«Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo, con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos consagrados e irreprochables ante Él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos». Con estas palabras de agradecimiento, Isaac Gento y Diego Redondo expresaban su alegría a punto de finalizar la Eucaristía en la que habían sido ordenados sacerdotes, el pasado 30 de junio.
Alegría en la que participaba toda la Iglesia diocesana, pues como expresó Mons. Escudero en su homilía, «la ordenación sacerdotal es siempre un don gratuito que Dios hace a su Iglesia, en la persona de quienes ha elegido y llamado».


