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lunes, 7 de diciembre de 2015

África y el reloj del tiempo

Tres países distintos, aunque parecidos en muchos de sus problemas -Kenia, Uganda y República Centroafricana- han acogido al Papa Francisco en su reciente viaje apostólico.

Los últimos Papas, desde Montini hasta Bergoglio, han viajado al que antes llamábamos el “continente de la esperanza”, y hoy es el “continente de las pateras”, sepultadas en el océano.

Desde la época del esclavismo puro y duro (el de las argollas en los pies y en el cuello) no crean ustedes que ha transcurrido tanto tiempo. Y desde la época de las colonias hasta hoy ha pasado todavía menos. Con la independencia casi recién estrenada, la vida sigue sin mejorar para muchísimos africanos. Largo y difícil camino el suyo. Y es que el reloj del tiempo se ha detenido en un charco negro de miseria y rojo de sangre fratricida.

Hoy, después de doscientos años de la Proclamación de los Derechos del Hombre, podríamos hablar todavía de nuevas y camufladas esclavitudes: las que imponen las guerras tribales, el yihadismo fanático y el fantasma de la miseria.

Miles de africanos dejan sus países de origen y emigran allá donde pueden. Como las fronteras no existen ni para la televisión ni para la propaganda, a ellos les llegan noticias de un Occidente opulento, donde se derrocha más en un día que lo que ellos comen en todo un año. Pero los países europeos no están dispuestos a bajar ni un solo peldaño en el escalafón del bienestar alcanzado. Ni siquiera, para que otros tengan el mínimo vital que llevarse a la boca.

Cada día, sin embargo, pesan más las tragedias de aquellos que el Mare Nostrum se traga sin piedad. Se nos mete en el alma el rostro cansado, desencajado y macilento de los que llegan a las costas europeas, para luego retornar a sus países de origen, decepcionados, desengañados, rotos. Les habían pintado paraísos de cartón.

El Papa Francisco se ha remangado la sotana blanca, y se ha calzado los zapatos del apóstol itinerante. Le hemos visto pasearse, sin miedo, como un buen misionero, entre la miseria, los problemas y los fusiles que aguardan otro momento. Son las armas de la violencia que intenta imponer políticas medievales en países desestructurados.

El Papa blanco de manos campesinas, sin chalecos salvavidas ni papamóviles blindados, se ha ido al continente negro para compartir, abrazar y rezarle a Dios al lado de sus hijos. África, del Sahara para abajo, tiene actualmente 172 millones de católicos...

En Roma, no hace mucho, hubo un encuentro para conmemorar los 150 años del Plan para la Regeneración de África, que escribió Daniel Comboni, profeta y misionero, fundador de los combonianos. Un participante recordó a la asamblea reunida este dicho africano: “Dios regaló a los europeos el reloj; pero a los africanos nos regaló el tiempo”.

Es verdad. En sus negros y hermosos rostros, vemos dibujada la paciencia, el saber esperar, la sonrisa amplia de una cultura que solo tiene a Dios dando las horas serenas de su existencia.

África no ha aparcado a Dios de su vida, como ha hecho Occidente, que se ha abrazado al reloj de las prisas y a la ambición del oro. África no es laicista ni excluyente. Pero África sufre, además de la violencia tribal, el terrorismo yihadista, como el del grupo Al Shabaab, uno de cuyos últimos atentados (el de la universidad de Garissa, en Kenia) se cobró 147 personas asesinadas. Centroáfrica es un país sin ejército, dividido entre guerrillas. Al Papa le aconsejaron posponer su viaje por razones de seguridad. Pero dijo con humor que temía más a los mosquitos que a la violencia de los fanáticos. Libertad interior se llama a esto.

En Europa hemos inventado las prisas y los relojes sofisticados para correr más; ellos no necesitan reloj. Han aprendido a medir su tiempo, reunidos (al caer el día) en torno a una hoguera, encendida con la leña del sosiego y la amistad.

Eduardo de la Hera

jueves, 3 de diciembre de 2015

La violencia contra la mujer

El pasado 25 de noviembre, Día internacional para la eliminación de la violencia contra la mujer, y antes de partir hacia Kenia, tras rezar por su viaje en la basílica de Santa María la Mayor, el Papa Francisco se encontró con once mujeres (italianas, nigerianas, rumanas y ucranianas), víctimas de la violencia machista, y con sus seis hijos. Todos ellos residen en la Casa Refugio de las víctimas de la violencia doméstica y de la trata, gestionada por una congregación religiosa en Roma.

Ya en Nairobi, el Papa instó hoy a los católicos a oponerse a la violencia doméstica y el aborto: «Estamos llamados a resistir prácticas que fomenten la arrogancia en los hombres, que hieran o menosprecien a las mujeres y que amenacen la vida de los inocente no nacidos».

miércoles, 2 de diciembre de 2015

«Proclamar en África el amor de Jesucristo y su mensaje de paz y reconciliación»

El Papa Francisco ha visitado del 25 al 30 de noviembre, Kenia, Uganda y la República Centroafricana, con el anhelo de «proclamar en África el amor de Jesucristo y su mensaje de paz y reconciliación», como señalaó él mismo.

En dos mensajes -en inglés para las poblaciones keniata y ugandesa, y en francés para los centroafricanos- hizo hincapié en su deseo de llevar en nombre de Jesús consolación y esperanza, con especial atención a los que sufren y a los pobres.

Asimismo, ha sido su deseo impulsar el diálogo interreligioso y de alentar el perdón, la solidaridad y el progreso para todos los miembros de la familia humana, animando asimismo el compromiso de todos para lograr un mundo más justo y fraterno.

Asimismo, en su visita a la Catedral de Bangui, en la República Centroafricana, el Papa Francisco abrió la puerta de madera y vidrio de la Seo, para dar comienzo al Jubileo de la Misericordia. Con una semana de anticipación con respecto a la apertura de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, explicó el significado de este gesto.

«Hoy Bangui se vuelve en la capital espiritual del mundo -dijo el Papa- El año Santo de la Misericordia viene anticipadamente a esta tierra. Una tierra que sufre desde hace años la guerra, el odio, la incomprensión, la falta de paz. «Y en esta tierra que sufre también están todos los países del mundo que han pasado por la cruz de la guerra. Bangui se convierte en la capital espiritual de la oración por la misericordia del Padre. Todos nosotros pidamos paz, misericordia, reconciliación, perdón, amor. Por Bangui, por toda la República Centroafricana y por todo el mundo y por los países que sufren la guerra, ¡pidamos la paz!».

Después el Papa, pidió a todos los fieles que repitieran con él esta oración: «Y todos juntos, pidamos amor y paz, ¡todos juntos! ‘Ndoyè na sirirí’ (amor y paz en la lengua local)». «Y ahora -concluyó- con esta oración, comenzamos el Año Santo, aquí, en esta capital espiritual del mundo hoy». Después se dirigió hacia la puerta central de la catedral y la abrió. permaneció durante un instante con los brazos abiertos, mientras los fieles desde el interior aplaudían y se arrodillaban.

En la homilía de la Misa que abre el Adviento dijo: «Por medio de ustedes, saludo también a todos los centroafricanos, a los enfermos, a los ancianos, a los golpeados por la vida. Algunos de ellos tal vez están desesperados y no tienen ya ni siquiera fuerzas para actuar, y esperan sólo una limosna, la limosna del pan, la limosna de la justicia, la limosna de un gesto de atención y de bondad. ¡Y todos nosotros esperamos la gracia, la limosna de la paz!».

El Papa concluyó la homilía con una llamada «a todos los que empuñan injustamente las armas de este mundo: ¡Depongan estos instrumentos de muerte; ármense más bien con la justicia, el amor y la misericordia, garantías de auténtica paz!». Entre los aplausos de los fieles, clamó: «¡Reconciliación, perdón, amor y paz! Amén».

martes, 1 de diciembre de 2015

«La visita del Papa a África nos anima a seguir adelante»

En la Oficina de Comunicación cuando tenemos que hablar de misioneros o con misioneros, se nos ilumina la cara. Lo cierto, es que son oportunidades de conocer ejemplos de vida en los que la coherencia y la entrega son piezas clave. 

Hace escasos días, pudimos entrevistar en el programa El Espejo de la Iglesia en Cope Palencia a una de estas misioneras que desarrolla su labor en Bamako, capital de Malí, donde hace unos días un grupo yihadista atentaba en un hotel causando 19 rehenes muertos. La Hna. Mercedes Cuadrado, del Santo Ángel, lleva 48 años como misionera en África. Y desea continuar haciendo lo que hace, atender el dispensario, trabajar por la promoción de la mujer y colaborar en la pastoral de la parroquia. A pesar de los momentos duros que se viven estos días en la capital maliense, Mercedes nos asegura que ellas continúan con su día a día, «quizá algunas cuestiones debemos tratarlas con prudencia, se vive con cierta inquietud, pero continúa la vida y no nos podemos parar. Seguimos desarrollando las mismas actividades, tenemos el mismo ritmo y vamos al dispensario, al centro de la mujer...».

Antes los grupos más radicales estaban asentados en el norte, pero ahora están también en Bamako, ¿cómo ve el futuro de Malí?

Los grupos más radicales no se sabe dónde están, al principio estaban asentados en el norte, pero ahora creemos que están por todas partes, es más bien una realidad mundial, porque ¿qué país hoy en día es seguro? El futuro del Malí es esperanzador, es un pueblo que busca la paz, pacífico, un pueblo que te enseña a vivir la generosidad, la gratuidad y la sencillez. Yo creo en el futuro de Mali.

¿Qué supone la visita del Papa al continente africano?
 
La visita del Papa es una expresión de amor, de cariño por la pobre gente, por los más olvidados. Y es también una confirmación de la fe y un ánimo para seguir adelante a vivir y testimoniar nuestra fe.

El papa visita África y los lugares de pobreza. Su visita es una llamada a lo que el Papa nos dice que tenemos que ir a las periferias. Es una gran alegría y un gran honor que el Papa venga a estos lugares y que se presente con toda la sencillez. Es un gran testimonio para todos, no sólo para los creyentes.

 
Natalia Aguado León