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jueves, 22 de marzo de 2018

La Capilla de San Ildefonso



La capilla bajo la advocación de San Ildefonso de la Catedral de Palencia es de gran interés artístico y cultural. Fue patronato de uno de los personajes más vinculados a la historia de Palencia y su catedral, Alonso Fernández de Madrid, canónigo e intelectual destacado. Tradujo el Enchiridion de Erasmo de Rótterdam, lo que le granjeó algunos problemas entre ciertos sectores del clero, pese a su cuidadosa y equilibrada traducción. Su principal aportación a la historia de la ciudad fue la célebre “Silva Palentina”, donde hace una memoria de la antigüedad y nobleza de la Iglesia y ciudad de Palencia. Describe los prelados que rigieron la Iglesia. Junto a las reseñas correspondientes, se insertan noticias generales y locales dotando al conjunto de gran viveza y agilidad en la lectura. Intentó restaurar los Estudios Generales de Palencia, que habían perdido gran parte de sus profesores e influencia a favor de Salamanca y Valladolid y estableció un nuevo estudio de gramática como acceso a los estudios teológicos.
 
Muy joven obtuvo una canonjía en la catedral palentina, quizás con la edad requerida entonces de 14 años Desde agosto de 1509 ocupó la dignidad por la que se la conoce, Arcediano del Alcor. Menéndez Pelayo dice de él “que era el palentino varón de irreprochables costumbres y en la oratoria sagrada muy aventajado”. Está enterrado en esta capilla figurando en una sencilla lápida la fecha de su muerte el 18 de agosto de 1559.
 
La obra de arte más destacada de la capilla es el retablo renacentista, con la imposición de la casulla a San Ildefonso por parte de la Virgen. Está situado en el muro este, recuadrado por un marco de fábrica que recuerda a la arquitectura, que cobija las portadas de la época, atribuido a Juan de Valmaseda Está formado por relieves labrados con gran calidad y policromados, con matices de Siloé y, aunque lejanos, también de Berruguete. El maestro del retablo ha sido capaz de fundir las más delicadas formas italianizantes con las características de la escuela burgalesa en una síntesis genial y única. Se realizó hacia 1530. Es la obra maestra de Juan de Valmaseda.
 
La zona superior del retablo se remata con un medallón en la que aparece el tema de la Piedad y, sobre ella, un calvario.
 
La capilla, como todas las de este lado de la catedral, tiene su correspondiente sacristía, a la que se accede mediante una puerta renacentista con medallones, dos putti teniendo sendos escudos, y en el centro del tímpano la imagen del Creador.




martes, 6 de marzo de 2018

La Capilla de San Gregorio



La Capilla de San Gregorio  y sus contenidos han llegado inalterables hasta nuestros días. No ha tenido cambios en su advocación.

Es una de las fundaciones más importantes de la catedral. Fue patronazgo de la familia Arce, emparentada con el obispo Fray Alonso de Burgos. El principal patrono fue el Juan de Arce que asistió al Concilio de Trento, lo que prueba su prestigio cultural y sus garantías para desarrollar una importante labor de mecenazgo. El Arcediano del Alcor, en la Silva Palentina le presenta como “varón de muchas letras divinas y humanas e insigne teólogo”. Su gusto estético se adapta al nuevo estilo renacentista impuesto años anteriores en el retablo mayor de la catedral. Su autor preferido era Juan Ortiz el Viejo I, de formación vigarnista.

En 1528 le concedieron tres sepulturas en la capilla para él y sus descendientes, obligándose a hacer mejoras en la misma. Continuó la labor de enriquecimiento artístico de la capilla. La decoró con pinturas y esculturas, debidas a la mano de diferentes autores, entre los mejores del medio palentino de entonces.

En aquella época predominaba el mecenazgo que se establece a través de la compra de sepulturas o de capillas enteras. Los personajes que las contratan eran dignidades, en menor medida nobles y letrados. Se establecen contratos pormenorizados entre el cabildo y estos personajes. Así, se establecía el número y forma de los enterramientos, en los que se suele evitar los bultos y los arcosolios, lo que es una razón de que existan tan pocos en la catedral.

Hay también la obligación del patrono de poner reja, retablo, decoración y objetos de culto. Y de atender a las capellanías. Por último, el patrono paga una cantidad a la catedral tanto en dinero como en renta perpetua. Según esta modalidad de patronazgo se decoran gran número de capillas de la catedral y de retablos, puesto que la mayor parte de aquellas se encontraban sin decorar al comienzo de este periodo. Por ello fue una contribución decisiva el mecenazgo artístico durante el S. XVI.

Juan de Arce mandó hacer el retablo principal de la capilla, dedicado a San Gregorio, que muestra un cierto paralelismo con el mayor del convento de San Pablo de Valladolid. En el centro está el Papa San Gregorio rodeado de obispos y presbíteros elevando la sagrada forma.

A la izquierda, el retablo de San Cosme y Damián, de estilo plateresco. En la parte inferior (predela) los santos titulares del retablo, sustituyendo la pierna gangrenada de un enfermo por la de un negro. En los dos compartimentos del cuerpo principal, van las imágenes de San Cosme y San Damián. La escultura de San Matías, que ocupa el centro del cuerpo del retablo no se la describe en este lugar en 1564, por lo que se deduce que se coloco posteriormente. Su estilo es de un manierismo ecléctico de esa época, y aunque ha tenidos varias atribuciones, hay que vincularla con obras del escultor palentino Juan Ortiz Fernández. En la pared izquierda, en 1535 se erigió el sepulcro de D. Juan de Arce.

Amador Valderrábano


sábado, 17 de febrero de 2018

La Capilla de Santa Lucía



La Capilla de Santa Lucía está ubicada a los pies de la nave norte de la catedral. Se utilizó de Sala Capitular mientras se construía la que definitivamente iba servir para estos fines. Adquirió una gran importancia tras el patronato de Francisco de Ribadeneira, quien solicitó al Cabildo en 1569 dicha capilla para su recinto funerario y en 1582 fue instalado tal y como atestigua la inscripción en una de las pilastras del banco, después de haber sufrido una serie de reformas que introdujeron cambios iconográficos y estilísticos.

La familia Ribadeneira continuó desarrollando sus actividades promotoras en el siglo XVII, entre ellas la construcción del retablo de las Lágrimas de San Pedro por encargo del Arcediano de Palencia Hernando de Ribadeneira, que fue limosnero y capellán de Felipe III. En su interior un interesante lienzo que representa a San Pedro, arrepentido y lloroso. El santo delante de una gruta y de un paisaje colorista y luminoso aparece sentado. Probablemente la pintura fue realizada en Valladolid. Este óleo guarda relación con el que realizara con este tema José Ribera en 1621 y responde a uno de los valores que la cultura contrarreformista estaba intentando imponer: el del arrepentimiento a través de la confesión.
 
En los pies de la capilla, bajo un pequeño altar-hornacina, está situado el monumento funerario del canónigo D. Blas de la Rua y Bustamante que mantenía magníficas relaciones con los Ribadeneira, con quien estaba emparentado. En la zona baja aparece una cartela en la que se hace un resumen de la biografía de este canónigo que fue un benefactor de la catedral; dejó a la fábrica, entre otros bienes, 300 ducados para la manutención de la capilla. Por encima, existe una hornacina, flaqueada por dos festones, en cuyo interior aparece una buena talla de la Inmaculada, de mediados del S. XVII.
 
El retablo de Santa Lucía procede del monasterio de la Santa Espina y fue comprado por el patrono de la capilla a la iglesia de Castromonte (Valladolid), colocándolo en torno a 1581. Esto explica que aparezcan santos benedictinos entre la iconografía del retablo, y que el estilo arquitectónico es plateresco de hacia 1550.
 
En la hornacina central del retablo se encuentra la imagen de Santa. Lucía, posterior al retablo, de gran belleza. Es obra de Manuel Álvarez, de la escuela de Alonso Berruguete. Esta santa se extrajo los ojos como prueba de su fe y la Virgen le hizo brotar otros de mayor belleza, por lo que se la considera patrona de las enfermedades oculares.
 
En el suelo hay numerosas lápidas de enterramiento de los fundadores.
 
La puerta de la sacristía, donde hoy está ubicado un inconveniente aseo, es de nogal del estilo de Manuel Álvarez, tiene bajorrelieves con temas de virtudes, dotados de un elegante movimiento.

Amador Valderrábano


martes, 6 de febrero de 2018

La Capilla de las Reliquias



A la actual Capilla de las Reliquias se le han dado varios nombres: originariamente fue de las Reliquias, después del Monumento y del Tesoro, y actualmente, de nuevo, de las Reliquias.
 
Está adosada a la fachada occidental de la catedral, una fachada inacabada que ha sufrido un sinnúmero de vicisitudes. Es una construcción de planta octogonal a la que se accede desde los pies de la catedral en el extremo oeste de la nave del Evangelio, mediante un arco que en su inicio estaba previsto para componer simétricamente los accesos principales a la catedral. El defecto mayor de la construcción lo constituye su situación, que hipotecó definitivamente el acabamiento de la fachada principal, pero se trata de un elemento brillante en sí mismo, con su cubierta restaurada recientemente. Por otro lado, laa capilla es uno de los escasos ejemplos de arquitectura dieciochesca de la zona, arquitectura de raíz madrileña y culta.
 
A finales del siglo XIX y principios del XX se criticó con dureza esta pequeña edificación. En 1955 se llegó, incluso, a plantearse su derribo.
 
Durante la época barroca una de las preocupaciones del Cabildo fue que existiera en la catedral un lugar en el que se ubicar las reliquias. Nuestra catedral Palencia estuvo catalogada como una catedral muy importante, viva y dinámica, entre otras cosas, por las reliquias que poseía. Así, surgieron varias propuestas sobre donde debía levantarse. Se habló de abrir un espacio junto a la capilla de San Fernando, pero se desecharon estos planteamientos. Se decidió al final que se levantara a los pies del templo.
 
En esta época la Iglesia palentina es materialmente poderosa y dado que las necesidades de culto estaban suficientemente cubiertas, así como las obras de mantenimiento, el 20 de julio de 1735, se aprobó iniciar las obras de construcción de la capilla. Le fue adjudicada al maestro de cantería José de Puente. El maestro dorador que intervino en las labores de dorado de las yeserías y participó en las tareas de policromía de los retablos fue Juan Barreda.
 
Concluidas las obras, la capilla acogió gran parte de las reliquias, que estuvieron colocadas en un retablo que posteriormente se trasladó a la capilla de la Inmaculada, donde permaneció más de un siglo.
 
En el siglo pasado las filtraciones de agua ocasionaron pérdidas irreversibles en la decoración. Tras quince años cerrada, la capilla ha sido recuperada después de acometer unos trabajos de restauración los años 2009-2010, que han propiciado uno de los conjuntos decorativos más bellos de la catedral.
 
Tras la restauración, se ha vuelto a llamar de las Reliquias. En el interior frente a la puerta de entrada, se ha colocado un bello retablo con tecas de plata que contienen reliquias y que, juntamente con las que se guardan en la capilla de san Jerónimo, constituyen un preciado tesoro de la catedral.
 
Decoran las paredes cuatro cuadros; dos con algunos rasgos de la vida de San Juan Nepomuceno, los otros dos pueden representar algunas escenas de la vida de San Antolín.
 
En el centro, se conserva la sepultura de D. Juan de Herrera, obispo de Sigüenza (1726) y presidente del Consejo de Castilla, antes Deán de la catedral de Palencia. Gracias a la Fundación de Patrimonio de Castilla y León y al Cabildo, bajo la dirección del arquitecto Fernando Díaz Pinés, la capilla ha recuperado la totalidad del conjunto policromado de la bóveda, la azulejería y las pinturas murales.

Amador Valderrábano

sábado, 13 de enero de 2018

La Catedral de San Antolín

La primera vez que uno se adentra en la catedral de San Antolín de Palencia se empequeñece ante la majestuosidad que se alza ante su mirada. Se muestra rotunda, silenciosa, llena de historias suspendidas en una atmósfera que nadie puede sustraerse. Sus rincones, altares, y capillas, sus luces proyectadas a través de las vidrieras, arrojan historia, arte, vivencias.

Es expresión del gótico, con elementos visigóticos y románicos, elementos decorativos renacentistas, barrocos y neoclásicos. Referente de la historia del cristianismo en Palencia a lo largo de su historia milenaria: desde la Escuela Episcopal de tiempos del obispo Conancio (S.VII), la escuela de la Propaganda Católica que tanta importancia social tuvo a principios del siglo pasado, hasta nuestros días. Este es su secreto: la fe que la levantó, sostiene y proyecta como proyección evangelizadora. Es continente visible del misterio de lo invisible, signo de la belleza, la grandeza y la permanencia de Jesucristo.
 
La catedral de San Antolín es la cátedra del obispo, una catedral viva, con su actividad cultual, pastoral y cultural diaria, su historia al descubierto, con los personajes que la visitaron y la enriquecieron, sus rincones aún desconocidos, sus proyectos. Una catedral cercana, una casa de puertas abiertas, para que quien quiera adentrarse, perciba el orbe divino en medio de la urbe humana.

Las sociedades urbanas modernas necesitan edificios representativos que les den relieve y originalidad y lleguen a identificarlas. La Seo Palentina es referente para la ciudad y ha tenido y tiene un importante papel religioso, cultural y social. Palencia, que recibe honores, prebendas y numerosos privilegios de los reyes a través de sus obispos y cabildo, acomoda a las nuevas circunstancias su sede espiritual más importante y también centro álgido de la ciudad. Ve la necesidad de sustituir la catedral románica por otra más grande y en consonancia con el nuevo estilo de vida, más propenso a la vanagloria y encumbramiento espiritual y temporal.
 
Después de un largo periodo de dudas y agitadas controversias, el obispo Juan II, de acuerdo con el cabildo, decide iniciar una nueva sede catedralicia el 1 mayo de 1.321, primer año de su episcopado. La única gran catedral castellana iniciada en esta centuria. En 2021 celebraremos el séptimo centenario de su iniciación.

Las transformaciones arquitectónicas no fueron muy notables en la catedral en los siglos del barroco pero sí se verificaron algunas notables actuaciones tendentes a transformar la imagen de varias capillas dotándolas de nuevas ornamentaciones que contribuyeron a generar una imagen más acorde con los nuevos tiempos estéticos.

Se desconoce cuándo se apostó por llamarla “La Bella Desconocida”. Hoy es un tópico dicho adjetivo. En los últimos años la catedral palentina ha ido adquiriendo un renombre nacional por información boca a boca de los visitantes y por Internet y Facebook, Twitter e Instagram. Con el Proyecto Cultural Catedral de Palencia “La Bella Reconocida” promovido por la Junta de Castilla y León, el Cabildo y el Ayuntamiento, se ha dado un nuevo impulso para que la Seo deje de ser desconocida, y sea admirada y “Reconocida”.

En “Iglesia en Palencia” se va a hacer un breve recorrido histórico-artístico de los cambios de advocación y o nombre de varias capillas de la catedral y las razones que los motivaron. Son diez y seis las capillas con funciones, contenidos y estilos muy variados, aunque no todas han sufrido cambios de nombre o advocación.

Amador Valderrábano