martes, 16 de enero de 2018

Oramos por la Unidad de los Cristianos

«Fue tu diestra quien lo hizo, Señor, resplandeciente de poder» (Ex 15, 16) es el lema para la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2018 que se celebra del 18 al 25 de enero.
 
Esta Semana, recuerdan los obispos de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales de la CEE -de la que forma parte nuestro Obispo D. Manuel- en su mensaje, «es ocasión propicia para que conozcamos mejor el diálogo de la Iglesia católica con las Iglesias y Comunidades eclesiales sobre la doctrina de la fe, llevado adelante con gran esfuerzo y dedicación».
 
Es tambien una buena ocasión «para conocernos mejor, porque los cristianos hemos de afrontar juntos el reto de una sociedad que, siendo cristiana en sus orígenes, se aleja de la tradición cristiana de fe». Y es, sobre todo, «ocasión propicia, para intensificar la oración por la unidad visible de la Iglesia, porque esta unidad sólo puede dárnosla Dios, que es misericordioso, como don que cause nuestra alegría, librándonos de las cadenas que condicionan y atan nuestra libertad de hijos de Dios».
 
Los Obispos esperan que en los actos de oración que hagamos juntos los cristianos, se testimonio «lo mucho que compartimos en la fe; y la caridad de Dios que ya nos une» y que esto se pueda plasmar en algún acto social conjunto.
 
Así iremos rompiendo unas cadenas invisibles que nos mantienen en tantas ocasiones esclavos de prejuicios y sin voluntad para poner de nuestra parte lo que Dios nos pide: «un corazón arrepentido de nuestras faltas y pecados y abierto a llegada de su gracia reconciliadora».

“El Evangelio es una lección de vida”

El pasado 18 de diciembre en Cáritas Diocesana de Palencia se vivió una jornada muy especial... con la visita de Rafael del Río, presidente de Cáritas Española de 2005 hasta el pasado mes de febrero de 2017, cuando fue nombrado para sucederle Manuel Bretón Romero. Esta visita ha servido para tomar contacto con el nuevo equipo de Cáritas Diocesana de Palencia y tener también un tiempo de encuentro con nuestro Obispo.
 
No siempre se tiene la ocasión de tener juntos al anterior y actual Presidentes de Cáritas Española, y por ese motivo concedieron a Iglesia en Palencia la siguiente entrevista:


¿Con qué Caritas se encontró Rafael del Río y con qué Caritas se ha encontrado Manuel Bretón?

MANUEL: Han sido 12 años de mucha intensidad los que ha vivido Rafael como Presidente, han sido 12 años de un desarrollo impresionante de Cáritas tanto en el nivel confederal como en la cooperación internacional. Lo hemos hablado muchas veces... él se encontró con una Cáritas en embrión... y yo me he encontrado una Cáritas completamente estabilizada, con una Confederación que va por el mismo camino, tranquila. Yo me he encontrado con una Cáritas “de dulce”.
 
RAFAEL: Los primeros años fueron difíciles. Cáritas vivía momentos complicados, la Confederación estaba poco unida, e incluso con déficit económico. En aquel momento serían unos 46.000 los voluntarios que había y en estos momentos somos casi 84.000. Ha habido una clara evolución, que ha acompañado a las circunstancias sociales que nos ha tocado vivir.
 
Manuel y yo llevamos mucho tiempo trabajando juntos... estando él en la Cáritas Castrense, que la crea él... y el trabajo conjunto ha sido necesario para esta transición en lo que ya es una nueva etapa. Manuel era ya un hombre muy conocido en Cáritas y en los Servicios Generales.
 
En estos doce años han pasado muchas cosas: el gran golpe de la crisis con una gran presencia de necesidades puntuales... hasta el momento actual donde, según los informes que maneja Cáritas, asistimos a una “cronificación” de la pobreza. ¿Cómo se han vivido en Cáritas estos doce años de intenso trabajo y compromiso?
 
RAFAEL: Con mucha preocupación... porque muchas veces no podíamos llegar a todos los sitios desde donde demandaban nuestra ayuda... pero con la inmensa suerte de que la sociedad española es tremendamente generosa y nos ha ayudado muchísimo. Hemos tenido una ayuda importantísima para poder ir paliando, en la medida que hemos podido, la problemática que nos iba surgiendo.
 
Pero también es verdad, como indicabas, que ha habido un sector de nuestra sociedad cuya pobreza se ha cronificado. Es verdad. Antes de la crisis ya teníamos un gran número de pobres que siguen siendo pobres... y el número ha aumentado. Para estos ha habido crisis, pero no ha habido recuperación. Y la recuperación es muy lenta.
 
Por eso, cuando la gente opina que ya estamos mucho mejor... y digo que es verdad. Pero mirando a los pobres, mirando la pobreza... no es verdad. Sigue habiendo mucha problemática y nosotros nos vemos en la obligación de atenderla.
 
La Campaña de Navidad de Cáritas ha girado en torno a la frase “Sé parte”. ¿Por qué es importante “ser parte” y no “mantenernos al margen”?
 
MANUEL: Todos somos conscientes de ello: hay que ser comunidad. Hay que dar la oportunidad a las personas, a la sociedad... de que colabore en este nuevo momento que se nos presenta, y hacerles saber que necesitamos su apoyo.
 
No se debe olvidar nunca que Cáritas está para lo que está y que si ha funcionado en estos años de inmensa labor de muchas personas y de la sociedad en su conjunto. Queremos sigan siendo parte.
 
Tampoco debemos olvidar que Cáritas está en todas partes del mundo. En España son 70 las Cáritas Diocesanas y cada una con su realidad concreta. En una Confederación que trabaja al unísono. Y el nivel internacional... en el que Cáritas Española es un modelo a seguir. Y esto lo he podido ver en primera persona en Haití, en Etiopía, en Senegal... Cáritas Española es un referente importantísimo.

Algunas veces se oye, o alguien lo sugiere... ¿Es incompatible “luchar por la justicia” con “anunciar el Evangelio”?

MANUEL: En absoluto.
 
RAFAEL: En absoluto. El Evangelio es justicia. El Evangelio es una lección de vida. Y para mi... desde el Evangelio se exige que haya justicia. Y, de hecho, el lema de Cáritas es que “Cáritas trabaja por la justicia”. Es totalmente compatible. Y es totalmente deseable que en el mundo haya justicia.



lunes, 15 de enero de 2018

Las familias, custodios de la vida

En su alocución de la Fiesta de la Sagrada Familia, el Papa Francisco invitó a reflexionar sobre la experiencia vivida por María, José y Jesús, mientras crecen juntos como familia en el amor recíproco y en la confianza en Dios. «La expresión de esta confianza -afirmó el Pontífice- es el rito realizado por María y José con la ofrenda del hijo Jesús a Dios: “Llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor” (Lc 2, 22), como exigía la ley de Moisés. Los padres de Jesús van al templo para confirmar que el hijo pertenece a Dios y que ellos son custodios de su vida y no los propietarios».

Este gesto, precisó el Papa, indica que solamente Dios es el Señor de la historia individual y familiar; y que todo nos viene de Él y por ello, toda familia está llamada a reconocer tal primacía, cuidando y educando a los hijos a abrirse a Dios que es la fuente misma de la vida. «Por aquí pasa el secreto de la juventud interior, testimoniado paradójicamente en el Evangelio - señaló el Santo Padre- por una pareja de ancianos, Simeón y Ana. El viejo Simeón, en particular, inspirado por el Espíritu Santo dice a propósito del niño Jesús: “Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción [...] así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos” (vv. 34-35)».

No destruirás la Tierra

Desde que hombres y mujeres comenzaron a ganar el pan con el sudor de su frente (o sea, desde siempre) han vivido curvados hacia la tierra. Han buscado el carbón y el petróleo para iluminarse, mover máquinas y calentarse; han sembrado y recogido en sus graneros; han arañado la superficie y horadado las entrañas del planeta azul, donde Dios nos puso con abundantes, pero limitados recursos...
 
Es así como cayeron las primeras gotas de sudor (y quizá también las primeras lágrimas) que se mezclaron con la sangre de una tierra malherida que comenzaba ya a quejarse de los expolios y depredaciones humanas. Porque el hombre es un animal depredador y con escasos signos de arrepentimiento. El hombre ofrece muy poca confianza al resto de los seres creados. Es curioso, pero la sabiduría del Génesis nos presenta al primer asesino (un tal Caín) escarbando también en la tierra para encontrar algo con lo que “asesinar a su hermano”, hasta dar con una quijada de asno (suponemos, pensando bien, que el pobre animal moriría de muerte natural). Pero, por más que se diga, hay un “deporte” que el hombre cada vez ha ido practicando con más esmero y diligencia: matar al hermano y sustraer lo ajeno contra la voluntad de su dueño...
 
Encontramos al ser humano, en la historia del devenir, siempre husmeando como los topos. El hombre ha buceado para arrancarle a las profundidades marinas sus tesoros; ha taladrado el azul del cielo para pasearse por él, metido en innumerables artefactos que, alguna vez, se caen de pura fatiga, generando muertos; ha poblado de máquinas contaminadoras las carreteras y las ciudades. Y es así como el hombre ha entendido el progreso. O sea, reductivamente. Ha interpretado mal el mandato divino de “someter y dominar” el mundo, olvidando otro mandato que también recoge el Génesis y que el hombre ha procurado menos: el de “cuidar y respetar” lo que le ha sido dado. Cultivar la tierra diligentemente, pero también razonable y solidariamente. No, depredadoramente.
 
Pero en esta voluntad de conquista, el pillastre humano ha hecho de todo. Para más ofensa a Dios, ha levantado hipócritamente los ojos al cielo para pedirle el agua que malgastaba y los bienes que luego acaparaba. Así que parece que nuestro destino es el de atacar la tierra y rezarle al cielo. Ya digo, con hipocresía y sin demasiados signos de arrepentimiento.
 
Pues bien, en estas estábamos (y en estas seguimos) cuando apareció una encíclica (”Laudato si”) de un Papa llamado Francisco, como el de Asís, para decirnos que o nos espabilamos y cambiamos de manera de proceder o nos vamos a la ruina en poco tiempo. Pero, para esto, tenemos que rebajar humos y vivir de otra manera. Con más sencillez y responsabilidad. Debemos malgastar menos y adelgazar más. Algo, por otra parte, saludable, que no nos vendría mal a algunos (y a algunas), ya que eliminaríamos toxinas y colesteroles.

El hombre, como ha dicho el Papa (siguiendo a Cristo, que dijo lo mismo) o cambia el corazón (y se convierte) o se busca la ruina. Sólo el hombre, si no se deja arrastrar por el mal, puede descubrir que está llamado a contaminar y derrochar menos. Y también, a cambiar de hábitos: a purificar y reciclar más. Muchos ya lo hacen. Solo nosotros, los humanos, podemos transformar el mundo y conducirlo en la dirección correcta, ya que solo el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios Creador. Un Dios bueno y generoso sin medida que nos regala un año más. ¡Bendito sea! ¡Que el año 2018 sea feliz y... lluvioso!

Eduardo de la Hera Buedo

domingo, 14 de enero de 2018

14 de enero de 2018 - II Domingo del Tiempo Ordinario

1 Sam 3, 3b-10. 19 Habla, Señor, que tu siervo escucha
Sal 39 Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad
1 Cor 6, 13c-15a. 17-20 ¡Vuestros cuerpos son miembros de Cristo!
Jn 1, 35-42 Vieron dónde vivía y se quedaron con él

La disponibilidad ante la llamada del Señor se nos muestra en la 1 Lectura con las palabras de Samuel: «Habla, Señor, que tu siervo te escucha»; y también en el Salmo: «Aquí estoy, para hacer tu voluntad». Este contenido vocacional aparece también en el Evangelio, cuando dos discípulos de Juan el Bautista, una vez que este les mostró a Jesús como el Cordero de Dios, lo siguieron y se quedaron con Él aquel día. Si no mostramos a Cristo a los demás, ¿cómo van a seguirlo? La 2 Lectura nos presenta un ejemplo concreto: ¿cómo vamos a convencer del valor de la castidad cristiana si no anunciamos primero que nuestros cuerpos son miembros de Cristo y templos del Espíritu Santo?