Que España vive rodeada de pobreza, es tan evidente que no necesitamos tratar de demostrarlo. El paro de millones de españoles y el número extraordinario de empresas que se dan de baja, son pruebas de la pobreza en España.
San Juan de Ávila vivió en pobreza de comida y vivienda. Siendo hijo único y de unos padres muy ricos, al cantar misa, lo vendió todo y repartió el dinero entre los pobres. Nunca tuvo casa en propiedad y jamás aceptó las ofertas de una casa-palacio. Y se las ofrecieron muchas veces. Cuando murió no hizo testamento porque, como dice él mismo, no tenía nada propio. En su casa prestada, tenía un crucifijo muy grande, que tampoco era suyo. Vivió pobremente, predicó mucho sobre la pobreza, y nos dejó unos escritos admirables. En sus “Tratados de Reforma” da unos consejos a los Reyes, que sirven muy bien para cualquier clase y categoría de autoridad.
La pobreza voluntaria es un bien inmenso y principio de paz y felicidad, dicen todos los místicos y singularmente San Juan de la Cruz. Sus “Nadas” del Monte Carmelo, son el camino más directo para llenarse de Dios. San Juan de Ávila recalca que la pobreza obligada es fuente de muchos pecados. Por eso aconseja a las autoridades que procuren administrar bien la “hacienda” evitando que sus súbditos vivan en pobreza. Y afirma: “De la pobreza obligada se siguen muchos pecados contra Dios y los prójimos”.
Esta doctrina tan evangélica, como reflejo de la Vida de Jesús y su Mensaje, es muy de actualidad en nuestra querida España. ¿Por qué España está rodeada de la más angustiosa pobreza? ¿Por qué las autoridades no saben o no pueden evitar el paro? ¿Qué parte de responsabilidad tenemos cada uno de nosotros?
Germán García Ferreras
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