domingo, 15 de abril de 2018

15 de abril de 2018. III Domingo de Pascua

Hch 3, 13-15. 17-19. Matasteis al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos
Sal 4. Haz brillar sobre nosotros, Señor, la luz de tu rostro
1 Jn 2, 1-5a. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados y también por los del mundo entero
Lc 24, 35-48. Así está escrito: el Mesías padecerá y resucitará de entre los muertos al tercer día



Estaba escrito que el Mesías tenía que padecer, siendo así víctima de propiciación por nuestros pecados y por los del mundo entero. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos (cf. Ev., primera y segunda lecturas). Esta es la razón de nuestro ser cristianos, miembros de la Iglesia: existimos para evangelizar, una vez convertidos de nuestros pecados. También es la fuente de nuestra alegría y esperanza de participar un día del gozo de la resurrección (cf. oración sobre las ofrendas y oración después de la comunión). Y desde que resucitó, Cristo se nos revela a través de los signos: el partir el pan, la eucaristía; las llagas de sus manos y sus pies, nuestros hermanos más pobres y necesitados.

domingo, 8 de abril de 2018

Devaluar la Cruz



Pascua de Resurrección no vuelve, cada año, para olvidar la Cruz, sino para colocarla más alta y en su verdadero sitio. Muchos piensan que, superado el luto del viernes y sábado santos, ahora lo que toca es volver a los vicios nuestros de cada día. Algunos no abandonan la jarana, vivida en jornada continua, sin que la Cruz haya influido para nada en lo que san Pablo llamaba “paso de conversión”, “muerte a la esclavitud del pecado para resucitar con Cristo”, ya que Pascua significa esto: “paso de la muerte a la vida”.
 
Es muy típico de esta época nuestra (facilona, superficial) potenciar la escenografía externa, el teatro en la calle, el puro sentimiento (según lo que toque en cada momento), sin que nada cambie en los creyentes. Por eso los que manejan los mangos de las corrupciones no temen a las festividades religiosas (mucho menos, a las de Semana Santa); son todas ellas una buena oportunidad para que el turismo siga en danza, y así continuar en lo que estamos: haciendo caja. Entendemos, por tanto, el aviso de san Pablo: “Hermanos, no vaciéis de significado la Cruz de Cristo” (cf 1 Cor 1, 17).
Vaciar la Cruz, ¿qué significa para san Pablo?
 
Devaluarla.
 
Hay dos maneras, hoy, de devaluar la cruz:
 
Una, espiritualizarla falsamente; de tal manera que se procure olvidar “lo que ocurrió en aquel tiempo”, en el que un Justo murió, cuando unos poderes políticos y religiosos se aliaron para matarlo: o sea, “des-historizar” la cruz, adornarla con muchas flores y quitar al Crucificado. Sería como desactivar la “peligrosidad de la Cruz” que denuncia el mal que se hace contra las personas honestas y buenas, con las que el Señor se solidariza siempre.
 
Y existe otro camino para minimizar la Cruz: quedarnos en una simple lectura sociológica y política de los acontecimientos. Es decir, “des-teologizar” la cruz, privarla del sentido teológico que ella tiene, y colocarla al margen del plan de Dios. Hoy, algunos se sienten felices admirando a Jesús de Nazaret, pero despojando el misterio de Cristo de verdades trascendentes como “redención”, “liberación del pecado”, “inauguración con la Pascua de un mundo nuevo”, “resurrección de los muertos”, etc.
 
Por tanto, recordar hoy al Crucificado, narrar su historia entre nosotros equivaldría, según el alemán Jürgen Moltmann, a recordar y narrar a los que mueren injustamente y a los que matan despiadadamente; pero también equivaldría a celebrar el generoso don que Dios ha hecho a la humanidad en la entrega de su Hijo, para que por él encontremos salvación y vida...
 
Así que, ¡ojo!, que hay muchas maneras de echarle agua al vino de la Pascua. San Pablo nos avisó, cuando nos dijo que sin la Cruz hay rebajas en todo. Pero a nadie le extraña esto, ¿saben por qué?
Porque hemos abaratado la fe y hemos aguado el buen vino del evangelio. Seguir a Cristo siempre merece la pena; pero, hoy, muchos prefieren un Cristo sin Cruz.
 
Un cristianismo sin Cruz es un cristianismo sin nervio que no aguanta dos embestidas, porque con un empujón ya se cae. Como los árboles viejos en días de tormentas.
 
La Cruz es nuestro distintivo. Pero los cristianos nos enredamos enseguida en la malla de lo cómodo y facilón. Mientras tanto, San Pablo sigue levantando la voz: “A alto precio habéis sido redimidos” (1 Cor 6, 20).
 
¡A precio de cruz! ¡No la devaluéis!

Eduardo de la Hera Buedo

8 de abril de 2018. II Domingo de Pascua. La Divina Misericordia

Hch 4, 32-35. Un solo corazón y una sola alma
Sal 117. Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia
1 Jn 5, 1-6. Todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo
Jn 20, 19-31. A los ocho días llegó Jesús



El domingo es el día del Señor en el que, desde el principio, la comunidad cristiana se reúne para encontrarse con Cristo resucitado, presente, orando juntos, en su Palabra y en el pan y el vino consagrados. Somos así dichosos porque creemos en Cristo sin haberlo visto. De Él salió la iniciativa, cuando al anochecer del primer día de la semana se apareció a sus discípulos y, luego, otra vez a los ocho días (Ev.). Por la comunión, el Espíritu Santo nos hace crecer en la unidad con Cristo y la Iglesia. La 1 lect. Nos muestra cómo en aquella comunidad primitiva se vivía esa unidad: todos pensaban y sentían lo mismo y compartían sus bienes.

viernes, 6 de abril de 2018

Intenciones del Apostolado de la Oración para abril

General: Para que los responsables del pensamiento y de la gestión de la economía tengan el coraje de refutar una economía de la exclusión y sepan abrir nuevos caminos o rutas.

Por la Evangelización: Por los que son bautizados, los que reciben la Eucaristía por primera vez o la Confirmación; para que sean miembros vivos de la Iglesia y colaboradores activos de su misión.

jueves, 5 de abril de 2018

Equipos de Nuestra Señora

Equipos de Nuestra Señora celebró unas Jornadas de Reflexión dirigidas por el P. dominico Fray Luis Miguel García Palacios, en Villagarcía de Campos.


miércoles, 4 de abril de 2018

Familias Misioneras

Como en años anteriores, la Unidad Pastoral de Guardo recibió un numeroso grupo de 192 miembros Familia Misionera para ayudar a vivir esta Semana Santa.


Mamá, ¿hacia dónde vamos?

- Mamá, ¿hacia dónde vamos?
- Amor, ya te lo he dicho, vamos a un lugar mejor. Ahora, duerme.
Demoledor. Cualquier día de estos... en cualquier punto de las frías aguas del Mediterraneo. Una madre y su hijo que buscaban un futuro, una vida digna. Una esperanza para mañana.

 

Hace unos días me llegó esta viñeta por las redes sociales... y me heló el corazón. Con admirable dulzura se nos presenta un drama absoluto: Una madre que, hasta en el último momento y en la situación más dura, da un poco de esperanza a su hijo.
 
Una imagen profundamente bella que respira AMOR en cada burbuja de oxígeno que sube a la superficie... sin quitar un ápice de DOLOR. Y una imagen que cuestiona muy seriamente nuestra humanidad.
 
Nunca habrá datos exactos. Cuando escribo esto... en tres meses... 463 seres humanos, hermanos nuestros, pueden “contabilizarse” como ahogados o desaparecidos en las aguas mediterráneas. En el 2017 fueron casi 3000. En 2016... 4150.
 
Una tragedia ante la que el Papa Francisco -en su histórica visita a Lampedusa- dejó de lado el discurso preparado para exclamar... VERGÜENZA.
 
Hace tiempo, un periodista preguntaba a una madre que iba a subirse a un barcucho con su hija, huyendo de Turquía tras salir de Siria: “¿No le da miedo arriesgar la vida de su hija en ese barco?”. Y la madre contestó: “Donde arriesgo la vida de mi hija es quedándome en tierra”.

Tenemos que preguntarnos “hacia dónde vamos”. Tenemos que pedir perdón. Tenemos que reaccionar.

Txomin Pérez

martes, 3 de abril de 2018

Vergüenza, arrepentimiento, esperanza

Oración del Papa Francisco en el Via Crucis del Coliseo de Roma



«Señor Jesús, nuestra mirada está dirigida a ti, llena de vergüenza, de arrepentimiento y de esperanza.
 
Ante tu amor supremo, la vergüenza nos impregna por haberte dejado sufrir en soledad nuestros pecados:
 
La vergüenza de haber huido ante la prueba a pesar de haber dicho miles de veces “incluso si todos te abandonan, yo no te abandonaré jamás”.
 
La vergüenza de haber elegido a Barrabás y no a ti, el poder y no a ti, la apariencia y no a ti, el dinero y no a ti, la mundanidad y no la eternidad.
 
La vergüenza por haberte tentado con la boca y con el corazón cada vez que nos hemos encontrado ante una prueba, diciéndote: “si tú eres el Mesías, sálvate y creeremos”.
 
La vergüenza por tantas personas, incluso algunos de tus ministros, que se han dejado engañar por la ambición y por la vana gloria perdiendo su dignidad y su primer amor.
 
La vergüenza porque nuestras generaciones están dejando a los jóvenes un mundo fracturado por las divisiones y por las guerras; un mundo devorado por el egoísmo donde los jóvenes, los pequeños, los enfermos, los ancianos son marginados.
 

lunes, 2 de abril de 2018

De las Homilías de nuestro Obispo en la Semana Santa

(Pueden leerlas íntegras en www.diocesispalencia.org)



Del Jueves Santo

Tenemos que amar la Eucaristía, el gran invento del amor de Dios. Tenemos que vivirla en profundidad. En ella Dios nos reúne, nos habla como a amigos e hijos en la Liturgia de la Palabra; nosotros hablamos con él orando. Damos gracias, hacemos memorial de su entrega, de su carne entregada por nosotros y su sangre derramada por todos; lo hacemos en comunión de fe y amor con toda la iglesia, con la iglesia peregrina, presidida por el Papa Francisco, y de la que forman parte Santa María, la Virgen, San José, los santos y los difuntos. Y con ellos damos gloria y alabamos al Padre y al Hijo y en el Espíritu Santo, a Dios, al Uno y Trino, el Dios que es amor. De ella comemos, nos alimentamos, vivimos y existimos.
Tenemos que pedir por nuestros sacerdotes, presencia sacramental de Jesucristo, presencia en las vasijas de barro de nuestras personas, pero presencia que contiene el vino del amor, el buen olor de Cristo. Tenemos que pedir por las vocaciones, de manera especial a las vocaciones diaconales y sacerdotales. “Señor, manda, obreros a tu mies, como enviaste a los apóstoles, a San Manuel González, y a tantos otros”. Los necesitamos. ¿Quién si no nos va a hablar de ti, nos va a hacer presente tu Palabra que ilumina, quién nos va a partir del pan de la unidad y la copa de la bendición de tu amor? Escúchanos, Señor.

¡Feliz Pascua, palentinos todos! ¡Santa, florida y fecunda Pascua, cristianos!



+ Mons. Manuel Herrero Fernández, OSA. Obispo de Palencia

«Esta fiesta nos sostiene en medio de las miserias de este mundo: ahora es cuando Dios nos comunica la alegría de la salvación, que irradia esta fiesta, ya que en todas partes nos reúne espiritualmente a todos en una sola asamblea, haciendo que podamos orar y dar gracias todos juntos, como es de ley en esta fiesta» (San Atanasio, obispo, carta pascual 5,1-2).
 
Así se expresa San Atanasio, obispo de Alejandría. ¿Qué fiesta es esta? Es la Pascua del Señor. Es el paso -pascua es paso- de Jesús de la muerte a la vida, de la cruz a la luz, de la pasión a la gloria, de la humillación a la glorificación, de la oscuridad a la luz, del llanto al júbilo, de la tristeza a la alegría. ¡Qué imán tiene esta fiesta que logra la unión de todos los creyentes y la reunión de todos para cantar y gozar con el Aleluya! ¡Cómo canta la Liturgia Romana al Cirio pascual, que representa a Cristo, vencedor de la noche! ¡Con que fuerza la Iglesia da gracias por el agua bautismal que hace renacer a la vida eterna! ¡Con cuánta alegría recibe la comunidad a los nuevos miembros, nacidos del agua y del espíritu! ¡Con cuánta certeza proclama la Palabra la verdad del Crucificado y Resucitado! ¡Con qué energía proclama la Iglesia el Credo, síntesis feliz de nuestra fe en Dios Padre que nos entrega al Hijo para llenarnos de su Espíritu!¡Con qué sencillez el sacramento de la Eucaristía hace presente a Jesucristo, el grano de trigo caído en tierra, muerto, fecundo, hecho pan para el camino, a Jesús, el amigo de la viña, que pisado en el lagar de la pasión nos ha dado el vino mejor que hace de nuestra existencia una fiesta de bodas!
 
Es que esta fiesta proclama y celebra al Dios de la Vida, al Dios del Amor, a Dios, vencedor del mal, del pecado y de la muerte, a Dios creador, redentor y santificador del hombre, al Dios cuya gloria es que el hombre viva, al Dios liberador, a Dios que nos hace Hijos en Cristo, a Dios que nos hace hermanos con Cristo, a Dios que nos diviniza con su espíritu por Cristo.
 
Es que esta fiesta eleva al hombre, llena de esperanza, convierte nuestra historia en historia feliz de salvación, nuestra tierra es trasformada en cielo, nuestras derrotas en victorias, nuestras guerras en paz, nuestra muerte en vida, nuestra mortalidad en inmortalidad, nuestra temporalidad en eternidad, nuestras divisiones en unión armónica y sinfónica, nuestra humillación en sublimación, nuestro pecado en perdón, nuestra miseria en misericordia.
 
Que la fiesta no se agoste, no acabe. Que su luz no se apague; que su alegría no cese. Hemos sido salvados en esperanza porque es verdad que todavía hay sepulcros, losas que oprimen, muerte y muertes, injusticia, insolidaridad, desigualdades, hambre de pan y de transcendencia, odio, rencor, resentimiento, ansias de venganza, violencia, corrupción; pero todo esto puede ser vencido, ya ha sido vencido por el amor de Aquel que lo sufrió con nosotros y por nosotros, pero entregó su vida por amor, un amor total, sin reservas, hasta el final. No estamos condenados: hay salvación, hay remedio, hay salida. Dios no ha fracasado al crear al hombre; el hombre no es una pasión inútil, ni un ser para la muerte, es obra de amor, con corazón de carne, es amado y capacidad y necesidad de amar.

Esta fiesta nos da la clave para la vida, una vida nueva. Es Jesús, el Cristo, el Crucificado y Resucitado, Hijo del Padre e Hijo del Hombre, por ser Hijo de María. Creer en él, esperar en él, amarle a él, amar como él, tener sus sentimientos y actitudes, vivir con él, en él y por él. La clave está en abrirnos a él que viene a nuestro encuentro, encontrarnos con él, conocerle a él, seguirle a él, vivir con él y como él. La clave de nuestra felicidad temporal y eterna está en él. Él está todos los días con nosotros hasta el fin del mundo. Que nada nos separe de él; que él nos conceda su Espíritu para que “permanecer siempre en ti, perseverar en tu amor, vivir de tu vida y ser conducidos por tu mano”.
¡Feliz Pascua, palentinos! ¡Feliz Pascua, hermanos!


domingo, 1 de abril de 2018

Domingo de Resurrección


1 de abril de 2018. Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor

Hch 10, 34a. 37-43 Hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos
Sal 117 Este es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo
Secuencia Ofrezcan los cristianos
Jn 20, 1-9 Él había de resucitar de entre los muertos


En este día Dios nos ha abierto las puertas de la vida por medio del Hijo, vencedor de la muerte, y pedimos ser renovados por el Espíritu Santo para resucitar en el reino de la luz y de la vida (cf. 1.ª orac). Hoy es el día en que actuó el Señor. La piedra que desecharon los arquitectos -Cristo en su pasión- es ahora la piedra angular una vez que ha resucitado (salmo responsorial). Y creemos en este misterio gracias al testimonio de los apóstoles que comieron y bebieron con Él después de su resurrección (1 lect.) y vieron el sepulcro vacío (Ev.). A partir de ahí, una vez que por el bautismo hemos resucitado con Cristo, busquemos los bienes de allá arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios (2 lect.).

jueves, 29 de marzo de 2018

El lavatorio de los pies


Cristo lava los pies a San Pedro. Escultura en bronce dorado. Augusto Dueñas, año 2010. Museo Diocesano de Palencia.

Imitando el gesto que hizo Jesús en el cenáculo de lavar los pies a los apóstoles, en muchas parroquias se realiza el lavatorio de los pies a doce miembros de la comunidad. El rito incluido en la Missa in cena Domini no es obligatorio, pero tiene un significado profundo. La acción realizada por Jesús debe ser imitada por toda la comunidad, por todos los cristianos, sirviendo a los más pobres, y saber darse a los demás como Él se nos dio a todos. Y se hace en la misa de Jueves Santo en la que se conmemora la institución de la Eucaristía, del orden sacerdotal y el mandamiento nuevo del amor fraterno, suprema ley para todos y hacia todos.
 
El origen del rito está en la iglesia primitiva y ya aparece en el misal de San Pio V (1570) y en el Caeremoniale Episcoporum de 1600. El Misal fue reformado por Pío XII, hasta llegar al Misal Romano de San Juan Pablo II (1979), que lo simplifica: por ejemplo, omite el número de doce, permaneciendo la reserva sólo a los hombres por el valor imitativo. El Papa Francisco, mediante Carta Apostólica (20-XII-2014), y Decreto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos (6-I-2015) ya habla de elegidos entre el pueblo de Dios, sean hombres o mujeres.
 
Ya no se habla del valor imitativo del gesto, sino del significado de lo que hizo Jesús con alcance universal: donarse hasta el final para la salvación del género humano. Su caridad abraza a todos y a todos hermana en la práctica de su ejemplo. El ejemplo del Señor va más allá del lavar los pies, para comprender que expresa el servicio del amor tangible por el prójimo.
 
En nuestra Catedral, el rito del lavatorio de los pies era costumbre hacerlo con 12 pobres de la ciudad y posteriormente el Sr. Obispo los invitaba a comer en su palacio. Buen y profundo gesto de servir a Cristo en los más necesitados.
 
Son muy pocas las obras de arte con el tema del lavatorio de los pies en la Diócesis. Encontramos este motivo en las parroquias de Añoza y de Boada, y en el Museo Diocesano que exhibe una escultura en bronce dorado, del autor contemporáneo Augusto Dueñas, regalo de la CEE a D. Ángel Sancho.

Haz Señor que como comunidad cristiana y personalmente sepa imitar tu gesto de entrega total, haciéndote esclavo por nosotros sirviendo a mis hermanos los hombres, como Tú nos serviste a todos.

Jueves Santo


lunes, 26 de marzo de 2018

¿Cómo puedo encontrar a Dios?



[DOCAT 9] A Dios uno se lo encuentra cuando Él se nos manifiesta o, dicho con otras palabras, se nos revela. Ciertamente tenemos por naturaleza una idea de Dios y podemos reconocer mediante la reflexión que hay Dios. Sin embargo, cómo es Dios exactamente, cuáles son sus pensamientos y planes, esto se escapa a nuestra razón. De ahí que Dios tenga que decirnos cómo es Él. No lo hace enviándonos una idea, un libro o un sitema político, sino haciéndose hombre. Dios se ha revelado integra y definitivamente en Jesucristo: Dios se ha hecho hombre para que el hombre comprenda quién es Dios. Jesús es el lenguaje de Dios.
 
En el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia: [36-38]


¿Qué nos muestra Dios de sí cuando nos envía a su Hijo?
 
[YOUCAT 9] En Jesucristo Dios nos muestra toda la profundidad de su amor misericordioso. Por medio de Jesucristo el Dios invisible se hace visible. Se hace hombre como nosotros. Esto nos enseña hasta dónde alcanza el amor de Dios. Lleva toda nuestra carga. Anda con nosotros. Está en nuestro abandono, nuestro dolor, nuestro miedo ante la muerte. Está allí donde no podemos avanzar más, para abrirnos la puerta hacia la Vida.

En el Catecismo de la Iglesia Católica: [65-66, 73]
 

domingo, 25 de marzo de 2018

25 de marzo de 2018. Domingo de Ramos en la Pasión del Señor

Procesión: Mt 21, 1-10 Bendito el que viene en nombre del Señor
Is 50, 4-7 No escondí el rostro ante ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado
Sal 21 Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Flp 2, 6-11 Se humilló a sí mismo; por eso Dios lo exaltó sobre todo 
Mc 14, 1 - 15, 47 Pasión de nuestro Señor Jesucristo


Conmemoramos hoy la sagrada entrada de Jesús en Jerusalén, montado sobre un borrico. Con este acto de humildad, nos muestra así el camino de su rebajamiento que le llevará hasta la muerte, una muerte en la cruz (2 lect.). Así mostró al género humano el ejemplo de una vida sumisa a la voluntad de Dios (cf. 1.ª orac). Se lee hoy la Pasión según san Marcos, cuyo tema central es el de Jesús como Hijo de Dios, el Siervo de Diosmártir, vaticinado por Isaías (cf. 1 lect.), que muere en la cruz. Este sacrificio se actualiza en la eucaristía, en la que hoy pedimos la misericordia que no merecen nuestros pecados.

sábado, 24 de marzo de 2018

La Cruz, sin adornos ni postizos



A los cristianos nos distinguen por la Cruz. Decía Odo Casel, sabio benedictino, que somos “el ejército de la Cruz”. De la Cruz desnuda. “Sin adornos ni postizos”, como le gustaba decir al poeta León Felipe. “Que se vean desnudos los maderos. Desnudos y decididamente rectos”. La Cruz, con mayúscula, en atención al que cuelga de ella.

Antes de que la Cruz fuera trasladada al lábaro triunfante de Constantino, en el siglo IV, los cristianos ya la habían llevado en su cuerpo, al ser, como su Maestro, injustamente maltratados, atropellados y cosidos al bendito madero. Muchos cristianos de entonces (y de ahora) fueron testigos martiriales. Sangre anónima, sin historia ni memoria...

Shiller, el poeta alemán (autor de la letra de la “Oda a la alegría”), decía que la Cruz reúne, en una misma corona, la doble palma: la de la humillación y la de la fuerza. Antes lo había dicho ya san Pablo, cuando distinguía en la Cruz los que ven en ella sabiduría y fuerza de Dios de los que sólo perciben escándalo y necedad.

Goethe decía que el cristianismo encierra el mérito de haber reconocido que hay en el sufrimiento algo divino, al igual que en la pobreza y el escarnio. El escritor lo veía como un avance en la larga historia de los humillados. Ustedes deben saber que, antes de que se levantara la Cruz en el Calvario, los pobres y débiles, los excomulgados y descartados de este mundo, habían sido tachados o descalificados públicamente como “des-graciados” (o sea, no agraciados) y hasta como “malditos de Dios”.

Pero desde Jesucristo para acá, podemos decir que Dios se ha abrazado a la humanidad desvalida. Aunque primero tuvo Dios-Padre que rehabilitar públicamente a su Hijo, levantándolo del sepulcro “al tercer día”.

Desde entonces, Dios está con ellos: con todos los crucificados. Y si Dios está con ellos, nuestro Dios es un Dios que se abraza al misterio del sufrimiento humano. Una religión así -dice Goethe- no puede retroceder: Una vez que apareció, no puede volver a desaparecer, dado que el sufrimiento es patrimonio de la humanidad...

No es fácil aceptar esto del “Dios que sufre”, ya que durante mucho tiempo hemos construido, de la mano de Santo Tomás de Aquino, una impecable teología metafísica de puras esencias aristotélicas. Nos parecía indigno de Dios mezclarlo con el sufrimiento humano. No sé por qué. Dios es Dios, y sin dejar de serlo, se ha hecho, en su Hijo amado, hombre llagado y aplastado por las potencias de este mundo de idólatras. Como decía Unamuno en su Salmo III: “Por gustar, ¡oh, Impasible!, la pena quisiste penar. Te faltaba el dolor que enajena, para más gozar. Probaste el sufrir, y sufriste vil muerte en la cruz. Y al espejo del hombre te viste bajo nueva luz”. Es en este mismo Salmo donde don Miguel nos deja unos versos (al final del mismo) que le sirvieron de epitafio para su tumba de Salamanca: “Méteme, Padre eterno, en tu pecho, misterioso hogar; dormiré allí, pues vengo deshecho del duro bregar”.

Cuesta recuperar la dureza y oscuridad del Viernes Santo. Adorar a un crucificado siempre fue locura original. Algo novedoso, revolucionario y muy duro. Pero muy cristiano. Muy nuestro.

El cristianismo es esto. Una dialéctica o interrelación inseparable entre muerte y vida, cruz y resurrección, fracaso y triunfo. El cristianismo es Pascua. Morir para vivir. Toda una paradoja. El Dios infinito se auto-limita en la Cruz de su Hijo y sufre con él.

Y, unido a él, sufre también con nosotros. Insondable y consolador misterio. Misterio para caer de rodillas ante la Cruz y el Crucificado. Sin decir nada. Sólo, con las manos extendidas, adorando y agradeciendo al feliz Madero. ¡Buena Pascua, 2018!


Eduardo de la Hera


viernes, 23 de marzo de 2018

Encuentro del Voluntariado de Cáritas



El pasado 23 de febrero se celebró en la Casa de la Iglesia de Palencia un Encuentro de Voluntariado de Cáritas, donde estuvieron representadas las Cáritas Parroquiales y Programas de Cáritas Diocesana, que fue presidido por nuestro obispo D. Manuel Herrero.
 
Después del saludo de acogida y la oración, el Sr Obispo comentó el Plan Pastoral Diocesano, una invitación a los cristianos a una nueva etapa evangelizadora marcado por la alegría e indicar caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años. A continuación, presentó al nuevo equipo de Cáritas Diocesana formado por Mª Gloria Alonso, Directora, Jesús Díez, Delegado Diocesano y Lucio López, Subdirector y Gloria Pérez, Vocal. Finalizó agradeciendo la labor de Cáritas, su trabajo y entrega, porque la caridad cristiana arranca del amor de Dios, “yo también pertenezco a Cáritas”.
 
Con el título “Breve elogio de las personas voluntarias”, nuestro Delegado Diocesano pronunció una charla donde destacó el compromiso con la pobreza, aprendemos a mirarla y acercarnos a ella con gratitud y humildad, aprendemos a recuperar nuestra espiritualidad y nuestra práctica pedagógica. Finalizó haciendo un brindis por el voluntariado de Cáritas, por ofrecer su cercanía generosa y afectiva a tantas personas, que cerca y lejos de nosotros sufren la pobreza, necesitan que les ayudemos.
 
Seguidamente en un power point titulado: “Tu compromiso mejora el mundo (La tarea del voluntariado de Cáritas)” realizado por el Subdirector de Cáritas, con imágenes y frases de todas las parroquias y programas. Así mismo se vieron imágenes de las campañas de Cáritas durante el año en nuestras calles y plazas.
 
Para analizar lo anteriormente reseñado, todos los asistentes participaron en una dinámica por grupos, donde se reflexionó sobre el compromiso del voluntariado de Cáritas, en los valores que desde nuestro compromiso cristiano aportamos a la comunidad y al mundo en que vivimos.
 
La Directora de Cáritas, nos comunico que el equipo está conociendo la realidad de Cáritas en la diócesis y a las personas que suman fuerzas para llevar adelante la tarea de hacer presente el amor preferencial de Dios a las personas más vulnerables y en situaciones de pobreza. Finalizó con la promesa de visitar las parroquias y sedes de Cáritas de nuestra diócesis.
 
Terminó el encuentro con una oración basada en unas palabras de nuestro Papa Francisco y una canción de gracias a todos los asistentes.
 
Después nos reunimos para compartir un vino español donde se comentó lo positivo del encuentro y el grado de satisfacción de la gran familia de Cáritas.