lunes, 2 de octubre de 2017

“Confiando en el Señor, que camina con nosotros, y en la potencia de su Santo Espíritu, caminemos juntos, rememos mar adentro”

El pasado 25 de septiembre, el Seminario Menor de Palencia acogió la Jornada del Clero que, al igual que en el año anterior, ha servido de punto de arranque para el curso pastoral. La Jornada -presidida por nuestro Obispo- contó con la presencia de unos 120 sacerdotes, seminaristas y el Diácono Permanente.

Tras la oración inicial, tomó la palabra el Sr. Obispo, para hacer un repaso a lo acontecido en la Diócesis tras la “Jornada del Clero” celebrada el año pasado, agradeciendo el trabajo de todos los presentes y de todos los que forman la Iglesia diocesana en su conjunto.

  • Un año en el que se han renovado y comenzado a caminar importantes organismos diocesanos como el Colegio de Consultores, el Consejo Presbiteral y el Consejo Diocesano de Pastoral. Así mismo, se han llevado a cabo los procesos de elección de los arciprestes de los distintos Arciprestazgos de la Diócesis.

  • Un año, en el que se han terminado de perfilar las Unidades Pastorales y se han renovado Delegaciones y Secretariados Diocesanos.

  • Un año en el que se ha profundizado en la reorganización de la Curia Diocesana para una mayor eficacia en la labor pastoral y permitir un mayor y más coordinado trabajo conjunto.

  • Un año en el que se han producido -desde la consulta, el diálogo y en distintas etapas- nuevos nombramientos en la pastoral diocesana, siendo muchos de ellos de laicos; y nombramientos de sacerdotes para la atención pastoral en las Parroquias.

  • Asimismo ha sido un año de intenso trabajo en la Comisión de elaboración del Plan Pastoral Diocesano... un proceso coordinado por un equipo representativo de diversos dinamismos diocesanos y formado por 8 personas: 3 laicos y laicas, 2 religiosos y religiosas, 2 sacerdotes y el Vicario de Pastoral. Equipo, como señaló D. Manuel, que «ha dedicado mucho tiempo de trabajo, reflexión, oración y amor por la Iglesia palentina».

El Sr. Obispo animó a los presentes a «comenzar este curso pastoral con buen ánimo, pensando y meditando qué nos pide el Señor en el servicio a nuestro pueblo, ayudándonos unos a otros como decía Santa Teresa “haciendo espaldas unos a otros”. Caminando juntos, haciendo sinodalidad, unos con otros». Mons. Herrero deseó que «además de lo ordinario de la pastoral se hiciera hincapié en la puesta en marcha del Plan Diocesano de Pastoral y la programación conjunta de toda la Diócesis para este curso». Hizo un llamamiento, de manera especial a cultivar «las actitudes pues son ellas las que dan sentido a toda nuestra acción. Actitudes que nos pide el Papa y que también nos pide una “Cultura del Encuentro”. Todo ello teniendo como Maestro a Jesucristo, el Hijo de Dios, que es para nosotros ejemplo y Pastor» y a cultivar «la fraternidad entre nosotros y entre todos los que formamos la Iglesia en Palencia». En este sentido recomendó releer de manera habitual el Capítulo IV de Amoris Laetitia, donde el Papa Francisco nos recuerda cómo es el amor cristiano y que actitudes debemos no olvidar. Un amor que es compasivo, misericordioso, que no guarda rencor, que es paciente y servicial, que nos lleva a la entrega... «Una fraternidad que nos debe llevar a abandonar el aislamiento, el resentimiento, las habladurías...».

También señaló a los sacerdotes presentes la importancia y urgencia de avanzar en la «corresponsabilidad de los laicos y con los miembros de la Vida Consagrada, y de manera especial, como pide el Papa, la escucha y cercanía con los jóvenes y las familias».

Por último hizo una llamada a que toda la Diócesis ponga un «especial empeño en la Pastoral Vocacional, pues necesitamos vocaciones» y a «secundar las iniciativas que surjan desde las distintas realidades diocesanas».

D. Manuel acabó su intervención animando «a confiar en el Señor, que camina con nosotros, y en la potencia de su Santo Espíritu. Caminemos juntos, rememos mar adentro y que Santa María, San Antolín y todos los santos y beatos de nuestra tierra nos acompañen en este camino».

PLAN PASTORAL

Uno de los puntos importantes del encuentro fue la presentación al clero diocesano del Plan Pastoral Diocesano 2017-2022. Un Plan Pastoral en el que se ha estado trabajando durante el curso pasado y que requiere todavía de la aprobación en el Consejo Presbiteral (el próximo 9 de octubre) y el Consejo Diocesano de Pastoral (el próximo 14 de octubre).

Este Plan Pastoral, pendiente de aprobación, lleva por título “La Alegría de Creer y Crear en esta tierra de Palencia” y ya en su inicio recoge las palabras del Papa Francisco en Evangelii Gaudium: «Para invitar a los cristianos a una nueva etapa evangelizadora marcada por la alegría, e indicar caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años» (EG, 1). Un Plan que se concibe como una «propuesta abierta a la vez que coherente» para «escribir juntos un trozo de la historia de la Iglesia del Señor en esta tierra, en el momento apasionante que vivimos en la Palencia de hoy, en nuestra sociedad, en tiempos de cambios y transformaciones y con horizontes nuevos».

El Plan Pastoral propuesto -lleno, como se señala en la Introducción, «de ilusiones, de aportaciones dialogadas en diferentes mesas pastorales, de preguntas y apuestas de futuro, de urgencias humanas y pastorales»- desde la historia de nuestra Diócesis y con la motivación y horizonte que nos propone el Papa Francisco de cara a impulsar la “Cultura del Encuentro”, claves y dimensiones desde las que situarnos y trabajar de cara al futuro.

El encuentro también sirvió para presentar la Programación Diocesana del presente curso, en la que ya se empiezan a desarrollar distintos puntos del Plan Pastoral. Está previsto que cuando esta Programación tenga su concreción definitiva en cuanto a objetivos, se le incorpore un lema y una imagen que ayuden a toda la Diócesis a avanzar en el camino propuesto.

CLAVES
  • La alegría de ser creyentes y sentirnos Iglesia 
  • Vivir y ofertar la Buena Noticia 
  • Opción misionera: presencia, salida, espiritualidad 
  • Sentirnos Diócesis, hacer juntos el camino 
  • Protagonismo laical.
DIMENSIONES
  • Somos una Familia... una Iglesia que vive y se organiza en Comunión 
  • En la Escuela de Jesús... una Iglesia que vive y anuncia la Buena Noticia 
  • Que contagia el Amor de Dios... una Iglesia comprometida con la vida, las personas y la sociedad 
  • Y celebra el Encuentro... una Iglesia que celebra la fe y los sacramentos de la vida.

domingo, 1 de octubre de 2017

1 de octubre de 2017 XXVI Domngo del Tiempo Ordinario

  • Ez 18, 25-28 Cuando el malvado se convierte de la maldad, salva su propia vida 
  • Sal 24 Recuerda, Señor, tu ternura 
  • Flp 2, 1-11 Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús 
  • Mt 21, 28-32 Se arrepintió y fue. Los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios.

Dios manifiesta especialmente su poder con el perdón y la misericordia (Orac. colecta). Por eso, el Señor enseña el camino a los pecadores (Sal). Y si el malvado recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá (1 Lect). Todos somos pecadores y debemos escuchar la voz del Señor que nos llama a la conversión. Seamos sencillos y creamos en Jesucristo, nuestro Salvador (Ev). Y tengamos los sentimientos propios de una vida en Cristo Jesús, dejándonos llevar por la humildad, considerado siempre superiores a los demás. Él, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios, pasando por uno de tantos (2 Lect).

Intenciones del Apostolado de la Oración para este mes de Octubre

  • General: Por el mundo del trabajo, para que a todos les sean asegurados el respeto y la protección de sus derechos y se dé a los desempleados la oportunidad de contribuir a la construcción del bien común 
  • Por la Evangelización: Por la Iglesia en España, para que siga viviendo la inquietud misionera y alentado a quienes entregan su vida a la difusión del Evangelio.

La Compañía de Jesús deja Palencia

La Compañía de Jesús ha tomado la decisión de dejar la ciudad de Palencia a partir de junio de 2018. Así se lo ha comunicado a D. Manuel Herrero, obispo de Palencia, y quiere compartir la noticia también con los palentinos, expresando su gratitud enorme por el apoyo y cariño hacia la comunidad y hacia la misión de la orden durante casi cinco siglos.

Los jesuitas llegaron a Palencia en 1559, y hasta la expulsión de la orden de España, en 1773, desarrollaron su apostolado desde su centro en la Iglesia de la Compañía. Regresaron en 1868, para instalarse y desarrollar su actividad pastoral desde la Iglesia de San Francisco, donde han seguido hasta la actualidad. Junto a la labor explícitamente pastoral desarrollada desde el templo, muchas iniciativas han ido marcando la presencia de la Compañía de Jesús en Palencia. Así, el colegio San Francisco Javier, la revista El Promotor, el Secretariado de Misiones, las congregaciones Kostkas, Luises y la Congregación Mariana, el Apostolado de la Oración y la Asociación de Viudas, entre otras, han sido algunas de las iniciativas que han jalonado la historia de la orden en la ciudad.

“La disminución numérica de los jesuitas en España, y la necesidad de ir reorganizando nuestras presencias y nuestra misión nos lleva a tomar esta difícil decisión. Agradecemos, una vez más, el apoyo y la ayuda de tantos a nuestra labor”.

Diálogo... pero, ¿qué es dialogar?

Una de las palabras que más se usa hoy es la palabra diálogo. Diálogo en la familia, en la sociedad, diálogo en la política, (pensemos en los años y días pasados con relación a los separatistas, catalanes, vascos, etc., y preparémonos para lo que venga), diálogo en la Iglesia...

No me parece mal, sino todo lo contrario. Más vale dialogar que andar a pedradas. Pero, ¿qué es el diálogo, qué supone dialogar? La etimología nos dice que diálogo es una palabra griega que significa a través o por medio de la palabra. Por medio de la palabra se puede bendecir, decir y hacer el bien, o se puede hacer la maldad, la traición, insultar, herir e incluso matar moralmente.

Un gran papa, el beato Pablo VI, escribió una gran encíclica hace 55 años, titulada “Ecclesiam Suam”, “Su Iglesia”, dirigida a todos los fieles y a todos los hombres de buena voluntad sobre los caminos que la Iglesia Católica debe seguir para cumplir su misión. Estaba celebrándose el Concilio Vaticano II, y el papa, sin querer entrometerse en los debates conciliares, expresa tres pensamientos que le agitan respecto a la Iglesia: la conciencia de sí misma, la renovación de la misma, y la actitud que la Iglesia debe establecer con el mundo que la rodea, y en el cual vive y trabaja, el diálogo.

El cristianismo es la religión del diálogo, una relación de Dios y el hombre que culmina en Cristo, el Verbo, la Palabra hecha carne.

¿Qué supone el diálogo desde la fe? El diálogo, desde Jesucristo, nos debe llevar a tomar la iniciativa, sin esperar a que otros nos llamen. Debe partir del amor desinteresado, como el de Dios. No se ajusta a los méritos a los que va dirigido, tampoco debe ajustarse a los resultados posibles que se conseguirían o dejarían de lograrse, debe hacerse sin límites y sin cálculos. Debe ser responsable, libre y respetar la libertad personal y civil, sin coacción, y discurrir por las vías legítimas de la educación humana, de la persuasión interior. Si el diálogo de Dios ha sido y es universal, el nuestro debe ser potencialmente universal y capaz de entablarse con cada uno, a no ser que el hombre lo rechace o insinceramente finja aceptarlo. Tiene en cuenta los grados, desarrollos sucesivos, con inicios humildes, con lentitud en la maduración psicológica e histórica, pero sin dejar para mañana lo que se pueda hacer hoy. Debe tener el ansia de la hora oportuna y el sentido del valor del tiempo. Cada día debe volver a comenzar.

Esta forma de relación denota un propósito de corrección, de estima, de simpatía, de bondad por parte del que lo establece. Excluye la condenación apriorística, la polémica ofensiva y habitual, la futilidad de la conversación inútil. Mira al provecho del interlocutor y quisiera disponerlo para la comunión de sentimientos y de convicciones.

Supone un estado de ánimo en nosotros los que pretendemos introducirlo y alimentarlo con cuantos nos rodea; el estado de ánimo de quien se afana por colocar el mensaje cristiano del que es depositario en la corriente del pensamiento humano. 

El coloquio es una arte de comunicación. Sus características son cuatro:
l Claridad ante todo. El diálogo supone y exige capacidad de comprensión, es un trasvase de pensamiento, es una invitación a ejercicio de las facultades superiores del hombre. Hay que atender al lenguaje: si es comprensible, si popular, si escogido.

l Otro carácter es la mansedumbre, la que Cristo nos propuso aprender de Él mismo. Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón. El diálogo no es orgulloso, no es hiriente, no es ofensivo. Su autoridad e intrínseca por la verdad que expone, por la caridad que difunde, por el ejemplo que da. No es orden, no es imposición. Es pacífico; evita los modos violentos; es paciente, es generoso.

l La confianza tanto en el valor de la palabra propia cuanto en la actitud para aceptarla por parte del interlocutor. Promueve la confianza y la amistad. Entrelaza los espíritus en la mutua adhesión a un bien que excluye todo fin egoísta.

l La prudencia pedagógica, la cual tiene muy en cuenta las condiciones psicológicas y morales del que escucha: si niño, si inculto, si impreparado, si desconfiado, si hostil; y se afana por conocer la sensibilidad del interlocutor y las formas de la propia presentación para no resultarle a aquel molesto e incomprensible.

En el diálogo así ejercitado se realiza la unión de la verdad y la caridad, de la inteligencia y el amor.
El papa beato Pablo VI, sigue señalando los destinatarios del diálogo y señala varios círculos. El primero es todo lo que es humano. A veces es muy difícil, por decir imposible, por falta de suficiente libertad de juicio y de acción y por el abuso dialéctico de la palabra, dirigida no ya a la búsqueda y expresión de la verdad objetiva, sino puesta al servicio de fines utilitarios prestablecidos. Por esto el diálogo calla, habla solo con el sufrimiento, silencio, lamento y siempre el amor.

Se sitúa a favor de una paz libre y honesta; excluye fingimientos, rivalidades engaños y traiciones; no puede dejar de denunciar, como delito y ruina, la guerra de agresión, de conquista o de predominio y no puede dejar de extenderse desde las relaciones al nivel de las propias naciones a las relaciones en el cuerpo de las propias naciones y en las bases tanto sociales como familiares e individuales para difundir en cada institución y en cada espíritu el sentido, el gusto, el deber de la paz.

No hay que enfrentar diálogo a la obediencia de la autoridad legítimamente constituida tanto en la Iglesia como en la sociedad. Para el creyente, la obediencia se mueve por motivo de fe, se hace escuela de humildad evangélica, asocia al obediente a la sabiduría, a la unidad, a la edificación, a la caridad que rigen el cuerpo eclesial. Por obediencia orientada al diálogo se entiende el ejercicio de la autoridad totalmente penetrado por la conciencia de ser servicio y ministerio de la vedad y la caridad; y se entiende que la observancia de las leyes como conviene a hijos libres y amorosos. El espíritu de independencia, de crítica, de rebelión, mal se conforma con la caridad, animadora de la solidaridad, de la concordia, de la paz, en la Iglesia y transforma fácilmente el diálogo en discusión, en altercado, en disidencia. San Pablo nos dice: Que no haya entre vosotros cismas (I Cor 1, 10).

¿Se dan estas condiciones realmente cuando oímos hablar y convocar al diálogo desde tantos ámbitos sociales, políticos, sindicales, también eclesiales, en esta hora? Yo creo que muchas no se dan. Espero que con estas citas, cada uno saque sus conclusiones y actúe en consecuencia.

+Manuel Herrero Fernández, OSA
Obispo de Palencia