martes, 1 de noviembre de 2016

Intenciones del Apostolado de la Oración para el Mes de Noviembre


  •  General: Que los países que acogen a gran número de refugiados y desplazados, sean apoyados en su esfuerzo de solidaridad
  •  Por la Evangelización: Para que el Señor aumente en todos los fieles una fe más firme en la Vida Eterna y crezca el testimonio de la esperanza cristiana.

Obituario

El 20 de octubre falleció D. Alberto Atienza Huerta, nacido en Población de Campos, el 7 de julio de 1926 y ordenado sacerdote el 3 de junio de 1950. En su vida pastoral pasó por Itero de la Vega, Boadilla del Camino, Villanueva de los Caballeros, Hérmedes de Cerrato, Amusco o Valdespina. Formó parte de la Comisión de Arte de la diócesis y fue Arcipreste de las zonas de Carrión y Frómista. También fue Secrt. del Consejo Presbiteral, Delegado diocesano de Templos y Casas Rectorales y Delegado episcopal en el Patronato de San Bernabé. En 2004 fue nombrado Prelado de Honor de su Santidad. Descanse en Paz

Sobre nuestros difuntos

Recientemente, la Santa Sede a hecho pública una Instrucción Pastoral sobre la sepultura de los difuntos y la conservación de las cenizas en caso de cremación para orientar a los católicos en este asunto. Como el tema está siendo objeto de interpretaciones parciales y poco explicativas, te recordamos qué es lo que realmente dice la Iglesia acerca de esta cuestión. Un planteamiento que, por otra parte, ya está expresado desde hace tiempo en el propio Código de Derecho Canónico:
 
  •  La Iglesia recomienda insistentemente que los cuerpos de los difuntos sean sepultados en los cementerios u otros lugares sagrados. La inhumación es la forma más adecuada para expresar la fe y la esperanza en la resurrección corporal.
  • No obstante, la Iglesia no ve razones doctrinales para evitar la cremación, ya que esta práctica no toca el alma y no impide la resurrección de la carne; por tanto, no contiene la negación objetiva de la doctrina cristiana sobre la inmortalidad del alma y la resurrección del cuerpo. Eso sí, la Iglesia sigue prefiriendo la sepultura de los cuerpos, porque con ella se demuestra un mayor aprecio por los difuntos; sin embargo, la cremación no está prohibida, “a no ser que haya sido elegida por razones contrarias a la doctrina cristiana”.
  •  Si por razones legítimas se opta por la cremación del cadáver, las cenizas del difunto (por regla general) deben mantenerse en un lugar sagrado: cementerios, iglesias o en un área especialmente dedicada a tal fin por la autoridad eclesiástica competente. De esta manera, se ayudará a reducir el riesgo de sustraer a los difuntos de la oración y el recuerdo de los familiares y de la comunidad cristiana. Así, además, se evita la posibilidad de olvido, falta de respeto, así como prácticas inconvenientes o supersticiosas.
  • Por todo ello, si se opta por la incineración del difunto, no está permitida la conservación de las cenizas en el hogar. Asimismo, y con el objetivo de evitar cualquier malentendido panteísta, naturalista o nihilista, no está permitida la dispersión de las cenizas en el aire, en la tierra o en el agua o en cualquier otra forma; tampoco la conversión de las cenizas en recuerdos conmemorativos, en piezas de joyería o en otros artículos.
  •  Si alguien opta por la cremación porque cree así renegar de la fe en la resurrección, la Iglesia no puede celebrar sus exequias (funeral católico y misas), como es lógico y está previsto en el Código.
La norma sobre la práctica acerca de la incineración y la conservación de las cenizas atañe a una costumbre católica que se viene realizando desde hace siglos, ya recogida en el Derecho Canónico, que tiene como base la esperanza cristiana en la resurrección y la vida eterna. Por tanto, no estamos ante una novedad en sí misma, ni se puede afirmar con rotundidad que la Iglesia “prohíbe desde hoy esparcir las cenizas”, pues no refleja fielmente el espíritu de la Instrucción Pastoral, la cual lo que hacer es recordar y explicar con claridad lo dispuesto en el Código de Derecho Canónico sobre estas cuestiones.

IV Encuentro Nacional de Jóvenes de Hermandades y Cofradías «TOMA TU CRUZ Y SÍGUEME»

De buena noticia para nuestra Diócesis puede considerarse el recién celebrado IV Encuentro Nacional de Jóvenes de Hermandades y Cofradías, en el que, del 28 al 30 de octubre, han participado alrededor de un millar de jóvenes llegados de toda España.

El pabellón del colegio Maristas -donde se celebraron mesas redondas-, la Plaza de la Inmaculada -donde se vivió el sábado por la tarde un Vía Crucis extraordinario- y la Catedral -donde se celebró la Eucaristía conclusiva de las jornadas- han sido los escenarios donde se ha vivido con intensidad este Encuentro.

Un Encuentro en el que se han ido combinando los momentos de reflexión y compartir experiencias, iniciativas y vivencias... con los momentos más lúdicos apropiados para el crear lazos de amistad... con los momentos de celebrar y vivir la Fe que nos une.

Y fue en la Eucaristía conclusiva donde nuestro Obispo, animó a los jóvenes a «tomar ejemplo de Zaqueo» y a «subir a la cruz si queremos contemplar a Jesús, acercarnos a él, abrirle nuestra casa y nuestro corazón. Jesús dijo a Zaqueo “hoy quiero alojarme en tu casa”... El que se siente amado... ¿cómo no va a abrir su corazón y su vida entera?».

«Tenemos que hacer como Zaqueo, que se pone en pie, se levanta y acoge al Señor» -añadió nuestro Obispo- «La conversión es ponerse en pie y mirar a Cristo que nos dice “Toma tu cruz y sígueme”. Seguir a Jesús supone dejar que se aloje en nuestra vida y poco a poco ir cambiando nuestra mente, nuestro corazón y nuestra conducta. Ojalá nosotros sabiéndonos pobres, pequeños y pecadores sepamos tomar ejemplo de Zaqueo».

PALABRAS FINALES DEL ENCUENTRO
Tras la Eucaristía, Silvia Martínez, en nombre del Cómite Organizador del IV Encuentro, dio lectura a unas palabras que, a modo de conclusión, resumían lo vivido:

Siendo hoy, domingo 30 de octubre de 2016, llegando al final de este IV Encuentro Nacional de jóvenes cofrades, no quisiera extenderme mucho en estas conclusiones, si es que conclusiones podemos llamar a este final, ya que no me gustaría que ninguno de vosotros cerrarais en vuestro corazón este Encuentro tan especial.

Las voces de los jóvenes cofrades han resonado en Palencia más fuerte que nunca, demostrando que su implicación en las cofradías, aparte de necesaria, es un hecho habitual que nace siempre desde el respeto y la pasión, siempre con una pizca de ilusión y alegría. Somos jóvenes, los mismos que hemos cantado y bailado por Palencia, los mismos que nos hemos emocionado en el Via Crucis, los mismos que ante el Señor, nos postramos y damos gracias por todo lo vivido.

Los Encuentros Nacionales de Jóvenes han conseguido dejar huella en vuestros corazones, han llenado vuestra vida de amigos y de hermanos, han supuesto un cambio para vosotros y para vuestras Juntas de Gobierno, los jóvenes son el presente, los jóvenes hemos llegado para quedarnos.

Que Palencia haya servido para volver a encontrarnos, abrazarnos, conocernos y hacernos un poco más grandes, para comprobar de las voces de otros hermanos, que hay creer fuerte, que hay que apostar por este presente que necesita corazones desbordantes de energía como los vuestros, de un toque de locura que nos lleva a cambiar nuestras vidas con un único objetivo: estar orgullosos de ser jóvenes cofrades y cristianos cada día.

Un año para volver a vernos, pero seguramente horas para volver a hablarnos y estar pendientes los unos de los otros, para recordarnos que el amor en Jesús, es el amor que nos mueve a querer nuestras Cofradías, nuestras Semanas Santas, nos mueve a querernos tan solo viéndonos una vez al año.
Jóvenes cofrades, volved a tomar vuestra Cruz, vendrán tiempos difíciles, no estáis solos en este camino. Sed testigos de lo aquí acontecido, sed Testimonios vivos de nuestra Semana Santa, de nuestro Señor Jesucristo.

Intenciones del Apostolado de la Oración para el Mes de Noviembre

  •  General: Que los países que acogen a gran número de refugiados y desplazados, sean apoyados en su esfuerzo de solidaridad
  • Por la Evangelización: Para que el Señor aumente en todos los fieles una fe más firme en la Vida Eterna y crezca el testimonio de la esperanza cristiana.