que nos ha entregado a su Hijo Jesús, nuestro hermano, y nos regala su Espíritu, su amor, su fuerza, su vida, nos ha hecho sus hijos y, por lo tanto, somos hermanos entre nosotros. Pero no podemos ni debemos cerrarnos: viviendo en la verdad y en el amor mutuo y fraterno, tenemos que atraer a otros para que experimenten felizmente con nosotros la alegría de sabernos familia.

Nuestra Iglesia-familia de Palencia estrena este año un Plan de Pastoral nuevo, para cinco años, que después se desarrollará en programaciones anuales. Este Plan tiene un título retador: “LA ALEGRÍA DE CREER Y CREAR EN ESTA TIERRA DE PALENCIA”.

LA ALEGRÍA, porque debe ser la nota de los cristianos, la alegría de creer; el Evangelio es Buena Noticia, lo ha sido, lo es y lo será. Dios es amor y nos ama con amor de Padre y entrañas de Madre. Desde el anuncio del ángel a María, diciéndole: alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo (Lc 1, 28), hasta las apariciones de Jesús Resucitado a los suyos, que les dice: Alegraos (Mt 26, 9).

DE CREER, es decir, de cimentar nuestra vida en el motivo de nuestra alegría, en Jesús, porque sabemos que nada ni nadie nos podrá apartar de su amor.

Y CREAR, porque, siendo débiles y pecadores, él confía en nosotros y nos invita a colaborar con él para que su reino se haga realidad visible, tangible y sea la alegría de todos, especialmente de los sencillos, humildes y pequeños. Él nos dice: id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación (Mc 16, 15).

EN ESTA TIERRA DE PALENCIA. Sí, aquí en Palencia, capital y provincia, ciudades, pueblos y barrios; en esta tierra donde nuestros mayores, movidos por la fe, nos dejaron monumentos y obras que son testigos de su fe, donde han surgido tantos misioneros, sacerdotes, religiosos, y laicos comprometidos y donde hoy nosotros tenemos que anunciar, celebrar , orar y vivir el Evangelio de la Alegría.

Tú también eres miembro de esta familia. Como cada uno, tienes a Dios por Padre, y a la comunidad cristiana, a la Iglesia, por madre; a Jesucristo, el Hijo Primogénito de Dios, y a cada cristiano por hermano; al Espíritu Santo como si fuera la sangre común que nos da vida y nos hace vivir y nos vincula en el amor. Fuiste engendrado, como nosotros, en el seno de la Iglesia doméstica de tus padres; fuiste alumbrado en día del bautismo, día en que naciste a la vida de Dios; somos alimentados por la Palabra de Dios y la Eucaristía; crecemos conociéndonos, ayudándonos, enseñándonos, pasando ratos de tertulia alegre juntos, perdonándonos unos y otros, etc. Tú tienes derecho a hacer oír tu voz y participar en la marcha de tu familia, saber qué se hace, saber con qué bienes se cuenta, cuánto entra, en qué se emplea, etc. Tú también tienes parte en la herencia común, Dios mismo, que nos abre su corazón como morada feliz eterna.

¿Cómo vivir más y mejor nuestro ser familia? Pregúntalo y actúa. Te sugiero que en estos días des gracias a Dios, a la Iglesia, a tus padres y padrinos, aunque hayan fallecido, a los sacerdotes, catequistas, a los demás cristianos que te han ayudado a creer y crecer. Que no alejes de la Iglesia, tu familia. Que mires a los otros como hermanos. Que seas activo en la misma preguntándote qué puedes hacer por esta tu y mi familia; que responsablemente colabores en lo que puedas, desde la oración hasta el servicio a los enfermos, ancianos, a los más necesitados y pobres de cerca y de lejos. Que no dejes de participar en la Eucaristía de los domingos y fiestas, pues te echaríamos de menos y te perderías la alegría de encontrarnos como familia, comiendo y bebiendo en la mesa del Señor, la mesa de la Palabra y la Eucaristía. Que colabores también económicamente, en la medida que puedas, a mantener nuestra familia y sus actividades, pues muchos lo pasan mal, y nuestra casa -los templos- precisan mantenimiento. Que invites a otros, una y otra vez y no te canses si te dicen varias veces que no, a participar en esta familia. No falles. Nos harías más pobres, te echaríamos de menos, estaríamos más tristes sin ti, y tú también serías más pobre, más triste y solo sin tu familia.

No lo olvides: SOMOS UNA GRAN FAMILIA CONTIGO.

+Manuel Herrero Fernández, OSA
Obispo de Palencia

viernes, 3 de noviembre de 2017

La Ley... ¿qué es la Ley y que Ley obliga?

Estamos viviendo días convulsos en España a causa del deseo de la independencia que algunos quieren para Cataluña.

Al igual que desde hace unas semanas todo el mundo pide diálogo, diálogo, etc., hay muchos que aludimos a la ley, que se cumpla la ley, etc. Al que no quiere un diálogo de sordos o auténtico le tachan de intransigente y no demócrata, y al quiere el imperio de la ley le llaman dictador, persona no dialogante. También es verdad que cada uno solemos escoger la ley que nos agrada, y saltarnos aquella que nos desagrada y usar la ley para tirársela al otro.

¿Qué es la ley?
Sin duda, toda persona se guía o debe guiarse por los valores. No me refiero a los valores que cotizan en el mercado del Ibex 35, ni el resto de los valores de la Bolsa. Me refiero a los valores morales. El valor es aquella realidad que una persona o un grupo estima porque le aporta satisfacción auténtica, es deseado porque posibilita el desarrollo personal o grupal, responde a los deseos más íntimos del ser humano y del grupo y, lógicamente, es preferido frente a otros posibles medios o acciones. Así hablamos de la felicidad, la familia, la vida, el honor, la fraternidad, la verdad, la paz, la igualdad, la libertad, el amor, la justicia, los bienes materiales, los bienes eternos, etc. Los distintos valores llevan a la pluralidad de culturas.

Los valores de las diversas culturas varían. La ley es una expresión de la escala de valores que un grupo, una sociedad, una nación admite y quiere que rija su vida en común para que esta sea posible y responda a las necesidades profundas. La ley después tendrá que ser asumida libre y responsablemente por la conciencia rectamente formada.

Santo Tomás decía que la ley supone ordenación de la razón, dirigida al bien común, y promulgada por el que tiene a su cargo la comunidad. Dos, por tanto, son las notas: ordenación racional que hace relación a la dignidad del ser humano, es decir, serán justas si se ajustan a la dignidad humana y la favorecen, y el bien común, que mira al bien de cada uno, al bien del hombre integralmente considerado, y al de toda la comunidad. Y una tercera nota: promulgada por el que tiene la autoridad legítima, no el que tiene el poder que lo puede haber obtenido por la fuerza, el engaño, la opresión, sino la autoridad legítima que viene del reconocimiento y el respaldo del pueblo.

Un sistema legal debe buscar siempre lo que racionalmente es bueno para reconocer realmente, no sólo en el papel, la dignidad humana. No lo que en este momento esté de moda, o imponga una ideología o un grupo de presión del signo que sea. También debe buscar siempre el bien de todos, no de unos pocos, los “privi-legiados” -(ley privada)-, sin preferencias de personas, y, de haberlas, deben ser para las más necesitadas y desfavorecidas, las descartadas de la sociedad por la injusticia de los demás, las minorías excluidas por razón de raza, de religión, condición o color o por lo que sea.

La ley primera, no escrita y que todos los hombres llevamos en el interior, es la de: “trata a los demás como quieres que ellos te traten”, o “no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti”. Este principio es el que debe regir toda la conducta del hombre y de los pueblos.

Una expresión será los Diez Mandamientos, o, mejor, las Diez Palabras que recogen en síntesis la alianza entre Dios y su pueblo. Una más sintética es la nos ofrece el Señor: “Amarás al Señor, tu Dios, y con toda la mente, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente. Este es el mayor y primer mandamiento. El segundo es semejante a este: amarás al prójimo como a ti mismo” (Mt 22, 37-39). San Agustín dirá: “Ama y haz lo que quieras, porque de esta raíz no puede salir sino el bien”.
Las leyes pueden ser injustas moralmente hablando cuando no respetan la dignidad del hombre, que es también trascendente; serán injustas también, si no respetan el bien común o cuando han sido dadas por un poder que se excede en sus competencias. Entonces habrá que cambiarlas. Pero si la ley es justa, hay que respetarla y hacerla respetar. Sin ley no podemos vivir en sociedad; de otro modo imperaría la ley de la selva, donde el grande se come al chico, no es posible la convivencia y donde la vida de cada uno y de todos está permanentemente en peligro, sobre todo la de los más pequeños e indefensos.

El que quiera entender que entienda.

+Manuel Herrero Fernández, OSA
Obispo de Palencia

domingo, 15 de octubre de 2017

2017-2018 Año Jubilar Teresiano

La Santa Sede Apostólica ha concedido a la Iglesia de Dios que peregrinan en Ávila el privilegio de poder celebrar para siempre un AÑO JUBILAR TERESIANO, siempre que la fiesta de Santa Teresa de Jesús, el 15 de octubre, coincida como este año con domingo. Este año será el primero y terminará el 15 de octubre de 2018. Es “un año de gracia tras las huellas de la Santa tanto para los fieles de Ávila como para visitantes”, en frase del Obispo de Ávila, D. Jesús García Burillo.

“Tras las huellas de la Santa”. Los cristianos somos invitados a seguir siempre y en todo lugar a Jesucristo, el que es Camino, Verdad y Vida. El mismo es el Camino para llegar a meta, la Verdad y la vida. Tenemos que seguirle en la alegría y en la pena, en la salud y en la enfermedad, y así responder a su amor. Seguirle es imitarle; es tener sus mismas actitudes, sentimientos y obras; es pensar como él, amar como él, hablar como él, obrar como él, como pedía San Pedro Poveda, fundador de la Institución Teresiana.

En Teresa de Jesús, la Santa castellana por antonomasia, tenemos un ejemple perfecto de seguimiento a Jesús. Ella, queriendo seguir a Jesús, lo encontró hasta poder decir él: “Soy Jesús de Teresa”.

Teresa es mujer, es religiosa carmelita, es reformadora, es poeta, es escritora, es doctora, es santa. Es verdad que es de otro tiempo, pero sus enseñanzas siguen siendo perennes y actuales. En esta hora en la que vivimos subrayaría unas enseñanzas.

1. Búsqueda de Dios. Querámoslo o no el ser humano siempre está inquieto, insatisfecho, en perpetua búsqueda. Es nuestra condición. El secreto es dar con aquella realidad que nos llene de satisfacción y felicidad auténticas y plenas. No es el dinero, que colabora a ser felices, porque lo necesitamos para comer, vestirnos, etc., pero que no llena el corazón, incluso lo metaliza y lo seca cuando no se comparte. No es poder que puede satisfacer nuestro orgullo, y que hoy es mañana no es. No es la fama, el aplauso, que son efímeros y tornadizos. No la droga, ni el alcohol, que engañan, porque pueden dar euforia, pero es pasajera, deshacen el cuerpo y la mente, destrozan las relaciones familiares y las amistades verdaderas. Solo Dios basta. Sólo él llena el corazón humano.

2. Teresa nos enseña que el mejor modo de encontrarnos con Dios es encontrarnos con Jesucristo, con Cristo, Hijo de Dios y hermano nuestro, con su carne, con sus llagas, presente en Palabra, en la Eucaristía, en los otros sacramentos, y en la persona que sufre.

3. La oración. Teresa es maestra de oración. No enseña doctrinas ajenas, sino vivencias propias. Y nos recordará que orar es “hablar de amistad con aquel que sabemos nos quiere”, de tú a tú, en silencio, escuchándole y sabiendo que siempre nos escucha.

4. Todo ello en la comunidad cristiana, en la Iglesia grande o en sus “palomarcicos” de monjas, hermanas en Cristo. Vivir en comunidad es vivir unidos, teniendo una sola alma y un solo corazón hacia Dios.

5. Discípula misionera. Ella fundadora de muchos conventos, reformadora de los mismos; ella, la que llevo adelante la misión con cartas. Así nos lo dice el papa Francisco a todos los cristianos.

Nosotros, los palentinos, no podemos dejar pasar este año sin pena ni gloria. Nuestra ciudad está muy vinculada a la Santa de Ávila. En ella hizo una de sus fundaciones y así lo narra, llamando al convento palentino “el palomarcico de su consuelo”. Entró por la Puerta del Mercado, procedente de Valladolid. Primero fundó en una casa alquilada en el Barrio de la Puebla y, posteriormente, trasladar la casa junto a la Ermita de la Virgen de la Calle, en la calle de Nuestra Señora, actualmente de San Bernardo. Contó la ayuda del Obispo D. Álvaro de Mendoza (1578-1586), su amigo, y con la de mucha gente de la ciudad, pobre y humilde y también rica y poderosa. De aquí partió para la fundación de Soria. En el correr de los tiempos, volvió dos veces a Palencia, una en 1582, ya enferma, residiendo unos diez días hasta partir para Burgos, y otra, a finales de junio de 1982, ya muy enferma y muy cansada; de aquí partió el 25 de agosto hacia Valladolid, falleciendo en Alba de Tormes el 4 de octubre de ese mismo año. De los palentinos de entonces diría que era “gente noble y de buena masa”.

Con estas letras invito y animo a todos los cristianos de Palencia a acudir con alegría y júbilo a los lugares teresianos de Palencia y Ávila, a visitar y orar en los Carmelos de Palencia y de Carrión de los Condes, donde están sus hijas, pero, y es lo importante, a leer sus obras, aprender de ella y seguir su ejemplo.

+Manuel Herrero Fernández, OSA
Obispo de Palencia

martes, 19 de septiembre de 2017

Mons. Antonio Gómez Cantero

El palentino Mons. Antonio Gómez, Obispo de Teruel y Albarracín, ha participado en Roma en el curso que se organiza todos los años para los Prelados ordenados recientemente. Le han acompañado en esta estancia en Roma -además de Obispos de todo el mundo- en Mons. Abilio Martínez (Obispo de Osma-Soria), Mons. Francesc Conesa (Obispo de Menorca) y Mons. José Luis Retana (Obispo de Plasencia). El 14 de septiembre fueron recibidos en audiencia por el Papa Francisco

lunes, 18 de septiembre de 2017

El poliedro

En estos días me duele España. Muchos vemos peligrar la unidad en la diversidad de España, nuestra nación común, y en los que aparecen filias, fobias, nervios, divisiones, resentimientos, etc., me he acordado de la figura del POLIEDRO.

La palabra poliedro viene del griego. “Poli”, significa “muchos” y “edro” significa “caras, lados”. Cuando yo era pequeño y estudiaba el antiguo bachillerado tratábamos de la geometría. Y en geometría se decía que el poliedro es un cuerpo geométrico cuyas caras o bases son planas y encierran un volumen finito. La figura del poliedro es bien conocida en geometría y puede tener muchas versiones. Unas formas concretas son el cubo, el prisma. etc.

Esta figura es a la que acude frecuentemente el Papa Francisco para expresar la realidad que tenemos que construir entre todos, no solo en la convivencia familiar, social, política sino también en la Iglesia. En ocasiones concreta esta imagen o parábola como pluralidad reconciliada o fraternidad reconciliada.

¿Qué entraña esta imagen? Unidad y diversidad conjugadas. Todos anhelamos la unidad. Un sistema que no esté unido va a la ruina. Un cuerpo humano en el que los distintos sistemas no estén unidos, se muere. Una persona que no mantenga unidad integral es una persona que no sabe de dónde viene ni dónde va, está dispersa -derramada fuera-, dividida -partida-, diseminada -sembrada fuera-, distraída -arrastrada fuera-, etc. Una familia desunida es una familia separada por lo que sea, que no comparte el proyecto en común de vida y amor. Una nación, lugar o pueblo en el que uno ha nacido que renuncia a la unidad es como un árbol que renuncia a sus raíces, que se cortan o las cortan y muere. Una iglesia desunida y dividida es como una jaula de grillos, o una orquesta sinfónica con coro que desafina, disuena y en vez de agradar, deleitar y alegrar de tal manera que reciba aplausos, recibe pitos.

La unidad, es verdad, no es uniformidad; el cuerpo humano sano tiene diversos sistemas, sanguíneo, nervioso, linfático, etc. bien conjuntados y complementarios; una persona tiene mente, memoria, inteligencia, corazón, materia y espíritu, etc., y todas estas dimensiones son riqueza de la misma. Una familia unida está formada por personas distintas, varones y hembras, padres y madres, hijos mayores y pequeños, etc.; todos tienen apellidos comunes, espacios comunes, y un amor que los anuda. Una nación política, cultural, etc., tiene diversidad de tierras y gentes: hay zonas urbanas y zonas rurales, hay personas de izquierda, otros de derecha, otros de centro, unas son más agrícolas, otras son más industriales, etc..., pero todas se necesitan mutuamente. Y en la comunidad eclesial pasa algo parecido: todos iguales porque todos somos bautizados, hijos de Dios y hermanos, pero cada uno con su carisma, con su don, con su función y papel, con su sensibilidad, con su visión, para el beneficio del común.

Es normal y no debemos asustarnos el que surjan problemas, que haya choques, incluso ofensas. La manera de volver a la normalidad deseada y civilizada, sin tirarse los trastos a la cabeza o echar mano de la violencia, es encontrarse, dar el primer paso, adelantarse en el amor, tender la mano, dialogar, abrirnos al otro sin descalificaciones, practicar la estima mutua, respeto y, si es necesario, perdón y dar lugar a la misericordia, buscando el bien común, que es el todos y de cada uno, del todo hombre y de todo el hombre. Hay un dicho clásico que incluso viene recogido por el Concilio Vaticano II en la Constitución Gaudium et Spes (92), que algunos atribuyen a San Agustín, que dice: “In neccesariis, unitas, in non neccesariis, libertas, et in omnibus cáritas” -“en lo necesario, unidad; en lo no necesario, libertad, y en todo caridad”-. Este dicho es, según creo, de Rupertus Meldenius, 1626 y antes, en 1617, el Arzobispo Marco Antonio de Dominis. Responde al espíritu de San Agustín, pero él nunca diría: en lo dudoso, libertad, sino búsqueda de la verdad. Así renunciaremos a Babilonia y nos abriremos a la Jerusalén Pentecostal.

Eso, considero, es lo que entre todos debemos hacer tanto en la sociedad española y palentina como en la Iglesia; y en esta hora especialmente reflexionar fríamente, sin echar gasolina al fuego, y debemos mendigar al Señor orando y uniéndonos a la oración de Jesús en la Última Cena pidiendo la unidad y la paz : «Que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, ellos también sean uno en nosotros para que el mundo crea que tú me has enviado» (Jn 17, 21).

+Manuel Herrero Fernández, OSA
Obispo de Palencia

lunes, 4 de septiembre de 2017

Campamentos

Durante estos meses de verano los movimientos y parroquias de la Diócesis han celebrado sus campamentos de verano. Citas en las que tanto niños como jóvenes han aprendido a convivir, a compartir la Fe, divertirse y disfrutar de la rica naturaleza que ofrecen nuestros pueblos de Palencia. 

Nuestro Obispo D. Manuel se acercó a dichos campamentos para saludar a los acampados y  celebrar la Eucaristía con ellos. 

«Hagamos de la cultura del encuentro nuestro estilo de vida»

Homilía en la Solemnidad de San Antolín, Patrón de la Ciudad y Diócesis de Palencia
Mons. Manuel Herrero Fernández, OSA. Obispo de Palencia
 
Catedral de Palencia. 02 de septiembre de 2017
 
(Lecturas: 1ª: II Macabeos 7, 1. 20-23. 27b-29; Salmo 30, 3cd-4. 6a y 8ab. 16bc-17; 2ª: Santiago 1, 2-4. 12; Evangelio Según San Juan 12, 24-26).
Queridos hermanos y hermanas: Estamos de fiesta celebrando a san Antolín, aunque propiamente celebramos en él y con él al Señor que le hizo fuerte en el combate. 

Yo no os voy a hablar de su vida ni de su vinculación a Palencia, testigo de la cual es esta Catedral y otros templos y apellidos de la Diócesis y que ya han sido tratados en el pregón y en la predicación de la novena.
Las lecturas proclamadas de la Palabra de Dios nos hablan de la fe. La primera nos ha presentado la fe de una madre que ve morir martirizados de sus hijos, su confianza, su fe y esperanza en el Señor. El salmo es un canto a la misericordia y fidelidad del Señor en cuyas manos de Padre se puede depositar la vida con total confianza. Santiago nos habla de las pruebas de la fe que hacen que esta madure, se fortalezca y se afirme hasta el final de gloria. El Evangelio, por medio del ejemplo del grano de trigo que cae en tierra y muere por amor, nos muestra la muerte gloriosa y fecunda de Cristo y nos alienta a servir y seguir al Señor desde la fe y la confianza en el Padre para dar cosecha de vida eterna. Todo esto se ha realizado en San Antolín.
 
En el prefacio de la Misa se nos invita a dar gracias al Padre por su Hijo Jesucristo que, con su Espíritu Santo, ha manifestado su poder en el martirio de nuestro santo patrono, pues «bondadosamente le otorgó el ardor de la fe, la firmeza en la perseverancia y la victoria en el combate», (Prefacio II de Santos Mártires).
 
Y ese es el testimonio que yo deseo y le pido al Señor, por intercesión de nuestro Patrón, que nos distinga a los que estamos aquí reunidos y a todos los fieles de la Diócesis: El ardor, la firmeza y la victoria de la fe.

Podemos preguntarnos: ¿Dónde y de quién aprendió la fe san Antolín, una fe tan fuerte y firme como para dar la vida y morir derramando la sangre antes que renunciar a la misma? La fe es un don de Dios; sin duda alguna, la recibió de otros cristianos, quizás de sus padres, en la familia,- ¡qué importante es la familia donde se fraguan las grandes certezas de la vida!- y de una comunidad cristiana, humilde, perseguida y sencilla. No nació con la fe, porque el cristiano no nace, se hace, sino que la recibió a través del encuentro con Cristo y con los discípulos de Cristo. 

lunes, 17 de julio de 2017

Los Mártires: Testigos de la Misericordia

Sin duda alguna los mártires, que murieron asesinados a manos de sus verdugos perdonando, son los mayores testigos de la misericordia; imitaron al Señor Jesús, su Maestro, el Gran Mártir, el primer Testigo del amor del Padre a los hombres, que murió diciendo: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen» (Lc 23, 14). El primero de ellos fue San Esteban que murió orando así mientras era lapidado: «Señor, no les tenga en cuenta este pecado» (Hech 7, 60).

La palabra “mártir” significa “testigo”. El máximo testimonio de la misericordia que tiene su manantial en Dios Padre, su fuente en Jesucristo, y su agua que fecunda y da vida en el Espíritu Santo, es el martirio, morir, siendo inocentes, perdonando.

En nuestra Iglesia de Palencia tenemos muchos mártires nacidos aquí, aunque hayan sido martirizados en otras tierras. Unos han sido reconocidos como tales, proclamados santos o beatos, pero otros muchos todavía no porque está su causa en proceso o porque ya nadie se acuerda de ellos. Entre los canonizados está San Francisco Fernández de Capillas, sacerdote dominico, natural de Baquerín de Campos que fue apresado, encarcelado, torturado, sentenciado a muerte y decapitado en Fogán, China, en 1648. El Beato Francisco de Jesús, agustino recoleto, nacido en Villamediana en 1590, asesinado en Japón). 

La Iglesia de Palencia es rica en Beatos martirizados en el siglo XX. Si no he contado mal, los actualmente reconocidos como beatos son 93.

Hay un obispo, Anselmo Polanco, Obispo de Teruel y Albarracín, natural de Buenavista de Valdavia y asesinado en Pont de Molins, Gerona; un sacerdote diocesano nacido en la parroquia de San Miguel, de Palencia, asesinado en Almería; y religiosos, unos sacerdotes y otros no. Unos eran mayores, otros jóvenes, casi adolescentes.

Entre los religiosos hay 29 agustinos naturales de Aguilar de Campoo, Villaherreros, Buenavista de Valdavia, Osorno, Itero Seco, Carrión de los Condes, Celadilla del Río, Santa María de Redondo, Muñeca, Roscales, Palencia, Villasarracino, Buenavista de Valdavia, Baños de la Peña, Frómista, La Puebla de Valdavia, Villanueva de la Peña, Carrión de los Condes, Calzada de los Molinos, Congosto de Valdavia, Villanueva de Abajo, Mantinos, Abia de las Torres y Villasur de Cieza; 2 carmelitas descalzos, nacidos en Las Heras y San Pedro de Cansoles; 1 capuchino de Terradillos de los Templarios; 3 cistercienses, nacidos en Espinosa de Villagonzalo, Támara de Campos y Espinosa de Cerrato; 9 dominicos nacidos en Villada, Carrión de los Condes, Alar del Rey, Gozón de Ucieza, Fuentes de Nava, Castromocho, Santibañez de Resoba, Becerril de Campos y Barriosuso de Valdavia; 4 maristas naturales de Aguilar de Campo, Cisneros de Campos, Calahorra de Boedo y Dueñas; 1 franciscano conventual nacido en La Serna; 17 hermanos de las Escuelas Cristianas o de La Salle, nacidos en Porquera de los Infantes, Abastas, Capillas de Campos, Villanueva del Rebollar, Arconada, Villarrodrigo de la Vega, Nava de Santullán, Bustillo de la Vega, Villavieco, la Serna, Fuente de Valdepero, Añoza, San Cebrián de Mudá y Villajimena; 5 hermanos de San Juan de Dios nacidos en Mazuecos de Valdeginate, Palencia; 2 misioneros del Sagrado Corazón, nacidos en Osorno y Villaescusa de Ecla; 2 oblatos misioneros de María Inmaculada, naturales de Fresno del Río y Frómista; 15 pasionistas nacidos en Herreruela de Castillería, San Martín de Perapertú, San Martín de los Herreros, Resoba, Cubillo de Ojeda, Villafría de la Peña, La Lastra, Becerril del Carpio, Berzosa, Quintanilla de la Berzosa, Alba de los Cardaños y Salinas de Pisuerga, martirizados en Daimiel, Ciudad Real; y 1 marianista de Espinosa de Cerrato.

Hay que añadir al Hno. Bernardo, marista, que dio testimonio de fe en Barruelo de Santullán, en cuya Iglesia Parroquial de Santo Tomás reposan sus restos y donde es venerado e invocado.

¿Qué hicieron estos hombres para ser asesinados? Estoy seguro que no hicieron nada malo; practicaron el bien en sus diversas expresiones de las obras de misericordia enseñando en las escuelas, socorriendo a los más necesitados, predicando la Palabra de Dios, curando a los enfermos, atendiendo a los discapacitados según los diversos carismas y siguiendo al Señor, hasta dar testimonio supremo, el de entregar la vida por sus perseguidores, morir por la fe en Cristo y perdonando. No batallaron por ideas políticas determinadas, sino estaban al servicio de Jesucristo, rey del Universo, cuyo reino es justicia, verdad, paz, vida, verdad, libertad, santidad, gracia y amor; trabajaron por la reconciliación entre los hombres.

Debemos estar orgullosos y gloriarnos de estos hermanos nuestros, de su testimonio y fe. No podemos ser desmemoriados ni perder su memoria, sino dar gracias a Dios por ellos y con ellos e imitar su ejemplo. Tenemos que ser hombres y mujeres de perdón; en estos nuestros tiempos, muchas veces crispados, debemos dar testimonio de Cristo y ser, como él y ellos, clementes, compasivos y misericordiosos, lentos a la ira y ricos en amor como nuestro Dios.

+Manuel Herrero Fernández, O.S.A
Obispo de Palencia

martes, 4 de julio de 2017

Justicia y/o Misericordia

De vez en cuando se levantan voces que exigen justicia y se oponen a medidas de gracia o de perdón, como si la justicia y la caridad fueran incompatibles. ¡Quién no recuerda gritos o escritos en tal sentido con ocasión, por ejemplo de la liberación de un condenado por terrorismo, o por violaciones, o abuso de menores!

¿Qué dice al respecto la fe cristiana? Aunque sea brevemente intentaré aportar un poco de luz para iluminar las conciencias y contribuir al bien de la sociedad.

Hay que decir que una es la justicia de los hombres y otra la justicia de Dios. La justicia de los hombres es la que, según las leyes, administran los jueces. Todos sabemos que pueden equivocarse, porque es humano el errar; pero también sabemos que no todas las leyes son justas; algunas buscan el mal menor, y otras son manifiesta y palmariamente injustas, porque no buscan el bien común, el bien integral de la persona y de todas las personas. Si Dios fuera justo con una justicia humana y nos pagara lo que nos corresponde, no quedaríamos ni el apuntador. Pero no podemos entender la justicia de Dios como la humana; Dios no es una criatura, sino el Creador, el Salvador y el Santificador, Dios es Amor.

La justicia de Dios es totalmente distinta. La Biblia afirma que Dios es justo y que su justicia es una manifestación de su santidad. Por descontado, Dios no es como a veces algunos lo pintan, un ser con una manga ancha que lo mismo le da ocho que ochenta, que traga todo, y al final es el como el viejo padrazo que no se entera de nada. Dios, por descontado, no puede sino castigar el mal y reconocer el bien. Su justicia es, como dice W. Kaspers, “una noticia esperanzadora”, la injusticia no va triunfar. El creyente espera la justicia de Dios para todos (salmos 5, 6, 7; 67,5; 71,15, etc.).El pueblo de Israel esperaba que los reyes fueran justos y así lo pedían al Señor cuando iniciaban su reinado (salmo 72), pero la decepción era casi la norma; por eso esperan y sueñan con que el Mesías Rey, descendiente de David, implante la justicia: «No juzgará por apariencias, no sentenciará de oídas, sentenciará con rectitud a los sencillos de la tierra; pero golpeará al violento con la vara de su boca... La justicia será ceñidor de su cintura, la lealtad, cinturón de su caderas» (Is 11, 1-5). Esperaban que el Mesías implantara la justicia en favor de los que ven los derechos humanos de los pobres, humildes y oprimidos conculcados por unos poderes injustos; esperaban la justicia de Dios porque no la tenían por parte de los hombres.

Dios es justo siendo fiel a su alianza, a sí mismo, a su esencia, que es amor. Creer es confiar en él, es cimentar nuestra persona y vida, nuestra convivencia en Dios, en él que, viendo nuestra miseria, se vuelca sobre nosotros con su misericordia. Junto a la justicia aparece la misericordia, no se oponen en Dios. Dios es justo, pero va más allá de la justicia con su misericordia y perdón; su justicia no es superflua, y quien se equivoque voluntariamente siendo infiel a su amor, deberá expiar la pena; la misericordia se traduce en paciencia, una paciencia que espera, que da tiempo al tiempo para que nos convirtamos (Is 54, 7-10): «Que el malvado abandone su camino y el malhechor sus planes; que se convierta al Señor, y él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es rico en perdón» (Is 55, 7). El hombre justo es aquel que se confía a la voluntad de Dios. «La justicia de Dios es la misericordia concedida a todos como gracia en razón de la muerte y resurrección de Jesucristo. La Cruz de Cristo, entonces, es el juicio de Dios sobre todos nosotros y sobre el mundo, porque nos ofrece la certeza del amor y de la vida nueva» (MV, 21). Jesús comienza su vida pública llamando a la conversión, a la fe en el Evangelio para ser bienaventurados, proclamó dichosos a los que tienen hambre y sed de la justicia (Mt 5, 6), buscó a los pecadores para ofrecerles su perdón, murió y resucitó para el perdón de los pecados y nos encomendó ser testigos de esto.

Hace poco, respondiendo a los que retratan a María como la que detiene el brazo justiciero de Dios listo a castigar, una María mejor que Cristo, considerado como juez implacable, más misericordiosa que el Cordero que se ha inmolado por nosotros, decía el día 12 de mayo el Papa en Fátima: «Cometemos una gran injusticia contra Dios y su gracia cuando afirmamos en primer lugar que los pecados son castigados por su juicio, sin anteponer -como enseña el Evangelio- que son perdonados por su misericordia. Hay que anteponer la misericordia al juicio y, en cualquier caso, el juicio de Dios se realiza a la luz de la misericordia. Por supuesto, la misericordia de Dios no niega la justicia, porque Jesús cargó sobre sí las consecuencias de nuestro pecado junto con su castigo conveniente. Él no negó el pecado, pero pagó por nosotros en la cruz. Y así, por la fe que nos une a la cruz de Cristo, quedamos libres de nuestros pecados; dejemos de lado cualquier clase de miedo y temor, porque eso no es propio de quien se siente amado».

+ Manuel Herrero Fernández, O.S.A
Obispo de Palencia

domingo, 29 de enero de 2017

«Soy Antonio, vuestro obispo»

«Soy Antonio, vuestro obispo. Y cuando digo “vuestro” es porque os pertenezco en cuerpo y alma, y este anillo será la memoria diaria de esta entrega. Mi esfuerzo está ya puesto en amaros, porque sólo por este medio podemos trasmitir la presencia de Cristo en medio de nuestras vidas. “Mirad cómo se aman” era el comentario de los vecinos de los primeros cristianos. ¿De qué nos sirve hablar y hablar si a nuestra vida le falta ese soplo del Espíritu que mantiene el empeño de nuestra fe y de nuestra caridad, que hace mover los corazones y las montañas?». Así es como empezó su saludo D. Antonio Gómez el día de su ordenación episcopal en una abarrotada Catedral, tanto de palentinos como turolenses, una celebración muy emotiva. Tal y como ha comentado en numerosas ocasiones el nuevo Obispo, sus lágrimas brotaron en numerosas ocasiones. El arzobispo de Zaragoza D. Vicente Jiménez, fue quien presidió la ordenación episcopal y en su homilía destacó: «Querido hermano Antonio, elegido por el Señor, recuerda que has sido escogido entre los hombres y puesto al servicio del Evangelio de la alegría y de la esperanza. Como Pablo a sus discípulo Timoteo te digo: “No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor […] Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según la fuerza de Dios, porque Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio”».

A pesar de las previsiones metereológicas que no auguraban un buen estado de las carreteras, muchos fueron los que se desplazaron a Teruel. De Palencia, 5 autocares. Más de 30 obispos (porque finalmente los prelados de la zona de Levante no pudieron asistir por el mal estado de las carreteras), 4 cardenales y  numerosos compañeros sacerdotes. Una mención especial para los miembros de la asociación de alfombristas de Carrión que confeccionaron una alfombra de gran belleza. 

El domingo por la mañana, Mons. Antonio Gómez presidió la Eucaristía en la Catedral de Albarracín, recientemente restaurada.

sábado, 3 de septiembre de 2016

Homilía de nuestro Obispo en la Fiesta de San Antolín, patrono de la Diócesis y la ciudad de Palencia: ¿Queremos que nuestra vida sea una permanente fiesta aquí y tras la muerte?

Al comenzar la homilía, saludo con afecto y gratitud al Sr. Vicario General, al Presidente y a todos los miembros del Cabildo de la Catedral, a los sacerdotes concelebrantes, al diácono, a los seminaristas, a los monaguillos, al organista y al coro, a los miembros de vida consagrada, a los laicos, especialmente a los que están en la primera fila, los ancianos, enfermos, discapacitados, emigrantes, muchas veces olvidados por los demás, pero valiosos a los ojos de Dios. 

Un saludo deferente y atento a las autoridades locales, provinciales y regionales que nos acompañan, y que con la presencia expresan el respeto y la consideración a la comunidad católica de la ciudad y la Diócesis. Un saludo cercano y agradecido a los profesionales de los medios de comunicación.
A todos os deseo una feliz fiesta de San Antolín. Nos hemos puesto traje de fiesta, y sobre todo espíritu de fiesta, no porque toque, sino porque es San Antolín.

¿Quién fue san Antolín?

San Antolín, mártir, era oriundo de Apamea (Siria), creyente en Cristo, que padeció el martirio en tiempos de Diocleciano. Sus restos fueron llevados en el siglo VII a Francia, y depositados en una abadía próxima a la ciudad de Pamiers. Sus reliquias llegaron a Palencia tras la restauración de la Diócesis con Sancho el Mayor de Navarra en el 1035 Y desde entonces es patrono de la ciudad y de la Diócesis. Su memoria está por todas partes en esta Catedral, sobretodo en la cripta del siglo VIII. La iconografía le representa con vestiduras diaconales.

Por él y con él hoy celebramos fiesta

Pero ¿qué es celebrar fiesta? Afirma un antropólogo que la esencia de la fiesta es sopesar la existencia y afirmar la vida juntos. Sin fiesta no podemos vivir, estamos muertos. Y creo que es así.
En la existencia diaria hay realidades que son negativas, y las sufrimos, como el paro, la pobreza, el deterioro de la tierra, nuestra casa común, la falta de convivencia sana en las comunidades, la explotación de los menores, la vivencia de una sexualidad separada del amor, la falta de entendimiento, en ocasiones, entre los políticos, las enfermedades, la droga que tanto mata y tanto dolor causa, el despoblamiento de nuestra provincia, e incluso la misma muerte. No somos ciegos; hay que ver la realidad. 

Pero también hay realidades muy positivas como la solidaridad, las familias que intentan superarse cada mañana desde el amor mutuo, los jóvenes que estudian y luchan por su futuro y el futuro de la sociedad, el empeño y la apuesta de muchos por la paz, la justicia, la entrega de los abuelos que cuidan de los nietos, el compromiso de muchos por que se oiga a la sociedad civil, el ejemplo de muchos mayores, su sabiduría, los niños que nacen, etc. 

Pero frente a todo, y sopesando y discerniendo todo, el hombre en la fiesta lo que hace es afirmar la Vida. Por encima de todos los males, carencias, limitaciones, etc., afirmamos que estamos hechos no para sufrir, penar y morir, sino para vivir. 

Es verdad que para muchos la vida es un mero dejar trascurrir los días y las horas, el mero existir; para otros es pasarlo bien, es decir, comer, beber, alcanzar fugazmente un poco de poder, tener fama, experimentar todos los placeres que están al alcance de la mano, etc. Y esto muchas veces sólo para grupos selectos. 

Nosotros consideramos que, aunque algunos de esos elementos están presentes en la fiesta, todo eso no es vida en plenitud, porque cuántas veces deja al día siguiente un poso de amargura en el corazón o violencia, aprovechamiento, egoísmo, e individualismo, porque los pobres no pueden ni comer las migajas que caen de la misa de los ricos, porque los pobres no sin invitados a la fiesta.

En el fondo de la fiesta está la vocación a la libertad verdadera, a la verdad, a la alegría de sentirse amado y acompañado, a la esperanza, a la justicia, a la fraternidad, al cariño, al amor, a la vida en plenitud. La Iglesia no es un aguafiestas, ni se opone a la fiesta; todo lo contrario: quiere la fiesta para todos y la fiesta plena. Jesucristo también estuvo participando en una fiesta de bodas, en las fiestas de religiosas de su pueblo.

Pero lo hacemos juntos, no solos. A nadie se le ocurre celebrar su cumpleaños o su santo solo. Espera que alguien nos felicite y le invitamos a comer, o a tomar algo. Y así es lo hacemos con los familiares, amigos, vecinos, conciudadanos, otras gentes incluso desconocidas venidos de otros pueblos y ciudades.

Y ¿dónde está esa vida en plenitud, esa fiesta plena?

Ha sido proclamada la Palabra de Dios que San Antolín hizo hoja de ruta de su vida. San Antolín nos dice dónde está la vida plena, la fiesta que nunca acaba: En Jesucristo, el que dice: Yo soy el camino, la verdad y la vida; el que vino para darnos vida y vida en abundancia. San Antolín descubrió en Cristo la verdadera vida. Se sintió amado, acogido, querido por la persona de Jesús. Pudo decir con san Pablo: “Yo vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí”. (Gal 2, 20) Y se entregó él mismo a Cristo, identificándose con él. Cristo vivía en él. 

Su respuesta fue un seguimiento fiel, total, radical y absoluto. Un entregarse a Cristo en la salud y en la enfermedad, en la prosperidad y en la adversidad, en la vida y en la muerte. Fue un vivir la fiesta de las bodas en la que nunca faltó la presencia de Cristo, el esposo, ni el vino bueno. 

Un seguimiento que le llevó a ser testigo, mártir, con la vida diaria en servicio a los demás, era diácono y ser diácono significa ser servidor como Cristo, que vino no a ser servido sino a servir. Porque sirvió a Cristo, hoy está con Cristo y el Padre le ha honrado en la gloria (Jn 12, 24-26) y ante nosotros. El seguimiento le llevó a ser testigo fiel en las pruebas duras de la persecución hasta derramar la sangre por amor a Aquel que derramó la suya para sellar una alianza nueva y eterna entre Dios y los hombres en el perdón de los pecados. El seguimiento le llevó a ser también él grano de trigo que cae en tierra y muere pero da mucho fruto.

¿Queremos que la fiesta de san Antolín nos renueve, nos fortalezca, nos inyecte energías para seguir adelante, mañana, día 3, y siempre, eterna? ¿Queremos que nuestra vida sea una permanente fiesta aquí y tras la muerte? En la oración de la misa de hoy pedíamos al Padre de Nuestro Señor Jesucristo y Padre de la Misericordia: “caminar con valentía hacia ti, fuente de toda vida”. Y ¿cómo caminar, qué pasos dar?
  • Amar es imitar, dice san Agustín. Imitémosle a san Antolín. Vayamos a Cristo, creamos en Cristo, acerquémonos a Cristo, dejémonos amar y abrazar por Jesucristo. Conozcámosle más, para amarle más. No dejemos de leer, meditar y hacer vida de nuestra vida su evangelio. Que Él sea el centro de nuestra vida. Y todo esto en la Iglesia, en la comunidad cristiana, con los que son hermanos en Cristo sin abandonarla. La fiesta cristiana siempre comporta comunidad. Nadie celebra fiesta él sólo, sino con la familia, los hermanos, los amigos.

martes, 5 de julio de 2016

Encuentro de Obispos y Vicarios de la Iglesia en Castilla

Segovia fue la encargada de acoger, los días 27 y 28 de junio, el encuentro de final de curso de los obispos y vicarios de las diócesis que forman “Iglesia en Castilla”. Al frente, el Cardenal y arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, junto con el resto de prelados,  entre ellos, nuestro Obispo D. Manuel. También participaron junto a los obispos un buen número de vicarios generales y de pastoral de la región. De nuestra diócesis estuvieron presentes D. Antonio Gómez y D. Juan José Martínez.

La primera jornada estuvo dedicada, en primer lugar, a revisar el encuentro de Villagarcía de este año 2016, para posteriormente continuar con una reflexión sobre los matrimonios y familias en la Iglesia de Castilla a la luz del motu proprio “Mitis Iudex dominus Iesus” y de la exhortación postsinodal “Amoris Laetitia”.

La segunda jornada tuvo un carácter más lúdico. Los obispos y vicarios visitaron el monasterio de San Antonio el Real, de las religiosas clarisas, y el monasterio de El Parral de monjes Jerónimos donde celebraron la eucaristía. Con la comida fraterna se concluyó el encuentro.

Fin de curso de los seminaristas

Con el mes de junio, han llegado los exámenes al seminario, y el final de curso para nosotros, los seminaristas. Para René, además, este final de curso ha sido especial, pues al acabar el quinto curso en la Facultad de Teología, se ha enfrentado a las Tesis Finales de Bachillerato (un examen escrito y otro oral de 50 temas, acerca de lo que se ha visto en toda la carrera: una síntesis teológica), logrando felizmente aprobarlo y obteniendo así el Título de Bachiller en Teología. Álvaro y Daniel terminaron un poco antes los exámenes finales de 4º curso.

Sin duda, uno de los momentos más importantes de este final de curso ha sido la ordenación de nuestro nuevo Obispo. Los seminaristas pudieron estar presentes en la Catedral de Palencia el 18 de junio, y le mostraron su colaboración y le encomendaron ante Dios para que le guíe en su ministerio como pastor de la Iglesia que peregrina en Palencia.

Álvaro y Daniel, tras acabar el curso, han pasado unos días de convivencia con la comunidad de cuarto del seminario en Santander. Un buen momento para hacer una revisión del curso, y a la vez que descansar después del intenso mes de junio repleto de exámenes.

Por su parte, durante esos días, René se quedó en Madrid, puesto que se examinaba de las tesis de bachillerato en los últimos días del mes de junio.

Terminado el curso, durante el verano se abre el período de nuevas actividades en las que estarán los seminaristas, desde campamentos con niños y adolescentes, pastoral de exequias, JMJ, y distintas actividades con las parroquias en las que están de pastoral.

domingo, 3 de julio de 2016

Sentimientos y convicciones del nuevo Obispo (II)

«TU MISERICORDIA»

Mons. Manuel Herrero Fernández, OSA
Obispo de Palencia

Ante todo y lo primero, quiero expresar mi gratitud a todos los palentinos por lo vivido estas semanas tras mi Ordenación Episcopal y primeros pasos entre vosotros. Han sido gozosos los momentos en los que he podido encontrarme con vosotros en la Catedral, en las parroquias que he visitado, en los distintos encuentros eclesiales desde el pasado 18 de junio... y en cada pequeña conversación con sacerdotes, religiosos y religiosas y laicos. Puedo sentir las palabras de San Agustín: «Si lo que soy para vosotros me asusta, me consuela y tranquiliza lo que soy con vosotros, porque para vosotros soy obispo, pero con vosotros soy cristiano» (Sermón 340 y 46, 2). De nuevo... gracias por este tiempo juntos.

El domingo pasado compartía algunas convicciones y sentimientos que me surgen del interior, la Indignidad, la Gratitud y la Confianza en Dios y en la misión; y hoy completaré esta apertura de mi corazón y de mi alma.

Confianza en vosotros, los palentinos. Decía Santa Teresa que sois gentes de buena masa, y, si lo decía ella, una gran mujer y gran santa, una mujer lista e inteligente, era porque reflejaba su experiencia personal. Además, lo muestra la historia, el arte, el arraigo de la fe en la cultura palentina.  

Hoy todos debemos confiar unos en otros. No se puede ir por la vida desconfiando, porque se genera recelo, silencios, sospechas, insinceridad, y se hace imposible la convivencia humana y cristiana. El otro no es un enemigo, sino un hermano, que tiene un corazón como yo, que intenta ser feliz y hacer felices a los demás como y; a veces, puede ser, de forma equivocada y errada, como yo, pero ¿quién no tiene en el fondo buena voluntad, la bondad que Dios ha sembrado en cada uno de sus hijos e hijas, las llamadas “semillas del Verbo”?

Apertura a todos, sin excepción. Es decir, quiero ir y estar con vosotros con la mano y el corazón abierto a todos. A los creyentes, a los indiferentes, a los no creyentes, a los que son de un partido o de otro, a los del campo y a los de la ciudad, a los niños, a los jóvenes a los adultos a los mayores. Especialmente quiero estar abierto y cercano a los pobres, a los parados, enfermos, a los que sufren, con quienes se identifica el Señor. Juntos podemos y debemos avanzar buscando el bien común. 

Siguiendo el pensamiento de San Agustín diría que la verdad no es tuya ni mía; vayamos juntos a buscarla para que nos posea a ti y a mi y gocemos juntos. Para los cristianos esta verdad tiene un rostro y un nombre, Jesucristo, que no está lejos de nadie y está presente de alguna manera en todos.

l Perdón solicitado. Solicito de entrada la misericordia y el perdón de Dios y el vuestro. Además de temer defraudaros, soy consciente de que me equivocaré, de que fallaré muchas veces, espero que sin mala voluntad, pero me equivocaré. Es humano el errar y soy humano y con humanos vivo y convivo. Concededme de entrada vuestro perdón.

l Confianza en la Virgen María. Ella, la toda santa, la madre de Dios y nuestra madre, la estrella de la evangelización, la perfecta discípula y maestra. Nuestra diócesis de Palencia está sembrada de advocaciones y santuarios, capillas y ermitas entrañadas y entrañables. 

En la capital la invocamos como la Virgen de la Calle. Pienso si con este título no nos estará diciendo el Señor y ella que nuestro lugar es la calle, donde nos cruzamos los hombres y las mujeres, los vecinos todos, para ir al mercado, al colegio, al bar, al trabajo, al paso, al encuentro con los amigos, etc., con nuestras alegrías, tristezas, angustias y esperanzas. ¿No nos estará diciendo que debemos entregar lo mejor de nosotros mismos a los demás, es decir, como ella entregar a Cristo, luz de las gentes? Pienso que así lo quiere el papa Francisco cuando nos habla de estar en salida, salir a las periferias existenciales y geográficas, al encuentro de los hombres y las mujeres.

Siguen abiertos mi corazón y mi alma. Y de nuevo os pido que roguéis a Dios por mí como yo ruego por vosotros para que juntos gocemos y llevemos la alegría del amor de Dios y el gozo del Evangelio.


miércoles, 22 de junio de 2016

Sentimientos y convicciones del nuevo Obispo (I)

«TU MISERICORDIA»

Mons. Manuel
Herrero Fernández, OSA
Obispo de Palencia

Estos días que rodean al comienzo de mi servicio episcopal en Palencia los estoy viviendo intensamente y en plenitud. Con mucha alegría por ir a compartir la fe y el camino con los palentinos, pero también con un poco de pena por dejar la tierra cántabra. En medio muchas llamadas, muchas cartas, muchos correos electrónicos, mensajes, algunos viajes cortos. También diversas despedidas de amigos, compañeros, parientes, vecinos, antiguos feligreses, religiosos y religiosas y de los sacerdotes de la Diócesis de Santander, con nuestros querido D. Manuel Sánchez Monge a la cabeza. También, cómo no, he visitado enfermos, ancianos en sus residencias y la cárcel. Y, cómo no, mi encuentro con la Diócesis de Palencia.

Pero, en lo más profundo de mi corazón, anidan siete convicciones y sentimientos que quiero compartir durante dos números de Iglesia en Palencia con vosotros.

l Indignidad. Ante Dios nadie es digno de nada. Él nos hace dignos. Lo decimos cada vez que nos acercamos a la mesa eucarística tomando prestadas las palabras del centurión romano: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo...» (Mt 8, 8), y las de Isabel, la madre de Juan, el Bautista: «¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?» (Lc 1, 43).

Me miro a mí mismo y, humildemente, es decir, andando en verdad, tengo que reconocer lo que soy: una criatura, un hombre, un pecador, una persona limitada, frágil, caduca, mortal, pero un cristiano amado, perdonado, acogido ,guiado, sostenido y acompañado por Dios y su misericordia, por su favor providente. Pero también, reconozco que el amor de Dios ha llegado a mí por mis padres, hermanos, familia, educadores, comunidades parroquiales, personas incluso no creyentes. Soy, y creo que lo podemos decir todos, somos el fruto de trabajo, amores, sudores y alegrías de muchos.

l Gratitud. Estoy convencido de que lo más importante en toda vida e historia humana, también en la mía, lo que le da densidad y peso específico, no es tanto lo que uno ha conseguido con su trabajo, lucha, inteligencia, relaciones, sabiduría e industria, que no hay que despreciar porque también es importante, sino lo que uno ha recibido como don. Pensemos: ¿Quién se ha dado a sí mismo la existencia? ¿No la hemos recibido de Dios a través y por medio del amor de nuestros padres? ¿No hemos recibido como don este mundo, esta sociedad, con sus lacras y heridas, pero también con sus logros y alegrías, y sus posibilidades? ¿No es, acaso, la familia para la mayoría de las personas un don permanente que nos ayuda a ser lo que somos, a crecer y soñar, que siempre está ahí, que nunca abandona, especialmente en situaciones límites de dolor, angustia, paro, necesidad? Y ¡qué decir de la Fe, el Bautismo, el Evangelio y la Iglesia! ¿No es el mayor don, porque nos hablan del amor de Dios y de Dios Amor sobre el que podemos edificar nuestra vida personal y comunitaria como sobre roca firme y mirar confiados, a pesar de todos los pesares, las circunstancias más difíciles, incluso la muerte y más allá de la muerte, la vida eterna? No en vano la oración cumbre de la iglesia es una acción de gracias al Padre, por el Hijo en el Espíritu Santo, realizada desde la alegría, la confianza la unión y el amor agradecido.

Yo deseo y quiero vivir y servir desde la lógica del don, no la del interés propio, que contamina todo.
l Confianza en Dios y en la misión. No llego a Palencia para realizar mi obra, ni mis planes, ni a realizarme yo como persona, sino a colaborar en la misión de Cristo, que es la de la Iglesia, la de la comunidad cristiana y que consiste en evangelizar, es decir, llevar y ofrecer a todos la alegría, la misericordia fiel del Padre que se refleja en el rostro de Cristo.

Recuerdo que una vez un sacerdote venerable y amigo me dijo: “Mira, en ocasiones queremos, después de haber trabajado, sudado, amado y sufrido, recoger y agavillar el fruto y sentirnos satisfechos. Hoy, teniendo en cuenta los tiempos recios que vivimos, debemos sentirnos contentos por poder sembrar la semilla del reino, y hacerlo con alegría y esperanza. Caerán granos en el camino, o entre las piedras, o se los comerán las aves, pero también hay tierra buena, dispuesta a coger la semilla y producir cosecha, pero nada debe quitarnos la paz. Y además, aunque no produzca fruto, siempre podemos mirar, admirar y contemplar la semilla que Dios ha puesto en nuestras manos y confiar pacientemente en su potencia como el grano de mostaza o en la levadura que transforma la masa”. Un cercano viernes oraba la Iglesia con unas palabras del profeta Habacuc: «Aunque la higuera no echa yemas y las viñas no tienen fruto, aunque el olivo olvida su aceituna y los campos no dan cosechas, aunque se acaban las ovejas del redil y no quedan vacas en el establo, yo exultaré con el Señor, me gloriaré en Dios mi salvador. El Señor soberano es mi fuerza; él me da piernas de gacela y me hace caminar por las alturas» (3, 15-19).

Os abro mi corazón y mi alma. Rogad a Dios por mí como yo ruego por vosotros para que juntos gocemos y llevemos la alegría del amor de Dios y el gozo del Evangelio.

martes, 21 de junio de 2016

Con nuestro Obispo Manuel

«Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a tu servidor, el Papa Francisco, a mi hermano Manuel, Obispo de esta Iglesia de Palencia, a mí, indigno siervo tuyo, al orden episcopal, a los presbíteros y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti. Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia».

El pasado 18 de junio, en una bella ceremonia presidida por el Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Renzo Fratini, y concelebrada por una treintena de Arzobispos y Obispos y varios centenares de sacerdotes... la S.I. Catedral y los miles de fieles allí reunidos fueron testigo de la Ordenación Episcopal e Inicio del Ministerio como Obispo de Palencia de Mons. Manuel Herrero Fernández, OSA.

Comienza un nuevo tiempo en nuestra Iglesia diocesana que viene con un anhelo profrundo en nuestro nuevo Obispo: «Que lo que hagamos, sea lo que sea, orando juntos, unos por otros, vosotros por mí y yo por vosotros, “porque si el Señor no construye la casa en vano se cansan los albañiles” (Sal 127), porque sin Él no podemos hacer nada y Él nos lo da todo. Para Él nada es imposible. Que nos conceda su Santo Espíritu para “permanecer en Él, perseverar en su amor, vivir de su vida y ser conducidos por su mano”. Pedid al Señor que no me apaciente a mí mismo y no busque mis intereses, sino los de Jesucristo (Cfr. Fil 2, 21; S. Agustín, Sermón 46)».