viernes, 17 de marzo de 2017

La rama presumida

Había, una vez, un árbol frutal en un monte elevado. Su tronco era fuerte. Ramas verdes en primavera y doradas en otoño extendían sus brazos hacia el cielo y los dirigían ufanas hacia la tierra. Buscaban, sin duda, la admiración de los viandantes.

Pero había una rama especialmente presumida. Un rayo de sol se escapaba, sin permiso del astro-rey, para coquetear con ella cada día, al caer la tarde. El tronco nada decía. Dejaba hacer a sus ramas, sabiendo que sin ellas apenas era árbol.

Por lo demás, -como todos los árboles, aun los más pequeños- aquel era un árbol bueno, bello, callado y sabio. Tenía muchos años. Los pájaros hacían allí sus nidos, las ardillas sus madrigueras, pero él nunca se quejaba. Hundía sus raíces en el suelo para absorber el jugo de la madre tierra, y poder así alimentar a todas sus criaturas, no menos que a sus emperifolladas ramas. Cuando soplaba el viento, el tronco resistía, pero las ramas, siempre más débiles y quejumbrosas, se inclinaban y hacían mucho ruido para llamar la atención de alpinistas y pastores que por allí pasaban.

Todo iba bien. Hasta que, un día cualquiera, la rama presumida, levantó la voz y la moduló especialmente para ser oída: “¡No hay derecho! ¿Os habéis fijado? A mí siempre me toca recibir todas las bofetadas, especialmente cuando el viento sopla fuerte. Todos me envidian porque soy hermosa y me visita el rayo de sol; pero los crueles maderistas se fijan mucho en el tronco (a mí ni me miran), los poetas pasan distraídos y los turistas sólo miran por su teléfono móvil para hacer fotos. ¡Esto no es vida!”.

Y encizañaba constantemente: “Compañeras, manifestaos contra ese tronco inútil y viejo que nada dice y se aprovecha de nosotras. Vamos a ver, compañeras, ramas nobles que me escucháis, ¿de quién son las flores y los frutos? ¿Son del tronco? ¡Son nuestros! El tronco nos explota a todas horas. Cuando hace frío, le abrigamos; cuando hace calor le cubrimos; cuando hace viento no se acatarra, somos nosotras las del resfriado. Además, ¿quién tiene que soportar el hacha de la poda? ¿A quién roban esos ladrones humanos, los frutos del otoño? ¡A nosotras, compañeras!”.

Algunas ramas ya empezaban a aplaudir, haciendo mucho ruido con sus hojas. Otras seguían dormidas, escuchando sólo el canto de los pájaros a quienes todo aquello les tenía sin cuidado. La rama no es que fuera revolucionaria; le importaba muy poco la lucha solidaria; ella solo se buscaba a sí misma; quería llamar la atención.

“¿Por qué todo el mundo se fija en el tronco? ¡Hasta los enamorados escriben sus nombres con letras bonitas, dentro de un corazón grande que pintan, y que sólo existe en sus sueños! ¡Pero esto se acabó! ¡Me divorciaré de éste árbol tonto!”.

Y, un día de fuerte huracán, la rama presumida aprovechó un aullido del viento para dar un estironcito y ¡zas!, se desgajó del árbol. ¡Ay, que feliz se sentía! Al fin era libre. “Libre, compañeras; soy libre, me voy con el rayo de sol” -gritaba fuerte.

Reía como una loca, pero el árbol lloraba. De la herida abierta al desgajarse la rama, caían unas lágrimas silenciosas y amargas.

Pero todo cambió. Ya en el suelo, la rama se dio cuenta de que le faltaba aire para sus pulmones. Quería respirar y no podía. Sus hojas empezaban a perder color, se arrugaban y caían muertas. Entonces fue cuando se dio cuenta de que, desgajada del tronco, ya no era árbol. No valía nada. Sólo era leña, para ser quemada. Entonces quiso llorar, y no pudo. Ninguna lágrima. Se había secado. No era ni siquiera rama. Llamó al rayo de sol; pero no la reconocía. Andaba de fiesta con otras ramas.

Así fue el final de la rama respondona y presumida, que no se dio cuenta de que todos somos necesarios en el gran árbol de las cuatro estaciones de nuestra vida.

Eduardo de la Hera

jueves, 16 de marzo de 2017

Palencia en Reconciliare. Las Edades del Hombre en Cuéllar

El 24 de abril se inaugurará, en la localidad segoviana de Cuéllar, la nueva edición de Las Edades del Hombre, que lleva por título Reconciliare.

El recorrido expositivo discurrirá por las Iglesias de San Andrés, San Martín y San Esteban, y podrá contemplarse como una consecuencia del Año Jubilar de la Misericordia representando plásticamente la necesidad que nuestro mundo tiene de reconciliación.

Palencia estará presente en esta Exposición con 6 obras.
El Buen Pastor (Porte-
zuela de Sagrario).
Tomás de Sierra.
S. XVIII. Iglesia de
Santa María.
Fuentes de Nava
Moisés. Manuel Baha-
monde (escultor)
y Baltasar Fernández
dorador). Finales
S. XVIII -Ppios S. XIX.
Iglesia parroquial de
Santa María. Dueñas
Crucifixión del Señor
Pedro Berruguete. 1495
Museo Diocesano
Plato petitorio con la
Tentación de Adán
y Eva. Finales S. XV - Ppios. S. XVI. Museo
Diocesano. Donación
de la Cofradía de Áni-
mas del Santo Pradillo
Moisés. Felipe Vigarny
y taller. 1505-1506.
Catedral de Palencia
Magdalena ungiendo
los pies de Cristo
Juan de Valmaseda.
Segundo cuarto del S.
XVI. Iglesia parroquial
de Santa María
Magdalena. Población
de Campos

Mes de la Parroquia en San Antonio

Ya han comenzado los actos del “Mes de la Parroquia” en la Parroquia de San Antonio de la capital palentina, que este año lleva por lema “El mundo es nuestra casa”.

Y precisamente este fue el título de encuentro de formación que animó David Rubio, el 11 de marzo.

Las próximas citas serán:

16 de marzo a las 20.00. “Espacio de Oración”.

24 de marzo a las 19.30. Charla en el CEAS José María Nieto con el título “Educar a los hijos en el uso y consumo de las cosas”.

26 de marzo a las 13.00. Juegos para todas las edades en la Plaza de la Parroquia.

Y por fin, el 2 de abril se celebrará el Día de la Comunidad, con la Eucaristía (12.00), Tapa Solidaria (13.00) y el X Festival de Teatro Solidario (17.30).

Los seminaristas menores de Toledo peregrinan hasta la Caetedral de Palencia

Durante el último fin de semana de febrero 34 jóvenes, de edades comprendidas entre los 14 y 18 años, pertenecientes al Seminario Menor “Santo Tomás de Villanueva” de Toledo, peregrinaron, acompañados de sus 5 formadores, sacerdotes, hasta la Catedral de Palencia y veneraron el sepulcro de San Manuel.

En su recorrido a pie desde Valladolid, pernoctaron en Corcos del Valle (Valladolid), y Ampudia, hasta llegar a Palencia el lunes 27 de febrero. Fueron acogidos por la Escuela de Monaguillos “San Juan Pablo II” de la Catedral y por las Auxiliares Parroquiales e hicieron noche en el Seminario Menor Diocesano.

Tras la Eucaristía y la veneración de las reliquias de San Manuel visitaron el Museo regentado por las Nazarenas, fundadas por él, y visitaron el centro histórico de Palencia.

¡Qué bien!

¿Ayunar hoy? Una tradición con hondas raíces en la Iglesia y que ahora, en cuaresma, se pone en práctica en muchas de nuestras parroquias y comunidades. A veces las tradiciones necesitan traducciones, y una buena traducción del ayuno puede ser vivir con sencillez, de una manera modesta y digna. Y con la plenitud que da ese modo de vivir.

En nuestras sociedades no todo son bendiciones para la cultura del consumo, del éxito individual o de las apariencias. La intuición y la experiencia nos están diciendo a mucha gente normal y corriente que no por tener para derrochar o para tener lo último estamos por dentro mejor, que la verdadera calidad pasa también por una vida vivida con otro tipo de ilusiones y satisfacciones. Aunque no es un fenómeno de masas, cada vez son más las personas que intentan poner en el día a día el gusto de los estilos de vida sencillos. No son personas extraordinarias. No necesariamente tienen grandes planteamientos, no siempre lo razonan, a veces simplemente lo viven. Les nace ser así o deciden ser así y sienten que les va bien.

Qué bien nos vienen esas personas que experimentan cómo las relaciones amistosas, cariñosas, generosas o solidarias, les llenan la vida más que las últimas ofertas de los escaparates. Esas personas que prefieren vaciar el corazón de tantas cosas innecesarias y llenarlo de la riqueza de la cercanía y de las relaciones humanas.

Qué bien nos vienen las personas que se van adentrando por los caminos de la paz interior, de la aceptación propia y de la de los que les rodean y viven con necesidad de menos cosas. O de esas otras que prefieren saborear el valor de lo que tienen antes que vivir movidos por la ansiedad de consumir. Es mucha la gente que se da cuenta de que estamos más necesitados de silencio y profundidad que de cosas.

Qué bien nos vienen esas personas que se valoran a sí mismas más por lo que son que por lo que tienen. Su seguridad no es vivir con mucho. Su confianza pasa por sus convicciones y creencias, por sus valores humanos, por su fe, por su fuerza interior y la de las personas que quieren. Porque no andan escasos de estas vivencias no corren a llenarse de apariencias.

Qué bien nos vienen las y los que tienen desarrollada la capacidad de admiración. Saborean los múltiples regalos que la vida, la naturaleza, los otros... les proporcionan. Su vida, sin grandes cosas, les sabe a plenitud. Disfrutan mucho más que aquellos que, estando rodeados de los más variados obsequios de la vida, no se enteran, parece que nada tienen, que Dios y la vida y los otros aún les deben casi todo.

Qué bien nos vienen esas personas que viven en el respeto y el cuidado de la naturaleza, sin sentirse los dueños de ella, que ven como la cosa más normal del mundo reciclar y hacerlo correctamente, que reducen consumos innecesarios y no desperdician la comida, la ropa o la luz. Que, conscientes de las inmensas desigualdades y de la mucha gente no tiene para comer, “viven sencillamente para que otros, sencillamente, puedan vivir”.

Algo de esto nos dice el papa Francisco en la encíclica Laudato si’ cuando nos propone un cambio de vida hacia mayor sencillez. Lo hace después de reflexionar sobre los grandes problemas ecológicos, sobre sus repercusiones actuales en los más pobres y futuras en todos, y sobre la responsabilidad que en ellos tenemos en nuestras sociedades derrochadoras. Suyas son estas palabras:

«La espiritualidad cristiana propone un modo alternativo de entender la calidad de vida, y alienta un estilo de vida profético y contemplativo, capaz de gozar profundamente sin obsesionarse por el consumo. Es importante incorporar una vieja enseñanza, presente en diversas tradiciones religiosas, y también en la Biblia. Se trata de la convicción de que “menos es más”».

Delegación de Pastoral Social