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lunes, 15 de mayo de 2017

Homilía de nuestro Obispo en la Fiesta de San Juan de Ávila, Patrono del Clero de España 10 de mayo de 2017

Queridos hermanos y hermanas. Hoy hacemos y estamos de fiesta. Dos motivos nos congregan hoy y nos invitan a dar gracias a Dios: la fiesta de San Juan de Ávila, patrono del clero de España y la celebración de las Bodas de Diamante y de Oro Sacerdotales de unos hermanos nuestros.

Un saludo particular a D. José Vilaplana, Obispo de Huelva, padre, hermano y amigo, con quien he tenido la gracia de trabajar con él en Santander y comprobar su calidad de pastor con olor de oveja. Bienvenido, D. José y muchas gracias por aceptar la invitación de presentarnos después de esta celebración la figura de San Manuel González, que fue párroco y arcipreste de Huelva, obispo de Málaga y de Palencia. Y un saludo también para mi hermano agustino, D. Mariano Moreno, Obispo-prelado emérito de Cafayate

Mi saludo fraterno y agradecido para todos vosotros, los sacerdotes de la Diócesis, por lo que sois y hacéis.

La gratitud de toda la Iglesia de Palencia, la Iglesia Universal y la sociedad palentina, a los que celebráis las Bodas de Diamante y de Oro Sacerdotales. ¡Cuánta fe, cuánta esperanza, cuánto amor a Dios y a los hombres, que se ha concretado en amor servicial entregado a creyentes y no creyentes, en la alegría y en la pena, en la salud y en la enfermedad, todos los días de vuestra vida desde la ordenación! La Iglesia de Palencia os da las gracias y da gracias a Dios por vuestras personas, por las personas unidas a vuestras vidas, vuestros padres, hermanos, educadores y formadores, feligreses, vecinos... Gracias de todo corazón por todo lo que habéis hecho con la gracia de Dios. Pero la Iglesia de Palencia hoy os hace una petición: seguid siendo lo que sois, haciendo lo que buenamente podáis, dando ejemplo de ilusión y fortaleza, orando por todos y pidiendo de manera especial al Señor para que mande obreros a esta mies, que es la suya. Nuestra iglesia de Palencia necesita nuevas y muchas vocaciones para vivir el amor cristiano en la familia, vocaciones laicales que transformen con el espíritu del Evangelio toda la realidad y actividad humana, vocaciones para la vida consagrada que hagan presente entre nosotros los valores definitivos del Reino, y vocaciones para el ministerio ordenado que, con el espíritu de nuestro patrón San Juan de Ávila, nos ayuden con amor de hermanos a vivir como hijos de Dios, sacerdotes, profetas y reyes, en paz, justicia, verdad, y amor.

Celebramos a San Juan de Ávila. San Juan de Ávila, como lo confiesa la oración colecta de la Eucaristía, ha sido y es, por don de Dios, un «maestro ejemplar para todo el pueblo de Dios por la santidad de vida y por su celo apostólico». Así lo ha reconoce la Iglesia. En él se reflejaba la santidad del Santo entre los Santos, Jesucristo, el Buen Pastor. Su vida fue una vida sacerdotal de apertura total a Dios en la oración en la que pasaba largas horas y en la que gastó la mayor parte de su vida; oración que él entendía como diálogo, más para oír que para hablar, y más para mover afectos que fraguar especulaciones. San Juan es maestro por vivir desde la caridad, la pobreza, la humildad, su capacidad de participación en la cruz del Señor, el estudio de la Escritura y la teología, entre otras cosas. Llevaba el buen olor de Cristo. Su tratado sobre el amor de Dios sigue reflejando lo que él vivía. Pero el amor a Dios lo llevaba al amor al prójimo, a la asistencia a los pobres y enfermos, conviviendo con todos y proyectando la luz de Cristo a la cultura, la política, el trabajo. Digno es de destacar su devoción a la Virgen María; su influencia, sobre todo por sus escritos, se notó en los santos Juan de Dios, Francisco de Borja, Pedro de Alcántara, Ignacio de Loyola, Teresa de Jesús, Juan de Ribera, Tomás de Villanueva, Carlos Borromeo, entre otros, como Fr. Luis de Granada. ¡Qué razón tiene Santa Teresa cuando, enterada de su muerte, afirma que era una columna de la Iglesia!
San Juan de Ávila es, además, maestro por su celo apostólico recibiendo el título de apóstol de Andalucía, aunque también predicó por Murcia, Extremadura, Castilla la Nueva, Valencia, y reformador de la iglesia con sus propuestas al Concilio de Trento. Deseó ir a América, a las tierras nuevas para anunciar allí el Evangelio, pero la Providencia y el deseo de los Obispos le llevaron a ser apóstol con las palabras, escritos los sermones, catequesis a los niños, los colegios y seminarios por Sevilla, Córdoba, Baeza, Jerez, Zafra, Fregenal de la Sierra, Priego, Granada, Cádiz, Montilla. Le movía el amor de Dios que veía en la Cruz del Señor; como San Pablo no sabía otra cosa que a Cristo Crucificado. Es más, contagió a otros para que evangelizar por el Sur de España.

San Juan de Ávila en la Diócesis de Palencia

El día 10 celebramos la festividad de San Juan de Ávila con un encuentro festivo en el Seminario Menor. Comenzó con la celebración de la Eucaristía presidida por nuestro Obispo D. Manuel y a continuación tuvo lugar la conferencia que impartió el Obispo de Huelva, Mons. José Vilaplana titulada: “El Ministerio sacerdotal de D. Manuel en Huelva”. En la comida se rindió un sencillo y merecido homenaje a los sacerdotes que celebran este año sus bodas de oro y diamante.

Uno de ellos, es el sacerdote D. Eloy Fernández Tejerina, que este año cumple 50 años de su ordenación sacerdotal, hablamos con él en el programa El Espejo de la Iglesia y este es el testimonio que nos regaló de sus 50 años como sacerdote.

“Es fundamental apuntalar nuestra Fe”

¿Qué recuerdos tiene de su ordenación en el año 67?
Recuerdo ese día con gran emoción y alegría. Fue en la Capilla del Seminario Mayor de Palencia, junto con 14 compañeros. Recibimos de manos de nuestro Obispo, en aquel momento era Souto Vizoso, el Orden del Presbiterado. Recuerdo que era una época de cambios, con motivo del Concilio Vaticano II que estaban muy latentes en nuestras vidas, a todos los niveles.

¿Qué balance hace de estos 50 años de vida sacerdotal?
Me surgen muchos sentimientos; por un lado, un sentimiento de dar gracias, un sentimiento de pedir perdón por los errores cometidos y por el poco compromiso y las incoherencias que veo en mi vida y al mismo tiempo, la necesidad de seguir contando con la ayuda de Dios y de la Iglesia para continuar en esa actitud de servicio que quiero y  he querido dar a mi vida siempre. Y el balance es muy positivo, no porque todo haya salido bien, sino porque han sido unos años de evolución en mi mentalidad, en mi forma de entender el sacerdocio y en ello ha contribuido el que haya estado en diferentes lugares, entre ellos en misiones, en Perú, también he podido dedicar algunos años al trabajo manual, como obrero, siendo sacerdote y todo ello ha sido muy positivo. 

¿Cómo surge su vocación?
Mi vocación surge en una familia muy humilde, muy sencilla. Nací en un pueblo de la Pernía, El Campo, muy cerca de Lebanza, donde trabajaban mis dos hermanas. El apoyo y la iniciativa de mi padre, de la maestra y alguna otra persona que me animaron a estudiar en el seminario diocesano, fue determinante para mi formación y el fortalecimiento en mi vocación sacerdotal.

¿Qué se puede hacer para impulsar las vocaciones sacerdotales?
En mi evolución y al tener contacto con otras realidad eclesiales, para mi hay un punto fundamental, no es tanto descubrir vocaciones para ser sacerdotes y llenar seminarios, sino apuntalar, afianzar la Fe en los laicos, en la Iglesia. Es primordial que haya un poso de Fe en nuestra Iglesia y una transformación, que dé respuesta a la realidad de hoy y desde ahí surgirán los nuevos servidores de la iglesia, desde las comunidades cristianas surgirán  personas, que desde un compromiso de fe, opten por ese servicio a la Iglesia. 

Desde Iglesia en Palencia felicitamos a los sacerdotes que cumplen Bodas de Oro y Diamante y les damos las gracias por su servicio, entrega y dedicación.