miércoles, 1 de noviembre de 2017

Me preocupan los de 12 años

Cuando esto escribo se acaba de declarar “la República Catalana, como Estado independiente y soberano”... y doy gracias a Dios porque mi hijo solo tenga tres años... y no entienda la actualidad. O a eso me agarro.

En un Parlamento ha saltado por los aires, y retransmitido por la televisión, el respeto a la Ley. Así que pudiera ser que estemos mandando un mensaje muy peligroso... a los de 12 años. Da lo mismo la Ley, dan lo mismo las normas. Nosotros mismos decidimos cuál es la Ley vigente... y si no nos gusta la cambiamos. O cogemos solo la parte que nos gusta para nuestro objetivo del momento. Y tampoco es necesario seguir los cauces para cambiar la Ley. Pues el objetivo es hacer mi santa voluntad.

Y se ha declarado “la república catalana, como Estado independiente y soberano”... con un voto secreto. Así que pudiera ser que también estemos mandando otro mensaje muy peligroso... a los de 12 años...: haz todo lo que esté en tus manos para no hacerte responsable de tus actos.

En resumen: No cumplas la Ley y no asumas las consecuencias de no cumplir la Ley.

A vuestra imaginación dejo el elucubrar las posibles consecuencias de que esto se hiciera norma en el hogar, en la escuela, en el parque...

Tenemos la tremenda responsabilidad de evitar que lo que no tiene ni pies ni cabeza se convierta en norma. Cada verá cómo traduce esto a los suyos, los propios. Y a los ajenos.

No tengo ni idea de cómo estará la situación cuando leas esto... y solo espero que empiecen a aparecer los “buenos ejemplos”... pues el mal ejemplo se extiende como la pólvora. Si tiene que sobrarnos algo en los días venideros... que sea la cordura y el trabajo constante por la convivencia y el Bien Común.

Domingo Pérez

Beatificación de los Mártires Claretianos

El pasado 21 de octubre, la Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona acogió la ceremonia de beatificación de 109 mártires claretianos, en una ceremonia presidida el cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

Entre ellos se encuentran dos palentinos:
  • Isaac Carrascal Mozo: Nacido en Castrillo de Don Juan, el 11 de abril de 1896. Le llegó el martirio el 14 de octubre de 1936 en Castro Urdiales (Cantabria).
  • Vicente Vázquez Santos: Nacido en Villada, el 23 de agosto de 1915. Le llegó el martirio en 26 de julio de 1936 en Lérida.

Halloween como sucedáneo

El fenómeno de Halloween, tan extendido hoy entre nosotros (aunque ajeno a nuestra cultura), reaparece todos los años y vuelve por estas fechas, al caer la hoja, lo mismo que vuelven a la sartén los buñuelos de viento y los huesos de santo. Todo ello -¡vaya por Dios!- coincidiendo con la conmemoración cristiana de los Fieles Difuntos...

¿Y qué tiene que ver el fenómeno Halloween con esta cristiana conmemoración? ¿Qué tienen que ver los disfraces de monstruos con la muerte o con nuestros difuntos?

Nada. Halloween pretende ser un sucedáneo frívolo, mercancía inútil que nos venden desde USA. Piensen ustedes un poco y saquen conclusiones. Pocas cosas existen hoy que se intenten camuflar y disimular tanto como la muerte. Intento inútil. ¿Qué se pretende? ¿Evadirnos del pensamiento mortuorio con un juego? ¿Paganizar la celebración de los Fieles Difuntos, cristiana por tradición y devoción?

Halloween, bien mirado, es una fiesta bastante tonta que, tal vez no hace falta ni siquiera exorcizar, como a Drácula y sus compinches, los vampiros, sabiendo que no tiene más trascendencia que la de un montaje y su correspondiente reclamo para vendernos disfraces pasajeros: o sea, diversión y jolgorio para un carnaval anticipado.

Sólo que esta fiesta pagana irrumpe precisamente (no por casualidad) en estos días en que la tradición cristiana nos invita a honrar a nuestros seres queridos que ya no están con nosotros. Y aquí veo yo un punto de malicia, quizá un poco tontorrona y sin demasiada trascendencia; pero dado que algunos todo lo aprovechan para su capote ideológico y andan siempre reivindicando lo que no les pertenece, conviene levantar la voz y descalificar sin más a esos listos que se envuelven en la toga de la libertad de expresión a todas horas para colarnos slogans contra la Iglesia, “oscurantista y amiga de los muertos” (parece mentira, pero lo entrecomillo porque así lo he oído).

En todo caso, la buena gente sabe lo siguiente: pensar en la muerte sin depresiones, con la esperanza puesta en las promesas de Jesucristo, puede ser un ejercicio no sólo de sabiduría cristiana, sino también humana, ya que nos permite hacer recuento de nuestros días con la mirada puesta en lo que merece la pena.

Dicho esto, no creo que Halloween, deba alejarnos a los cristianos de la fe en aquel que dijo: “Soy la resurrección y la vida”. Pero si alguien pretendiera sustituir una respetable y social costumbre cristiana por una mascarada terrorífica que a nadie aterra (excepto al ritmo académico de los escolares), me parece que lo tiene difícil. Nada hay en la entraña del pueblo más asimilado que el recuerdo de sus difuntos.

¿Qué hay, por tanto, detrás o al fondo de Halloween? Sin duda, lo primero que se ve es un despliegue publicitario y comercial que a nadie debería engañar, y que sin embargo engaña a muchos y entontece a los más. Algo parecido ocurre con la Navidad a la que le cuelga otro horroroso montaje publicitario, aunque aquí al menos se juega con unos sentimientos nobles de paz y convivencia familiar (eso sí, muy dulzones, y todo ello regado con ríos del líquido espumoso).

Los humanos somos incorregibles. Pero lo que a no pocos indigna es que los listos de siempre se aprovechen de todo el mundo para hacer su agosto, su diciembre y ahora su noviembre. No hay mes ni fiesta pagana o cristina, que por bien no venga, y que algún beneficio o tajada comercial aporte. Increíble.

Hasta una fiesta, como Halloween, implantada (¿subvencionada?) desde hace unos años y ahora popularizada de tal manera que frena el ritmo de los colegios e invade las calles de máscaras que asustan a los menos y suscitan indiferencia en los más, nos hace perder el tiempo. Y tal vez a mí también, que estoy escribiendo esto.

Eduardo de la Hera

Los Santos, amigos de Dios y el Día de los Difuntos

Los santos se encuentran junto a Dios y están vivos. Éste es el sentido de la fiesta que celebramos el 1 de noviembre. Ellos no son indiferentes a la humanidad. Santa Teresa de Lisieux dijo: “Mi cielo consistirá en hacer el bien en la tierra”. Este es también el sentido de los milagros: son la prueba de la atención de un santo a sus hermanos los hombres. Por eso no nos sorprende que los milagros sean uno de los elementos necesarios para probar la santidad de una persona.

¿Quien es tu santo favorito?

¿San Francisco de Asís? ¿La beata Teresa de Calcuta? ¿Edith Stein? ¿San Pedro o san Pablo? ¿Santa Teresa de Jesús? ¿La Virgen María? ¿Teresita de Lisieux? ¿Damián de Molokai?
Intenta descubrir quién fue el santo o santa de quien tú llevas el nombre. ¿Cuándo vivió? ¿Qué hizo? ¿De quién es patrón? ¿Cuál es el símbolo que le caracteriza? ¿Cuál es su mensaje?

Día de los Difuntos

Desde el inicio del cristianismo, la Iglesia está convencida que los vivos deben rezar por los difuntos.
En este día se nos invita a los cristianos a participar en la eucaristía, este gran movimiento de solidaridad espiritual.

La multitud que acude los días 1 y 2 de noviembre al cementerio no es ajena al mensaje de esperanza de la Iglesia, aunque el recuerdo de los que ya no están pueda provocar en algunas personas tristeza y dolor. Recordar y rezar por nuestros seres queridos ya difuntos es parte de nuestra fe. Pero no olvidemos que ellos, en la comunión de los santos, pueden también interceder ante Dios por nosotros, ayudarnos en medio de nuestras dificultades terrenas y, en su día, ayudarnos a dar el paso definitivo hacia la vida con Dios.

Intenciones del Apostolado de la Oración para el Mes de Noviembre

  • General: Por los cristianos de Asia, para que, dando testimonio del Evangelio con sus palabras y obras, favorezcan el diálogo, la paz y la comprensión mutua, especialmente con aquellos que pertenecen a otras religiones 
  • Por la Evangelización: Para que el Señor conceda la verdadera paz y concordia entre los pueblos, y nunca se invoque el nombre santo de Dios para justificar la violencia y la muerte.