martes, 3 de julio de 2012

Isaac y Diego ya son sacerdotes

«Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo, con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos consagrados e irreprochables ante Él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos». Con estas palabras de agradecimiento, Isaac Gento y Diego Redondo expresaban su alegría a punto de finalizar la Eucaristía en la que habían sido ordenados sacerdotes, el pasado 30 de junio.

Alegría en la que participaba toda la Iglesia diocesana, pues como expresó Mons. Escudero en su homilía, «la ordenación sacerdotal es siempre un don gratuito que Dios hace a su Iglesia, en la persona de quienes ha elegido y llamado».

lunes, 2 de julio de 2012

Apostolado de la Oración:

General: Que todos tengan trabajo y lo puedan desempeñar en condiciones de estabilidad y seguridad 

Misionera: Que los voluntarios cristianos presentes en territorios de misión sepan dar testimonio de la caridad de Cristo. 

Del Obispo diocesano: Que este tiempo de descanso no nos lleve al olvido de Dios, sino que sea tiempo propicio para vivir nuestros compromisos de Fe.

Nuevos nombramientos en la Diócesis de Palencia

Con fecha de 1 de julio de 2012, se han hecho oficiales numerosos nombramientos de sacerdotes en nuestra diócesis. La entrega oficial del nombramiento y la profesión de fe, todos juntos se celebrará el próximo 4 de Septiembre 2012.

D. Lázaro Merino Palenzuela: Párroco de Santa Marina (Palencia).
D. Eduardo de la Hera Buedo: Vicario de Santa Marina (Palencia).
D. César Vicente Lazcano: Vicario de San José (Palencia).
D. Juan Cruz Sanzo Olaso: Párroco de N.S. del Carmen (Palencia).
D. Román Tejedor Vián: Vicario de N.S. del Carmen (Palencia).
D. Elicio Franco Santos: Capellán del Cementerio de Palencia.

Hacia el Año de la Fe

El pasado 21 junio, en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, tuvo lugar la presentación del “Año de la Fe”, que se celebrará del 11 de octubre 2012 al 24 de noviembre de 2013).

Durante la misma, Mons. Fisichella afirmó que “el Año de la Fe se propone, ante todo, sostener la fe de tantos creyentes que, en medio de la fatiga cotidiana, no cesan de confiar, con convicción y valentía, su existencia al Señor Jesús. Su testimonio, que no es noticia, es el que permite a la Iglesia presentarse al mundo de hoy, como en pasado, con la fuerza de la fe y con el entusiasmo de los sencillos”.

Un Año que “se inserta en un contexto más amplio, caracterizado por una crisis generalizada que atañe también a la fe. La crisis de fe es la expresión dramática de una crisis antropológica que ha dejado al ser humano abandonado a sí mismo. Es necesario ir más allá de la pobreza espiritual en que se encuentran muchos contemporáneos, que ya no perciben la ausencia de Dios en su vida, como una carencia que debe ser colmada. El Año de la Fe quiere ser un camino que la comunidad cristiana brinda a los que viven con nostalgia de Dios y con el deseo de encontrarlo de nuevo”.

domingo, 1 de julio de 2012

Contigo hablo, niña, levántate

1 de Julio de 2012 - Domingo XIII del Tiempo Ordinario

- Sab 1, 13-15; 2, 23-24. La muerte entró en el mundo por la envidia del diablo.
- Sal 29. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.
- 2Cor 8, 7. 9. 13-15. Vuestra abundancia remedia la falta que tienen los hermanos pobres.
- Mc 5, 21-43. Contigo hablo, niña, levántate.

El evangelio de Marcos sigue haciendo una síntesis clara y progresiva de la actividad salvadora de Jesús: el domingo pasado hablaba del “poder” de Jesús sobre la naturaleza (“Tempestad calmada”); hoy damos dos pasos más: “poder” sobre la enfermedad”, la hemorroisa; y “poder” sobre la muerte, hija de Jairo. Los dos milagros, perfectamente entrelazados, y con numerosos puntos en común, tiene un mismo objetivo: hacer manifiesto el poder de Jesús e instruir al mismo tiempo sobre el poder de la fe, al que ya nos había introducido el domingo anterior.

La mujer que padecía hemorragias -hemorroisa- acude a Jesús como último remedio. Pero lo hace anónimamente -“tocar el manto”. De Jesús de sale una fuerza que cierra la fuente de su hemorragia; cura a una mujer legalmente impura y marginada, a una persona herida en lo más profundo de sus ser. Jesús lo nota, y ante el desconcierto de sus discípulos, pregunta ¿”quién me ha tocado”? Es claro que Jesús quiere situar la fe, no en el plano del anonimato, sino de la “relación interpersonal”. La mujer lo reconoce y se postra ante él, y le cuenta toda la verdad. Jesús le enseña a leer el acontecimiento: tu fe te ha “salvado”, vete en paz y queda curada.