domingo, 22 de octubre de 2017

22 de octubre de 2017 XXIX Domingo del Tiempo Ordinario

Is 45, 1. 4-6 Yo he tomado de la mano a Ciro, para doblegar ante él las naciones 
Sal 95 Aclamad la gloria y el poder del Señor 
1 Tes 1, 1-5b Recordamos vuestra fe, vuestro amor y vuestra esperanza 
Mt 22, 15-21 Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios

Gracias a Ciro -un pagano- los israelitas pudieron volver a su tierra después de la cautividad de Babilonia (1 Lect). Dios va realizando sus planes de salvación incluso por medio de personas que no lo conocen o creen en Él. Por este motivo los cristianos rezamos por las autoridades y debemos cooperar en todo lo que sea bueno y justo, aunque a veces no sean creyentes. En esa línea Jesús nos dice en el Evangelio que demos al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Elegidos por Dios y movidos por el Espíritu Santo, hemos creído en el Evangelio. Demos gracias a Dios por ello (2 Lect).

DOMUND 2017: “SÉ VALIENTE: LA MISIÓN TE ESPERA”

El año pasado la Iglesia en España propuso para el Domund el lema “Sal de tu tierra”, evocando la persistente invitación del Papa Francisco a salir de uno mismo para ser enviado a otras periferias existenciales. Fruto de esta propuesta, contemplamos -con gratitud a Dios y a la Iglesia- a los miles de hombres y mujeres que han salido de nuestras comunidades cristianas a la misión, y permanecen en ella, fieles a su vocación. Son los misioneros repartidos por todo el mundo. Han salido de nuestras comunidades, pero su origen ha sido absorbido por la identificación con su destino, el pueblo al que han llegado y al que están entregando su vida.

Ese “salir” no ha sido fácil. Han sido años de formación. En principio, es una salida sin retorno o, al menos, de larga duración, porque la vocación del misionero es ad vitam, para toda la vida. Se precisa, pues, un amplio periodo de discernimiento y formación, no exento de dudas e incertidumbres, de tentaciones y argumentaciones para justificar la posibilidad de, al menos, dilatar la respuesta audaz y radical.

Sin miedo ni arrogancia

Esta es la razón por la que el Papa Francisco insistía el pasado mes de octubre en el valor de ser misioneros: «¡Hoy es tiempo de misión y es tiempo de valor! Valor para reforzar los pasos titubeantes, de retomar el gusto de gastarse por el Evangelio, de retomar la confianza en la fuerza que la misión trae consigo. [...] Se nos pide valor para abrirnos a todos, pero sin disminuir lo absoluto y único de Cristo, único salvador de todos. Se nos pide valor para resistir a la incredulidad sin volvernos arrogantes. [...] ¡Hoy es tiempo de valor! ¡Hoy se necesita valor!».

Esta exhortación al valor para salir e ir a la misión se la repetía a los voluntarios que habían colaborado en la organización y celebración de la Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia, el pasado verano. El Papa tuvo la espontaneidad de entregar el texto escrito preparado para la ocasión y mantener con ellos una amigable conversación. Para ser «la esperanza del futuro», les decía, es preciso hacer memoria del pasado y tener coraje para asumir el presente. «¿Qué tengo que hacer en el presente?», se preguntaba Francisco. «Tener coraje. Tener coraje. Ser valiente, ser valiente, no asustarse». Un buen rato estuvo glosando la necesidad de ser audaces para vivir apasionadamente el presente. Poco antes había caracterizado al joven «de sofá», en contraposición a la propuesta de la valentía y de la audacia.

Este ha sido el motivo que ha propiciado la decisión de presentar el DOMUND 2017 con el lema “SÉ VALIENTE: LA MISIÓN TE ESPERA”. Se trata de exhortar a las comunidades eclesiales, a los fieles cristianos, al Pueblo de Dios, a tener coraje para vivir la misión, entregando generosamente y con valor la fe recibida.

Valentía, ¿para qué?

Valentía para vencer algunas tentaciones que aparecen en el camino del creyente. Tentaciones con una gran capacidad de persuasión y que nacen ordinariamente de una fe lánguida y deficientemente fundamentada.

Valentía para vencer la visión secularizante que identifica la fe con la cultura de un pueblo. «Nuestra forma de ser y vivir está inspirada en la fe cristiana, pero en otros ámbitos territoriales es otra concepción religiosa la que ilumina el sentido de su vida; por tanto», se dice, «no es necesario ir a esos lugares para llevarles la cultura “cristianizada” de Occidente». Ante esta argumentación, es preciso tener la valentía de responder con la certeza de que la fe es más que una cultura, de que la Redención de Jesucristo es algo más que una simple liberación social.

Valentía no solo para dejar salir, sino para enviar a aquellos a quienes el Espíritu Santo llama a la misión. Las instituciones eclesiales, que antiguamente gozaban de recursos humanos para enviar a evangelizar, cooperando con otras Iglesias en su maduración, están experimentando la pobreza por la carencia de estos efectivos. Nace la tentación de justificar el cierre de puertas para que no salga nadie, con el pretexto de que aquí y ahora estamos urgidos igualmente por la misión. Es el individualismo que enmascara la pérdida de la dimensión universal de la fe. Pero, en el interior de cada comunidad cristiana y, de modo mucho más elocuente, en el de la diócesis, late con fuerza esa dimensión universal.

Valentía, en quien es llamado a la misión, para vencer aquellos argumentos disuasorios que le llevan a considerar que carece de las cualidades suficientes para ser misionero, al entender que estos son unos héroes. Es fácil sucumbir a esta tentación de la propia incapacidad para ir a la misión. A ello puede sumarse la presión de la opinión pública -en la que la dictadura del “se lleva”, el prestigio o el bienestar predomina sobre cualquier otra opción que suponga la renuncia y la entrega- y la percepción de que, entregándose, se pierde libertad.

Otras muchas situaciones se podrían describir para justificar la invitación al coraje que lanza el Papa. Ante estos condicionamientos externos e internos que dañan la respuesta a la misión, no cabe otra alternativa que la valentía de darse, como se descubre en varias imágenes del Evangelio.

Pastor, sembrador, pescador

El pastor reconoce que le han sido entregadas unas ovejas que no son suyas, pero que ha de cuidar como tales, hasta dar la vida por ellas. Se identifica de tal manera que las conoce por su nombre, las acompaña en su vida y las conduce a los buenos pastos. Unas veces va delante, abriendo camino para llevarlas a las majadas; otras, anda entre ellas, manteniendo un diálogo individualizado con cada una, o se retrasa para atender a las que caminan con mayor dificultad o tienen la tentación de rezagarse. Para ser buen pastor hace falta valor para salir de uno mismo y entregarse a los demás.

Vemos también valentía en el sembrador para lanzar a voleo la simiente que gratuitamente ha recibido. No le duele el desprendimiento, ni el desgarro de prescindir de aquellos granos sementeros; al contrario, tiene la alegría de que aquello que siembra con largueza se multiplicará en nuevos frutos. Es la imagen de la gratuidad, por la que el misionero no se queda con nada, se vacía. Y más aún: valentía para ser grano que el Sembrador esparce en una tierra para morir y ser transformado en una comunidad cristiana de creyentes que, a su vez, se conviertan en nueva semilla para nuevas siembras.
La misión es el mar por el que navega la barca de la Iglesia que guía el misionero con valentía y decisión. Sabe que su trabajo está en no pocas ocasiones sujeto a imprevistos, sorpresas e incluso riesgos. Así vive el evangelizador que, apoyado en la Providencia, se hace amigo de la intemperie. Tiene tal confianza en el Señor que no duda en subir a la barca, soltar amarras, bogar mar adentro y echar la red, aunque los pronósticos sociológicos y estadísticos anuncien que no es el momento ni el lugar adecuado. A pesar de ello, el misionero es valiente y se fía, en la confianza de que la pesca no se hará esperar.

Anastasio Gil
Director nacional de
Obras Misionales Pontificias

sábado, 21 de octubre de 2017

Una grande y muy determinada determinación

Pónganse en situación y dejen volar la imaginación. Trasládense a los caminos del Siglo XVI. A los medios de transporte del Siglo XVI. A los alojamientos para el viajero del Siglo XVI. A las condiciones de vida del Siglo XVI. A los ropajes del Siglo XVI. Métanse -si son capaces- en el cuerpo de una mujer del Siglo XVI. Y pónganse en actitud de caminar... aunque hoy lo haríamos en coche.

Ahora es muy fácil, solo hay que decirle al móvil... “llévame de tal sitio a tal sitio por la vía más rápida”... Hoy, Santa Teresa de Jesús -la “andariega”- lo hubiera tenido más sencillo. De “fundación a fundación”... el GPS le habría llevado a través de 4882 kilómetros. Por la vía más rápida... y anunciándole dónde hay gasolineras, dónde hay buenos sitios para comer y lugares para descansar. Y paradas donde se puede hacer una  buena foto.

Lo que les digo... 4882 kilómetros... si la Santa solo se hubiera dedicado a fundar. Desde aquel convento en Ávila en 1562, hasta el de Burgos en 1582, pasando por nuestra querida Palencia en 1580. Pero no solo se dedicó a fundar... así que, posiblemente esta “kilometrada” será mucho mayor.
Empresa ingente y admirable. Y les recuerdo que estamos en el Siglo XVI.

Les voy a ser sincero... yo me habría echado para atrás. Y si les soy sincero... no me vienen a la cabeza hombres y mujeres del Siglo XXI capaces un empeño de semejante magnitud. O quizás sí.

Santa Teresa tenía una cosa que muchas veces nos falta... y así se lo recordaba a sus hijas: «Digo que importa mucho, y el todo, una grande y muy determinada determinación de no parar hasta llegar al final, venga lo que viniere, suceda lo que sucediere, trabajase lo que se trabajare, murmure quien murmurare...».

Determinarse por el Señor. Estar dispuesto a recorrer el camino querido por Él. Hacerlo decididamente. Seguir a Jesús. Determinarse por Él. No es sencillo pero no es imposible. Un seguimiento exigente, pues no nos jugamos una parte de la vida, sino toda la vida. Se entrega la vida por el proyecto del Reino de Dios.

Domingo Pérez

viernes, 20 de octubre de 2017

San Caprasio. Su fiesta se celebra el 20 de octubre

San Caprasio. Escultura tipo Olot, S. XX. Iglesia parroquial de Baños de la Peña.
Sobre la vida de San Caprasio existen tres tradiciones: En la tradición francesa -la más fiable- se le identifica como el primer obispo de Agen, martirizado en el 303 durante la persecución de Diocleciano. Antes de convertirse fue soldado romano y desobedeció las leyes de adorar a los dioses paganos. El prefecto Daciano le pidió que renegase de la fe en Cristo y, como se reafirmó en ella, fue detenido, torturado y sentenciado a muerte. Cuando lo llevaban a ejecutar se encontró con su madre que le animó a mantenerse firme en la fe. Lo mismo hicieron Primo, Feliciano y Alberta, hermanos de Santa Fe. El prefecto los llevó al templo de Diana cazadora para que hiciesen una ofrenda a la diosa. Ante la negativa fueron decapitados el 20 de octubre. Allí se levantó un templo dedicado al santo obispo, hoy catedral de Agen (Francia).

La leyenda aragonesa, nos dice que fue pastor de la sierra de Guara y se hizo monje. Tiró su cachava tan lejos que fue a caer en la cercana sierra de Alcubierre. En ese mismo lugar brotó una fuente, donde se construyó una ermita. El santo ermitaño llego a ser obispo.

La leyenda castellana nos dice que fue un eremita griego que un día pecó con una bella pastora. Dios le condenó a vagar por el mundo hasta encontrar un lugar bucólico, pacífico y semejante al lugar donde había pecado... para construir un monasterio. Así, en Suellacabras (Soria) se levantó una iglesia en su honor.

Es titular de la parroquia de Baños de la Peña y patrón del pueblo. Es el único de toda la Diócesis que lo venera. Dado que Baños perteneció a la diócesis de León y todos los pueblos de su entorno están dedicados a santos mártires... como otras parroquias a San Martin, también galo, y cuyo culto se extendió por todo el Camino de Santiago.

En las antiguas pinturas y esculturas viste de obispo, (así fue la desaparecida talla, del S. XVI, de Baños de la Peña) con la palma en su mano. En las esculturas modernas viste de joven militar con la palma del martirio.

Texto: José Luis Calvo
Fotografía: Antonio Rubio

Oración
Dios de poder y misericordia, que infundiste tu fuerza al mártir san Caprasio para que pudiera soportar el dolor del tormento, concede a los que hoy celebramos su victoria vivir defendidos de los engaños del enemigo bajo su protección amorosa

Una película

Red de Libertad
Pablo Moreno


La nueva película de Contracorriente Producciones que se estrena el 20 de octubre, está ambientada en la Francia de los inicios de la II Mundial y narra el encomiable trabajo de Helena Studler, la Hija de la Caridad que salvó la vida de miles de refugiados franceses al evitar que cayeran presos de las fuerzas nazis, entre otros, personajes tan ilustres como François de Mitterrand o el general Giraud. El proyecto surge con motivo de la conmemoración del 400 aniversario de la fundación de la familia Vicenciana, impulsada por Vicente de Paúl y Luisa de Marillac en 1617.

La presencia palentina en está película es abundante, con en el actor Raúl Escudero, el compositor de la banda sonora, Óscar Martín Leanizbarrutia y la soprano, Sonia Santoyo.