Homilía en la Solemnidad de San Antolín, Patrón de la Ciudad y Diócesis de Palencia
Mons. Manuel Herrero Fernández, OSA. Obispo de Palencia
Catedral de Palencia. 02 de septiembre de 2017
(Lecturas: 1ª: II Macabeos 7, 1. 20-23. 27b-29; Salmo 30, 3cd-4. 6a y 8ab. 16bc-17; 2ª: Santiago 1, 2-4. 12; Evangelio Según San Juan 12, 24-26).
Queridos hermanos y hermanas: Estamos de fiesta celebrando a san Antolín, aunque propiamente celebramos en él y con él al Señor que le hizo fuerte en el combate.
Yo no os voy a hablar de su vida ni de su vinculación a Palencia, testigo de la cual es esta Catedral y otros templos y apellidos de la Diócesis y que ya han sido tratados en el pregón y en la predicación de la novena.
Las lecturas proclamadas de la Palabra de Dios nos hablan de la fe. La primera nos ha presentado la fe de una madre que ve morir martirizados de sus hijos, su confianza, su fe y esperanza en el Señor. El salmo es un canto a la misericordia y fidelidad del Señor en cuyas manos de Padre se puede depositar la vida con total confianza. Santiago nos habla de las pruebas de la fe que hacen que esta madure, se fortalezca y se afirme hasta el final de gloria. El Evangelio, por medio del ejemplo del grano de trigo que cae en tierra y muere por amor, nos muestra la muerte gloriosa y fecunda de Cristo y nos alienta a servir y seguir al Señor desde la fe y la confianza en el Padre para dar cosecha de vida eterna. Todo esto se ha realizado en San Antolín.

En el prefacio de la Misa se nos invita a dar gracias al Padre por su Hijo Jesucristo que, con su Espíritu Santo, ha manifestado su poder en el martirio de nuestro santo patrono, pues «bondadosamente le otorgó el ardor de la fe, la firmeza en la perseverancia y la victoria en el combate», (Prefacio II de Santos Mártires).
Y ese es el testimonio que yo deseo y le pido al Señor, por intercesión de nuestro Patrón, que nos distinga a los que estamos aquí reunidos y a todos los fieles de la Diócesis: El ardor, la firmeza y la victoria de la fe.
Podemos preguntarnos: ¿Dónde y de quién aprendió la fe san Antolín, una fe tan fuerte y firme como para dar la vida y morir derramando la sangre antes que renunciar a la misma? La fe es un don de Dios; sin duda alguna, la recibió de otros cristianos, quizás de sus padres, en la familia,- ¡qué importante es la familia donde se fraguan las grandes certezas de la vida!- y de una comunidad cristiana, humilde, perseguida y sencilla. No nació con la fe, porque el cristiano no nace, se hace, sino que la recibió a través del encuentro con Cristo y con los discípulos de Cristo.