Del 12 al 19 de enero, el Papa Francisco ha realizado un viaje a Sri Lanka (la antiguamente llamada isla de Ceilán) y a Filipinas. En la audiencia pública tenida en Roma, el miércoles 21 de enero, a su regreso del viaje, él mismo habló de sus experiencias vividas durante esos días. Nadie, pues, mejor que él mismo para decirnos los motivos del viaje, su finalidad y los principales temas tratados. Leámoslo en su traducción española:
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«El viaje ha sido sobre todo un alegre encuentro con las comunidades eclesiales que en aquellos países dan testimonio a Cristo: las he confirmado en la fe y en la misión. Conservaré para siempre en el corazón el recuerdo de la alegre acogida de parte de las multitudes -en algunos casos incluso oceánicas- que ha acompañado los momentos destacados del viaje. Además, he alentado el diálogo interreligioso al servicio de la paz, como también el camino de aquellos pueblos hacia la unidad y el desarrollo social, especialmente con el protagonismo de las familias y de los jóvenes.
El momento culminante de mi estancia en Sri Lanka fue la canonización del gran misionero José Vaz. Este santo sacerdote administraba los Sacramentos, a menudo en secreto a los fieles, pero ayudaba indistintamente a todos los necesitados, de toda religión y condición social. Su ejemplo de santidad y amor al prójimo continúa a inspirar a la Iglesia de Sri Lanka en su apostolado de caridad y de educación. He indicado a San José Vaz como modelo para todos los cristianos, llamados hoy a proponer la verdad salvífica del Evangelio en un contexto multirreligioso, con respeto hacia los otros, con perseverancia y con humildad.
Sri Lanka es un país de gran belleza natural, cuyo pueblo está buscando reconstruir la unidad después de un largo y dramático conflicto civil... Las diversas religiones tienen un papel significativo para desarrollar a este respecto. Mi encuentro con los exponentes religiosos ha sido una confirmación de las buenas relaciones que ya existen entre las varias comunidades. En este contexto, he querido alentar la cooperación ya iniciada entre los seguidores de las diferentes tradiciones religiosas, también con el fin de poder sanear, con el bálsamo del perdón, a cuantos todavía están afligidos por los sufrimientos de los últimos años. El tema de la reconciliación caracterizó también mi visita al santuario de Nuestra Señora de Madhu, muy venerada por las poblaciones Tamil y Cingalesas y meta de peregrinación de miembros de otras religiones. En aquel lugar santo pedimos a María nuestra Madre poder obtener para todo el pueblo cingalés el don de la unidad y de la paz.