viernes, 2 de octubre de 2015

Catedral de Palencia

El sábado 3 de octubre se realizará una nueva visita temática en la Catedral. 

El tema que se abordará será la “Arquitectura de la Catedral” y el encargado de profundizar en la misma será el profesor titular de Historia del Arte de la Universidad de Valladolid, Fernando Gutiérrez Baños. 

La visita comenzará a las 12:30h.

jueves, 1 de octubre de 2015

De la Homilía del Papa Francisco en la Santa Misa y Canonización del Beato Junípero Serra Santuario nacional de la Inmaculada Concepción, Washington D.C. [23-IX-2015]

Santuario nacional de la Inmaculada Concepción, Washington D.C. [23-IX-2015] 
 
La alegría el cristiano la experimenta en la misión: «Vayan a las gentes de todas las naciones» (Mt 28,19). La alegría el cristiano la encuentra en una invitación: Vayan y anuncien. La alegría el cristiano la renueva, la actualiza con una llamada: Vayan y unjan.

Jesús los envía a todas las naciones. A todas las gentes. Y en ese «todos» de hace dos mil años estábamos también nosotros. Jesús no da una lista selectiva de quién sí y quién no, de quiénes son dignos o no de recibir su mensaje y su presencia. Por el contrario, abrazó siempre la vida tal cual se le presentaba. Con rostro de dolor, hambre, enfermedad, pecado. Con rostro de heridas, de sed, de cansancio. Con rostro de dudas y de piedad. Lejos de esperar una vida maquillada, decorada, trucada, la abrazó como venía a su encuentro. Aunque fuera una vida que muchas veces se presenta derrotada, sucia, destruida. A «todos» dijo Jesús, a todos, vayan y anuncien; a toda esa vida como es y no como nos gustaría que fuese, vayan y abracen en mi nombre. Vayan al cruce de los caminos, vayan… a anunciar sin miedo, sin prejuicios, sin superioridad, sin purismos a todo aquel que ha perdido la alegría de vivir, vayan a anunciar el abrazo misericordioso del Padre. Vayan a aquellos que viven con el peso del dolor, del fracaso, del sentir una vida truncada y anuncien la locura de un Padre que busca ungirlos con el óleo de la esperanza, de la salvación. Vayan a anunciar que el error, las ilusiones engañosas, las equivocaciones, no tienen la última palabra en la vida de una persona. Vayan con el óleo que calma las heridas y restaura el corazón.

Escuelas Católicas

A finales de septiembre hemos conocido el número de alumnos que estudian en los centros concertados de Escuelas Católicas en la Diócesis. 

En total, 7.458 alumnos repartidos entre los 20 centros existentes. Estos centros cuentan con 710 trabajadores, de los cuales 570 son profesores. 

De la veintena de colegios 16 están en Palencia capital, dos en Venta de Baños, uno en Villamuriel de Cerrato y otro en Aguilar de Campoo.

El cuenco de barro

El 24 de septiembre entré en el centro penitenciario de la Moraleja. Mañana clara y soleada. Amabilidad por parte de todos los funcionarios y mucho orden. Pasé por alguna puerta giratoria y crucé dos patios ajardinados e iluminados con frescos en las paredes. Iba a celebrar la fiesta de Nuestra Señora de la Merced.

Fui con los sacerdotes que atienden el centro a un salón multiusos en donde íbamos a celebrar la Eucaristía. Comenzó a llenarse paulatinamente de las personas que están cumpliendo sus penas. La mayoría saludaban con una educación exquisita. Detrás del altar, un grupo de “evangélicos” acom-pañó la celebración con sus guitarras y sus cantos. Se sentía la pasión y el fervor.

Se estaba a gusto. Les dije que las palabras son como un cuenco de barro que contienen dentro otras muchas acepciones. Que Merced es Misericordia y esta Compasión, que ésta es cercanía, ternura, compromiso, ante cualquier sufrimiento, cualquier desgracia, y también ante el pecado y el vacío existencial que tantas veces nos desestructura y nos produce ruinas interiores y exteriores, muchas veces difíciles de superar. Jesús nos enseñó que nuestro Dios es compasivo y misericordioso. ¡Cuánto nos queda por aprender!

Mi amigo Ibrahim, que es musulmán, me dijo la víspera en la parroquia que iban a celebrar la “Fiesta del Cordero o del Sacrificio”, que conmemora la sumisión de Abraham (casualmente Ibrahim, en árabe) a Dios que le ordena sacrificar a su hijo. Como Ibrahim no vaciló en sacrificar a su hijo, porque antes está la voluntad de Dios que la nuestra, es para los musulmanes el modelo del creyente. Y para los judíos, y para los cristianos... nuestro Padre en la fe.

Pues bien, sabiendo que en el centro también hay musulmanes, les dije que al salir de la Misa les felicitasen, pues ellos como nosotros celebraban ese mismo día la misericordia de Dios para con nosotros. No en vano, su libro sagrado, el Corán, comienza: «En el nombre de Alá, el compasivo y misericordioso». Compasión y Misericordia van unidas de la mano y son la esencia del Corazón de Dios.

Por eso Jesucristo, cuando nos contó la parábola del buen samaritano nos enseñó a ser misericordio-sos. Un hombre destrozado, herido, vejado, despreciado, a la orilla del camino... aparentemente muerto. Pero para Dios ¡nadie está muerto! Pasaron por allí entendidos en la ley de Moisés (escri-bas), sacerdotes y personas relacionadas con el culto (levitas)... es decir personas que se suponía sabían mucho de Dios y que tenían un trato “directo” con él... pero pasaron de largo.

En cambio, un extranjero en Israel, un samaritano, de otra religión, pisando tierra peligrosa, odiado y no bienvenido en aquellos caminos de una nación en guerra psicológica -y alguna que otra paliza- con la suya, Samaría... Pues bien, nos dice Jesús, que aquella persona se acercó, miró, tuvo compa-sión y se le llevó con él. ¡Ejerció la misericordia! Según la conclusión del entendido de la ley.
Todos nosotros, seamos del pueblo que seamos, si creemos en Dios, «el compasivo y misericordioso» ¡para todos! debemos ejercer la misericordia para al menos parecernos una pizca a Dios.

Pero, para ser misericordioso es necesario que nosotros mismos hayamos experimentado la misericordia. Creéis que el joven herido, casi muerto, de la cuneta de la parábola del buen samaritano a partir de entonces ¿no cambiaría su corazón y su vida? En este sentido, acoger la misericordia, ex-perimentarla en uno mismo, es fuente de impulso y anuncio misionero del perdón y del amor.

En la oración del “Magníficat” que proclamamos en el Evangelio del jueves pasado, María, a voz en grito, anuncia a su prima Isabel que la misericordia de Dios «llega a sus fieles de generación en generación». Por eso no temamos que Dios nos haga Misericordia para que, podamos nosotros también ser artesanos de la misericordia, alfareros de ese cuenco de barro lleno de buenas acciones para todos los que nos rodean.

Antonio Gómez Cantero
Administrador Diocesano

Intenciones del Apostolado de la Oración para el mes de Octubre

  • General: Por la Iglesia en España, para que siga viviendo la inquietud misionera y alentando a quienes entregan su vida a la difusión del Evangelio. 
  • Por la Evangelización: Para que con espíritu misionero, las comunidades cristianas del continente asiático anuncien el Evangelio a todos aquellos que aún lo esperan.