martes, 30 de diciembre de 2014

San José

No se puede vivir la Navidad olvidando a San José o... poniendo, únicamente, a los pastores, las ovejas y los ángeles que anuncian la paz y no la presencia del Niño. Es una grave equivocación aislar al santo patriarca y dejar en el silencio al esposo de María. La Navidad hay que vivirla poniendo las figuras, cada una en su sitio, tal como nos proclama la liturgia, en respuesta a los Evangelios. San José es alguien más que la persona contemplando al Niños Dios, mirando a su esposa la Virgen y apoyado en un cayado.

En la historia de la Iglesia se admite que Santa Teresa es el gran apóstol y predicador de San José. Lo que dice, hace y escribe la Santa en torno a San José, es algo tan admirable y completo, que ella misma piensa que la van a juzgar mal, como si exagerase. En su Vida (Cap. 6) escribe: “Sólo pido, por amor de Dios, que lo pruebe quien no me creyere, y verá por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso Patriarca y tenerle devoción; en especial le habían de ser aficionadas personas de oración. Que no sé cómo se puede pensar en la Reina de los Ángeles, en el tiempo que tanto pasó con el Niño Jesús, que no den gracias a San José por lo bien que les ayudó en ellos”.

En su devoción a San José llega a afirmar: “Tomé por abogado y señor a este glorioso San José y me encomendé mucho a él. Vi claro que así de esta necesidad como de otras mayores de honra y perdida de alma, este padre y señor mío me sacó con más bien que yo lo sabía pedir”.

Navidad, San José. Bien, muy bien, las montañas y los ríos. Muy bien los pastores y las canciones de los ángeles. Muy bien los patos, gallinas y peces por el río y sus cascadas. Pero... es necesario entender el silencio de San José, la mirada del Patriarca y darle gracias por acompañar siempre a la Madre del Niño Dios.

Imitemos el ejemplo de Santa Teresa: “Procuraba yo hacer su fiesta con toda la solemnidad que podía”. Y nos advierte: Dios concede a otros santos socorrer en alguna necesidad, “a este glorioso santo tengo experiencia que socorre en todas, porque en el cielo le obedece tal como en la tierra”.

Germán García Ferreras

lunes, 29 de diciembre de 2014

Santo Tomás de Canterbury. Su fiesta se celebra el 29 de Diciembre

Óleo siglo XVII, autor anónimo. Catedral de Palencia. Sirve de fondo, junto con San Blas, al Cristo de las Batallas.
Tomás Becket, más conocido como Tomás de Canterbury, nació en Londres el 1118. Realizó estudios de leyes en la abadía de Mertón y se graduó en teología en las universidades de Paris y Bolonia. A su regreso entró al servicio del Arzobispo de Canterbury. En 1154 fue nombrado arcediano de Canterbury y al año siguiente canciller del reino de Enrique II... y pronto comprobó que el Rey pretendía manejar a su antojo a la Iglesia.

A la muerte del Arzobispo de Canterbury el rey le nombró su sucesor y primado de la Iglesia. Tras su consagración, Tomás experimentó una radical conversión; dejó las fiestas y placeres, vivió austeramente y repartió sus bienes a los pobres. A partir de ese momento fue un acérrimo defensor de la libertad de la Iglesia frente a las injerencias políticas. El rey le consideró traidor y la feligresía se dividió entre los defensores del obispo y los del monarca absoluto. Se abrió un cisma y Tomás de Canterbury empezó a poner en práctica el proyecto del Papa Alejando II para abolir toda jurisdicción civil sobre la Iglesia, conseguir la libre elección de los sacerdotes, abades y obispos por el Papa y que se reconociesen legalmente los bienes de la Iglesia como propios.

Los intentos por doblegar la postura de Tomas Beckect, fueron vanos... y fue asesinado el 29 de diciembre de 1170 en el atrio de la catedral de Canterbury mientras asistía a vísperas con la comunidad monástica. Fue enterrado en la catedral y la fama de santo se extendió por toda Europa. Tres años después, en 1173, fue canonizado por Alejando III. Su tumba fue destruida hacia 1538 durante el cisma anglicano, en tiempos de Enrique VIII.

El arte le representa vestido de Obispo, con báculo, cruz arzobispal, mitra y la palma del martirio. En el altar del Cristo de las Batallas de la catedral aparece rezando ante la imagen y quién sabe si pidiéndole que la Iglesia siempre tenga libertad para llevar a cabo su misión, con independencia de las injerencias políticas de su tiempo y de todos los tiempos.

Texto: José Luis Calvo
Fotografía: Antonio Rubio


Oración
Padre Todopoderoso, que concediste al mártir Santo Tomas de Canterbury pelear el combate de la fe y defender la libertad de religión, concédenos por su intercesión amar a tu Iglesia y defenderla como él la defendió con la palabra y su vida ejemplar contra los ataques de los enemigos. P. J. N.S

domingo, 28 de diciembre de 2014

28 de diciembre de 2014 La Sagrada Familia: Jesús, María y José

  • Eclo 3, 2-6. 12-14 El que teme al Señor honra a sus padres 
  • Sal 127 Dichosos los que temen al Señor y siguen sus camino
  • Col 3, 12-21 La vida de familia vivida en el Señor 
  • Lc 2, 22-40 El niño iba creciendo y se llenaba de sabiduría
Historia de una triple familia

La liturgia navideña conmemora y celebra la Familia de Nazaret y la propone como modelo de las familias cristianas. Nazaret es la escuela donde se aprende a vivir en familia. Las lecturas presentan una triple familia. La patriarcal se fundamenta en los derechos y obligaciones de los padres y de los hijos (1 Lect). La nazarena se cimienta en el cumplimiento de la ley establecida y en la creación de un espacio para que el Niño crezca y se llene de sabiduría y gracia (Ev). La cristiana se basa en las actitudes fundamentales para una mutua relación (2 Lect). La Palabra de Dios insiste en los deberes más que en los derechos de cada familia, en el amor y la gratuidad, en la apertura al misterio.

sábado, 27 de diciembre de 2014

Ruta Belén a Belén

En la ruta Belén a Belén pueden contemplarse los belenes de las Cofradías (Santa Vera-Cruz, Santo Sepulcro, Jesús Nazareno, Cristo de Medinaceli, Cristo de la Misericordia, Jesús Crucificado, Virgen de la Piedad y Jesús de la Sentencia), el del Palacio Episcopal y este año se unen también los belenes de la Casa Consistorial, Plaza Mayor, Centro Cultural LECRAC y Centro Cultural de la Diputación. Este gran museo belenístico permanecerá abierto hasta el 6 de enero en horario de 19 a 21 horas en laborables y de 12 a 14 y de 18 a 21 en festivos y domingos.

jueves, 25 de diciembre de 2014

Dios Con Nosotros

En la Navidad siempre nos sorprende Dios abrazado a sus hijos. Y nos reconcilia con los pequeños y con lo pequeño. Dios se abraza a nosotros, cuando nos hacemos niños.

Habría que hacer una permanente campaña decisiva e incisiva para “desmontar” la falsa Navidad que nos invade. Una campaña que nos lleve a pregonar hasta enronquecer lo que se celebra en estas fechas. Porque son muchos los que ya no saben lo que los cristianos celebramos estos días.

Los judíos, en la reunión familiar de la cena de Pascua, se preguntan por lo que celebran. El más pequeño de la casa hace “memoria histórica” y relata la salida de Israel de Egipto, tal y como la cuenta el libro del Éxodo, porque esto es precisamente lo que celebran en Pascua: el paso liberador de Dios por su vida.

¿Qué celebramos en la Navidad? Respondámonos, como los judíos, en voz alta. Sin complejos. Digámoslo alto y claro. Sepamos lo que celebramos. “¿Qué celebras, niño?” “No sé, supongo que las vacaciones, los regalos de Papá Noel, o esos días en que las familias se reúnen...”.

Dicen que, hoy día, nos hemos vuelto muy divertidos y muy poco celebrativos. En Navidad se busca el pueblo del abuelo (si hay nieve, mejor, parece más Navidad) o las estaciones de los “deportes de invierno”: por ejemplo, el esquí.

Pero en Navidad, ante todo, celebramos el nacimiento de Jesucristo. O sea, una fiesta mayor entre las fiestas cristianas mayores. Por eso nos reunimos en torno a la mesa familiar. Y hasta con regalos intercambiados.

Los cristianos celebramos, a lo largo del año litúrgico, los misterios de la vida de Jesucristo. Y en la Navidad celebramos su entrada en este mundo de tormentas y crisis, vividas a distintos niveles y de manera muy diversa.

Celebramos al Hijo de Dios hecho hombre. O sea, a Dios entre nosotros, que esto significa “Emmanuel”: Dios, acampado en esta tierra.

Un Dios, solidario con el hombre. Un Dios nuestro y para nosotros. Es mucho lo que celebramos, ¿verdad?

Por cierto, como ha dicho el Papa Francisco, la presencia de este Dios-Niño en medio de la humanidad no se realiza en un mundo ideal, idílico o idealizado, sino en un mundo real, marcado por muchas cosas buenas y malas, marcado por divisiones, maldad, pobreza, prepotencias y guerras.

Él eligió habitar entre nosotros, pasar por nuestra historia así como es, con todo el peso de sus límites y dramas. Sin duda que lo hizo para mostrar su inclinación hacia la misericordia y el amor ¿No es Él, acaso, “Dios-con-nosotros”? ¿No se llama a Jesús el Emmanuel?

Por tanto, celebramos mucho más que el solsticio del invierno. Celebramos infinitamente más que la fiesta del intercambio del regalo. He oído decir esta estupidez: “En mi casa los reyes magos no traen regalos porque somos republicanos; los trae Papa Noel”. Supongo que a su niño de usted le dará lo mismo, ¿no?

Desde luego, no celebramos sólo la fiesta de los regalos. No celebramos “la mejor cena al precio más económico”. No celebramos el encendido de luces callejeras. Que nadie aproveche estas fiestas para subir los precios, ni para colarnos publicidad engañosa, ni para echarnos encima una ducha de inaguantable propaganda consumista.

Navidad es lo que la Navidad, de suyo, celebra: la fiesta de “Dios con nosotros”.

Eduardo de la Hera