sábado, 16 de mayo de 2015

¿Por qué se le da a Jesús el título de «Cristo»? (73)

En la fórmula «Jesús es el Cristo» se expresa el núcleo de la fe cristiana: Jesús, el sencillo hijo del carpintero de Nazaret, es el Mesías esperado y el Salvador [1436-440, 453].

Tanto la palabra griega «Christos» como la hebrea «Messias» significan «ungido». En Israel eran ungidos reyes, sacerdotes y profetas. Los Apóstoles experimentaron que Jesús está ungido «con la fuerza del Espíritu Santo» (Hch 10, 38). Por eso nos llamamos cristianos, como expresión de nuestra alta vocación.

MENSAJE DE DESPEDIDA AL PUEBLO DE DIOS HOMILÍA EN LA MISA DE ACCIÓN DE GRACIAS Y DESPEDIDA DE LA DIÓCESIS Santa Iglesia Catedral de Palencia. 16 de mayo de 2015: ¡No nos dejemos robar la esperanza!

El Papa Francisco, en su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, y en su posterior magisterio nos ha venido mostrando los aspectos que hemos de reavivar, como Iglesia universal y como creyentes individuales, para el seguir fielmente a Jesucristo en nuestros días.

Yo quisiera recordar ahora, como mensaje de despedida al pueblo de Dios en Palencia, lo que ya os he dicho anteriormente en repetidas ocasiones y que desearía que lo considerarais como una especie de resumen de mi magisterio pastoral entre vosotros.

Las líneas maestras de la renovación que el Papa está indicando a todos los hijos de la Iglesia, sacerdotes, religiosos y laicos, van en tres direcciones convergentes: la conversión del corazón, la conversión pastoral y la renovación de las estructuras eclesiales.

EVANGELIZADORES CON ESPÍRITU
La conversión del corazón


En su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, nos advierte claramente: «Evangelizadores con Espíritu quiere decir evangelizadores que oran y trabajan. Desde el punto de vista de la evangelización, no sirven ni las propuestas místicas sin un fuerte compromiso social y misionero, ni los discursos y praxis sociales o pastorales sin una espiritualidad que transforme el corazón /.../ Siempre hace falta cultivar un espacio interior que otorgue sentido cristiano al compromiso y a la actividad» [1].

Cuando no tenemos una auténtica espiritualidad que transforma el corazón, podemos caer en lo que el Papa denomina la “mundanidad espiritual”, que se esconde detrás de apariencias de religiosidad e incluso de amor a la Iglesia, pero que busca en lugar de la gloria del Señor, la gloria humana y el bienestar personal [2]. Este cristiano, sacerdote, religioso o laico, vive en el mundo, dentro de la realidad social y cultural de su tiempo, con el riesgo de convertirse en “mundano”, con el riesgo de que la sal pierda su sabor, esto es, que su cristianismo pierda la novedad que viene  de Jesús y del Espíritu Santo. «Es triste -decía el Papa el domingo pasado- encontrar cristianos que se parecen a un vino aguado y ya no se sabe si son cristianos o mundanos, como el vino aguado no se sabe si es vino o agua» [3]. Son cristianos que todavía no viven una amistad personal con Jesucristo, que aceptan indiscriminadamente opiniones o formas de vida difundidas por la cultura materialista y relativista de nuestro tiempo, o que están, quizás, comprometidos socialmente, pero su corazón está muy lejos del Señor.

Para vivir la necesaria conversión del corazón es preciso renovarse continuamente con la savia del Evangelio, leyéndolo y meditándolo cada día, de forma que la Palabra de Dios esté siempre presente y operante en nuestra vida. Además, debemos participar en la misa dominical, donde encontramos al Señor en la comunidad, escuchamos juntos su Palabra y recibimos el sacramento de la Eucaristía, que nos une con él y entre nosotros [4]. Y, finalmente, necesitamos lo que el Papa denomina el “pulmón de la oración”. Por ello nos recuerda en otro lugar de la misma Exhortación Apostólica: «Sin momentos detenidos de adoración, de encuentro orante con la Palabra, de diálogo sincero con el Señor, las tareas fácilmente se vacían de sentido, nos debilitamos por el cansancio y las dificultades, y el fervor se apaga. La Iglesia necesita imperiosamente el pulmón de la oración, y me alegra enormemente que se multipliquen en todas las instituciones eclesiales los grupos de oración, de intercesión, de lectura orante de la Palabra, las adoraciones perpetuas de la Eucaristía» [5].

DISCÍPULOS MISIONEROS
La conversión pastoral


Otra idea central de la renovación que está pidiendo el Papa a la Iglesia es que «ya no podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros templos. Hace falta pasar de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera» [6]. En efecto, citando a San Juan Pablo II, el Papa Francisco nos recuerda que la evangelización de los que están alejados de Cristo es la tarea primordial de la Iglesia en nuestro tiempo. «La actividad misionera representa aún hoy día el mayor desafío para la Iglesia, por lo que la causa misionera debe ser la primera» [7]. Esta tarea de anunciar el Evangelio al mundo de hoy es un deber de todo cristiano, no sólo de los sacerdotes o religiosos. Cada uno en su medio ambiente tiene el deber de ser testigo de Jesucristo con su palabra y con el ejemplo de su vida. La misión de anunciar el Evangelio es tarea de toda la Iglesia. Por eso en otro momento afirmará : «Ser Iglesia es ser Pueblo de Dios, de acuerdo con el gran proyecto de amor del Padre. Esto implica ser el fermento de Dios en medio de la humanidad. Quiere decir anunciar y llevar la salvación de Dios a este mundo nuestro, que a menudo se pierde, necesitado de tener respuestas que alienten, que den esperanza, que den nuevo vigor en el camino» [8].

Ahora bien, no se trata de comenzar predicando unos preceptos morales, por muy elevados que sean, ni de difundir los valores humanos en alza en la cultura de nuestro mundo, ni de transmitir las propias opiniones sobre los problemas sociales. Por eso, se nos advierte: «No puede haber auténtica evangelización sin la proclamación explícita de que Jesús es el Señor, y sin que exista un primado de la proclamación de Jesucristo en cualquier actividad de evangelización» [9]. Ello vale tanto para las homilías, como para la catequesis, como para los planes de formación de los movimientos apostólicos de la Iglesia. El amor de Dios, manifestado en el envío de su Hijo al mundo para salvar al hombre, es el núcleo de la misión.

ESCUCHAR EL CLAMOR DE LOS POBRES
Nuevas estructuras


En tercer lugar, la conversión nos pide renovar aquellas estructuras de la Iglesia que han quedado caducas o bien no traducen las nuevas exigencias de la evangelización, según las necesidades de los tiempos. Ya no vale el inmovilismo del que se refugia en aquello de que “siempre se ha hecho así”. Ello se aplica especialmente para esas formas de religiosidad cristiana de las que el Papa hablaba anteriormente denominándolas «propuestas místicas sin un fuerte compromiso social y misionero».

viernes, 15 de mayo de 2015

San Torcuato. Su fiesta se celebra el 15 de mayo

Reliquia (brazo) de San Torcuato. Relicario de plata y cristal S.XVIII. Iglesia parroquial de San Martín (Renedo de la Vega)
Su vida nos llega envuelta en leyendas y se enmarca en la primera evangelización de Hispania, por los siete varones apostólicos. El apóstol Santiago viene a predicar hacia el año 40 d.C. y sólo consigue convertir a siete varones, entre ellos Torcuato. El apóstol, decepcionado, recibe en Zaragoza, la visita de la Virgen. La Virgen del Pilar le consuela, le da ánimo y pide que la edifique un templo. De regreso a Jerusalén asisten a la dormición de la virgen, recibiendo su bendición. Allí Santiago es decapitado y Torcuato y compañeros recogen su cuerpo y lo trasladan a Galicia para darle sepultura.

Los varones apostólicos son ordenados Obispos en Roma y enviados por San Pedro y San Pablo a la península ibérica. Comienzan por Guadix, donde hayan resistencia y persecución, convirtiendo a muy pocos. Pese a todo, logran crear una comunidad cristiana de la que fue obispo, siendo ésta la primera diócesis española. Torcuato sufre persecución y martirio a finales del siglo I, y es enterrado en Guadix, donde más tarde se levantó una basílica visigótica para custodiar sus restos, permaneciendo allí hasta la invasión musulmana del siglo VIII. Sus restos son trasladados a Santa Comba de Bande (Orense), convirtiéndose en lugar de peregrinación. En el S. X San Rosendo, obispo de Mondoñedo, los trasladó al monasterio del Salvador de Celanova (Orense). Y al morir quiso enterrarse junto a San Torcuato.

En 1215, año de la fundación de la abadía de Santa María de Renedo de la Vega (Palencia), llegó desde Celanova una reliquia importante: su brazo derecho. Fue donada D. Rodrigo Rodríguez, su mujer Dña. Inés Pérez y la reina Doña Berenguela. Actualmente la reliquia se conserva en la Iglesia parroquial, donde recibe culto y es dada a besar el día de su fiesta. Es copatronato de Renedo junto con el obispo San Martin de Tours.

Se le representa vestido de Obispo, con mitra, báculo y con la palma del martirio. En la diócesis hay pocas representaciones, al contrario que en Orense, León y Zamora.

Texto: José Luis Calvo
Fotografía: Antonio Rubio

Oración
Concédenos, Señor, llenarnos de alegría al celebrar la fiesta del mártir San Torcuato, que murió con muerte gloriosa derramando su sangre para confesar con valentía la muerte y la Resurrección de tu Hijo.

San Isidro

Una gran parte de nuestros puebloscelebran la festividad de San Isidro. Una fiesta en la que los agricultores  aprovechan para hacer sus peticiones al patrón. 

Son muchas las parroquias que tuvieron y tienen cofradía de San Isidro: la Catedral de Palencia, Aguilar de Campoó, Carrión de los Condes, Dueñas, Herrera de Valdecañas, Paredes de Nava, Alar de Rey, Becerril de Campos, Cisneros, Ampudia, San Cebrián de Campos. 

San Isidro es patrón de Becerril de Campos y Calzada de los Molinos. 

También rinden gran devoción a San Isdro los vecinos de Villoldo, Frómista, y Herrera de Pisuerga, entre otros.

jueves, 14 de mayo de 2015

Propuestas

La reciente Instrucción Pastoral “Iglesia, servidora de los pobres”, aprobada por la Conferencia Episcopal Española... debes leerla. Desde el principio hasta el final.

Porque es necesaria. Y porque se entiende todo. Y porque... para que lo que en ella pone... se haga vida... también tu haces falta. Y porque propone cosas concretas. Ocho propuestas esperanzadoras desde la fe para vivir el compromiso caritativo, social y político.

  • Promover una actitud de renovación y conversión, que nos identifique con Cristo y que salga al encuentro de los pobres, siendo instrumentos para su liberación, promoción e integración en la sociedad.
  • Cultivar una espiritualidad que impulse al compromiso social. Sólo el encuentro con el Amor de Dios, puede transformar y purificar los corazones de los discípulos, cambiándolos de egoístas y cobardes en generosos y valientes; de estrechos y calculadores, en abiertos y desprendidos.
  • Apoyarse en la fuerza transformadora de la evangelización, porque el anuncio del Evangelio, fermento de libertad y de fraternidad, ha ido acompañado siempre de la promoción humana y social de aquellos a los que se anuncia.
  • Como consecuencia de lo anterior, profundizar en la dimensión evangelizadora de la caridad y de la acción social, desde el testimonio personal y sin olvidar el anuncio explícito de Jesús. Tenemos, además, el reto de ejercer una caridad más profética. No podemos callar cuando no se reconocen ni respetan los derechos de las personas, cuando se permite que los seres humanos no vivan con la dignidad que merecen.
  • Promover el desarrollo integral de la persona y afrontar las raíces de las pobrezas. Además de atender a las necesidades más urgentes, el acompañamiento de las personas es la base de la acción caritativa: No se trata sólo de asistir y dar desde fuera, sino de participar en sus problemas y tratar de solucionarlos desde dentro.
  • Defender la vida y la familia como bienes sociales fundamentales.
  • Afrontar el reto de una economía inclusiva y de comunión. La reducción de las desigualdades debe ser uno de los objetivos prioritarios de una sociedad que quiera poner a las personas, y también a los pueblos, por delante de otros intereses.
  • Fortalecer la animación comunitaria. Es necesario que la comunidad cristiana sea el verdadero sujeto eclesial de la caridad.
Y no tengo nada más que añadir. Me pongo a pensar qué es lo que puedo -y debo- hacer yo.

Domingo Pérez